Ni ángel ni demonio, simplemente el tío

Ignacio Santa Cruz Guzmán

Ignacio Santa Cruz Guzmán

 

Esa pareciera ser la premisa ética o juicio de valor que sobrevuela a “El tío”, ópera prima del dramaturgo y guionista Mateo Iribarren quien lleva al cine el cruce de tres historias: una ficción en blanco y negro sobre segmentos de la vida y el asesinato del senador Jaime Guzmán, otra que presenta las reacciones de un grupo de actores a los que se les pide formen parte de una obra de teatro sobre Guzmán y, finalmente, fragmentos de la puesta en escena de la pieza.

Por Amelia Carvallo

Ignacio Santa Cruz, actor y sobrino por parte de madre del controvertido político, sirve de pivote a este ejercicio de intertextualidad que lo tiene haciendo de sí mismo y dando vida a su tío en una especie de exorcismo de sus propias contradicciones. Un rol para el cual se rapó y asumió con lentes de contacto especiales los característicos “poto de botella” que usaba el padre del gremialismo. Un papel que lo tuvo durante cuatro años inmerso en el mundo de su tío y que hoy exhibe, entre la cercanía y la distancia, como un delirio de encarnación que lo obsesionó y lo tuvo ajustando su voz y entonación a las peroratas eruditas del profesor Guzmán en el Campus Oriente o dialogando parlamentos ficticios con Pinochet y Manuel Contreras.

Quien vaya al cine queriendo encontrar una biografía de Jaime Guzmán se llevará una rotunda decepción. “El tío” es más bien un retrato personal, desde un cariño legítimo y muy conmovedor pero también desde cierto ajuste de cuentas, sobre un hombre atormentado por una espiritualidad exacerbada, de seguro malentendida por lo que dejan entrever los segmentos en blanco y negro.

Temas como el deteriorado lazo con su padre, su admiración por la figura de Jorge Alessandri y su orientación sexual son abordados como aristas que podrían explicar los dilemas que enfrenta y no sortea. Su oración favorita de Santa Teresita: “Nada te turbe. Nada te espante, todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta” suena como un mantra vacío ante la violencia y la muerte que ha desatado. El amor a la patria y esa entelequia de Chile por sobre cualquiera de nosotros es más bien un claro desprecio por la vida.

También la película ventila otros asuntos menos íntimos y más políticos, temas que son puestos en el ruedo por los actores, todos con un marcado sesgo hacia lo que se llama “la izquierda”, todos muy buenos para el garabato y que ponen en la palestra reflexiones en voz alta, afirmaciones y tallas, la vertiente más recurrente del pensamiento chileno, sobre quién fue el fundador de la UDI y cuán amplio es hasta hoy su influjo. También se repasa a Guzmán en su rol de principal gestor de la Constitución de 1980 y responsable de habernos dado una “carta fundamental” que regula lo que somos y lo que no somos. En cuanto a su asesinato, el filme aventura siniestras hipótesis de un tejemaneje de maldad supra izquierda y derecha.

Además de actuar Santa Cruz asumió el rol de productor, y como tal se ha hecho responsable de esta mirada que, desde su estreno el jueves pasado en más de una veintena de cines en todo Chile, causa revuelo por lo que muestra y lo que desliza sobre un hombre amado y odiado con igual intensidad, ya convertido en un personaje de nuestra historia, “el amanuense de Pinochet” como le dice en una escena el padre de Guzmán a su distante hijo.

Consultado sobre sus expectativas ha dicho que espera generar preguntas más que respuestas, que la figura construida del líder sea puesta en debate. Incluso como parte de la difusión existe un sitio web en el cual cualquier vecino puede poner en menos de 300 caracteres lo que piensa del político muerto el 1 de abril de 1991.

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