Ni tan sesudo análisis

Fragmento de una ilustración de ‘Cigarra’, de Shau Tan.

Por Igor Hernández*

Hoy tengo que entregar mi texto para las pasantías de la Escuela de Crítica, pero nunca había escrito nada para nadie. Quizás lo aceptan en La Juguera Magazine, aunque los más probable es que la editora lo lea y encuentre que efectivamente es una mierda y no lo publique. Es una posibilidad. Hace dos semanas nos reunimos con otros 11 compañeros de la Escuela y comprometimos escribir una plana semanal, además de reunirnos en pauta todos los lunes, en un café de Valparaíso. En 3 horas más debo estar en la pauta con los demás y aún ni he elegido el libro que me comprometí a reseñar. Me gustaría hablar de Shaun Tan, es uno de mis autores favoritos y leí que ha sacados dos nuevos libros. Me entusiasma la idea de tenerlos en mis manos, disfrutar sus imágenes, maravillarme con sus ideas y luego guardarlo en mi biblioteca. Ser su custodio temporal. 

Me paro de la silla donde pienso todo esto, me despido de mi papá que se está tomando un café en la misma mesa donde apoyaba el codo. Miro la botillería en donde trabajamos y emprendo el viaje en auto de regreso a casa para escribir algo y no llegar con las manos vacías a la cita. Son las tres y cuarto de la tarde. En el trayecto paso por la Qué Leo de Reñaca y entro para buscar el libro.

-Hola, ¿tiene algún libro de Shaun Tan?.

La mujer que atiende me saluda amable y digita el nombre que le di. Luego de analizar la pantalla me dice que no, que no tienen nada. ¡Rayos! Y ahora ¿qué hago? Habría sido muy bueno escribir sobre ese autor, pienso. A improvisar entonces. 

Busco en el estante de libros infantiles y juveniles algo que llame mi atención. Son dos secciones de un mueble que forra la pared con un sin fin de libros. Paso la vista entre ellos rápido buscando alguna portada que me evoque algo. Me detengo en una y la tomo en mis manos. 

Ilustración: Gabriel Pacheco. Del libro «El lago de los Cisnes».

Escojo El Lago de los Cisnes de Tchaikovsky, adaptado por Lee Ji Young. Ilustrado por Gabriel Pacheco. Este voy a reseñar, me digo. No tengo idea quien es Lee Ji Youn y el ilustrador tampoco, ni de nombre ni de gráfica. 

Al terminar este texto se lo muestro al Pipe, que es un amigo ilustrador, le gustó el escrito, pero me dijo que no podía no conocer a Pacheco. Me sentí mal, pero es muy difícil conocer a todos los ilustradores del mundo al dedillo. Lo busco en Instagram y la verdad es que me pregunto dónde había estado yo como para no conocer a Gabriel Pacheco: su estética nostálgica, su manejo de los blancos y azules y su manera de plasmar las imágenes son únicas. Tampoco sabía que Tchaikovsky se llamaba Piotr. Vamos excelente.

Me enfrento a la portada de un libro de tapa dura con una armonía de color verde con marrón sutilmente amarillento, excelentemente impreso y del tamaño justo, sin duda la portada es una bella imagen. 

En ella vemos la representación de una mujer y un cisne. La primera enseñando su espalda desnuda nos mira hacia atrás de lado, su rostro no se alcanza a vislumbrar completo por un adorno que le rodea el cuello, de estos implementos textiles que usaba la gente de alcurnia del barroco. Redondo y en el ángulo justo para ocultar la nariz y la boca, de color azur rima perfecto con la falda que se funde en su cuerpo sutilmente a punta de pinceladas blancas, livianos marrones y poquitos manchones del mismo color del adorno que lleva al cuello, dándole balance cromático a la composición y permitiéndonos centrar nuestra atención en la mirada que ella nos regala calmada. Abraza al cisne delicadamente dejándolo tener las alas tranquilamente abiertas, su cuello se estira blanco y delicado hasta su cara negra.

Apuntándome, se asoman las letras del título del libro en una tipografía color violeta oscuro, complementando armónicamente con la imagen. La tipografía en capital romana rememora la época romántica por su serif de raíz gótica, es coherente con la época en donde transcurre la historia de la obra. Piotr Ilich Tchaikovsky se lee chiquitito arriba del título.

Al terminar la descripción de la portada, veo que son las cinco y media. Debo emprender el camino a la reunión. Ya no alcanzo a hacer la cama para que cuando la Pame llegue del trabajo no tenga que hacerla ella. Tampoco alcanzo a darle una vuelta decente al Vericueto, mi perro, para que no ande ansioso. 

Lo que escribí es muy poco. Aun me queda analizar todo el interior del libro, el ritmo visual, los colores, la adaptación del texto, la decisión editorial de presentar a los personajes en la primera página y de contar que al final hay una explicación de las piezas musicales. Decir que, a vuelo de pájaro, las composiciones me parecieron repetitivas y el diseño de los personajes tenía carácter y un valor gráfico muy coherente entre sí, que la técnica del collage era rica en información, que a pesar de ser ilustraciones monocromáticas, el color aparecía en los momentos exactos para darle ritmo y énfasis a las ilustraciones. Y un montón de detalles más que no alcanzo a escribir ni desarrollar. No hay tiempo. Qué vergüenza, llegaré con las manos vacías ¿Dónde era la reunión? Buscaré en el mail para confirmar. Abro el computador, dígito mi mail y al abrir leo rápido: “Cancelada reunión de hoy”. ¡Excelente! Me salvó la campana. Leo el contenido donde la Alejandra, la editora, indica que por falta de quórum, decidió dar por postergado el encuentro reunión. En el mismo, propone juntarnos este miércoles, a lo que le respondo con un “vale, este miércoles no tengo ningún problema, te mando por acá mi avance”.

Ya es miércoles, nunca le mandé avances y son las seis de la tarde y de nuevo no escribí nada sobre el texto. Nos debemos juntar en una hora más y no llegaré. Tengo exactamente en ese mismo horario la clase con la Claudia, la profe donde estoy aprendiendo a escribir. 

No tengo nada escrito para la Claudia, así que lo mejor, creo será, usar el texto de la reseña a medias y mostrarlo en clases. Son las seis diez y tengo que partir para no llegar tarde, le mandé mi texto a la Alejandra y a la Claudia a ver si se cuela. Aún debo sacar a pasear al Vericueto y hoy tampoco logré hacer la cama. 

Cuando voy de camino a Valparaíso pienso si es que habrá una librería por allá que tenga los libros que deseo y se me anuda el estómago. Parece que en el mail enviado no había nada adjunto.

 


* Escuela de Crítica de Valparaíso

Comenta desde Facebook

Comentarios