Me levanto y grito

María Telo, Goya Telo y Pilar Alonso se encaraman en la escalera para colgar un cartel con el que reclaman más derechos para las mujeres (España, 1936).

Por Valeria Viancos

Las mujeres crecimos y vivimos rodeadas de estándares, estereotipos y roles, que -al parecer- la sociedad en su conjunto espera que cumplamos. Juzgamos a las mujeres que no quieren ser madres: “egoístas”. Juzgamos a las mujeres que han abortado o están a favor del aborto: “asesinas”. Juzgamos a las mujeres que viven su sexualidad plenamente: “putas”.

Juzgamos a quienes no se depilan, a quienes usan faldas cortas, a quienes se maquillan o a quienes no se maquillan. Juzgamos a las víctimas de violencia de género. “Yo no habría aguantado”, comentamos. Juzgamos a las lesbianas, a las viajeras, a las que conviven con su pareja, a las tatuadas, a las que dicen chuchadas.

Juzgamos a las mujeres que no saben cocinar, a las madres que prefirieron seguir trabajando y a las que quisieron dejar todo por sus hijos. Juzgamos a las mujeres que ascendieron en sus trabajos, porque probablemente se acostó con su jefe para lograrlo.

Juzgamos porque nos gusta, porque es entretenido, porque es más fácil. Juzgamos sin saber que también nos juzgan, día a día, por las decisiones que tomamos. Criticamos porque sí y porque no.

¿Por qué? ¿Por qué cuesta tanto desprendernos del machismo? ¿Por qué cuesta empatizar con una compañera que sufre acoso laboral? ¿Por qué cuestionamos tanto los testimonios de abuso? ¿Qué nos impulsa?

Ser feminista me ha ayudado a abrir mi mente, pero también mi corazón. Me duele escuchar comentarios atacando a mujeres solo por el hecho de ser mujeres. ¿No es mejor apoyarnos, respetarnos y abrazarnos? Si una de nosotras cae, entre todas la levantamos. Si una de nosotras es atacada, todas la defendemos.

Solidaridad, hermandad y fraternidad entre mujeres. No existe la competencia entre nosotras. Somos compañeras y juntas iremos construyendo el camino hacia una sociedad más justa y equitativa. No nos destruyamos, apoyémonos.

Basta del cuestionamiento. Basta de invalidar testimonios de violencia solo porque hay rostros conocidos involucrados. Basta de aplastarnos. Es momento de cambiar esta visión cargada de hostilidad y rivalidad.

Con esto no digo que no discutamos. Del debate y de la conversación surgen nuevas ideas. Somos personas distintas, con diferentes historias y con perspectivas diversas. Compartimos una lucha, pero esta lucha se puede enfrentar desde muchas aristas.

Hoy me levanto y grito, por ti, por mí y por las que vendrán. Hoy me levanto y grito por quienes sus voces fueron silenciadas. Hoy me levanto y grito, porque cuando nos unimos avanzamos más rápido. Hoy me levanto y grito, porque somos mujeres libres.

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