Las Cruces: Se estrena documental sobre matanza de Laja y San Rosendo en 1973

Conversamos con Teresa Arredondo, codirectora del documental Las Cruces, pieza fílmica que expone el crimen cometido por Carabineros contra 19 trabajadores en septiembre de 1973. La cinta se estrena comercialmente este 2 de enero y solo dos días después, el sábado 4 llega a Insomnia Teatro Condell en Valparaíso.


Por Sandra Rojas Barrera

Diecinueve trabajadores de Laja y San Rosendo fueron detenidos, asesinados por la espalda y enterrados en el mismo bosque en donde acabaron con sus vidas. Pasaron seis años y, luego de la angustiosa búsqueda de sus familiares, los cuerpos aparecieron enterrados en el cementerio de Yumbel. Una matanza a días del golpe de Estado de 1973, que dejó en evidencia la participación directa de Carabineros y la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC). Si bien un pacto de silencio mantuvo los hechos bajo censura, después de cuarenta años, uno de los policías involucrados rompió el acuerdo y se reabrió el caso. 

En torno a ese escenario, y tejido por los testimonios de los policías involucrados, el largometraje documental Las Cruces -dirigido por Teresa Arredondo y Carlos Vásquez Méndez- escarbó en el mutismo y destapó un proceso judicial que, a pesar de las confesiones, sigue en el aire. La empresa denominada Papelera CMPC, que participó logísticamente en la detención de sus trabajadores, aún opera en Laja y todos los oficiales involucrados en los asesinatos están libres. 

Filmada completamente en 16 mm y con pausados encuadres de paisajes mojados, árboles talados y el traqueteo de un tren, la cinta fue estrenada en el Festival International de Cinéma de Marseille en julio de 2018, donde obtuvo la Mención Especial del Jurado. Desde esa fecha ha realizado un exitoso circuito por festivales nacionales e internacionales, ganando múltiples premios. El 2 de enero de 2020 será estrenada comercialmente en nuestro país y solo dos días después llega a las salas de Insomnia Teatro Condell en Valparaíso – sábado 4 de enero a las 20:15 horas-.

Conversamos con la codirectora Teresa Arrendondo, master en Documental Creativo de la Universidad Autónoma de Barcelona, quien en 2012 estrenó el largometraje “SIBILA”. Para ella, Las Cruces es un relato actual que expone el presente a través de una investigación seria: “Aborda una historia que aún resuena en el paisaje circundante a Laja y San Rosendo, un paisaje despojado de toda inocencia. Los familiares padecen aún las consecuencias de todo lo sucedido hace más de 40 años, llevan esa cruz encima, un estigma. Queríamos registrar el eco de aquellos sucesos en el presente, para eso es necesario permitirle al espectador ver en profundidad, oír con atención, ya que es invitado a completar con su propia lectura los elementos que se despliegan en la sala”.

En el documental se muestra que la empresa papelera CMPC colaboró logísticamente en la detención de sus trabajadores, ¿cómo crees que se han abordado en nuestro país los vínculos de la clase empresarial con los crímenes de lesa humanidad?

Una de las razones que nos llevó a hacer el documental justamente fue darnos cuenta de que había una vinculación directa con los civiles. Civiles que todos sabemos que apoyaron y participaron en el golpe de Estado. Creemos que en Chile nunca se ha hablado lo suficiente sobre este tema. De hecho, judicialmente ha resultado muy difícil juzgar a gente vinculada con la papelera CMPC. Esa fue una de las razones que nos llevó a querer hacer esta película, es decir, poder poner en juicio y demostrar cómo la participación de civiles ayudó y mantuvo la dictadura, interviniendo en crímenes de lesa humanidad. También nos llamó mucho la atención que fueran policías y no militares quienes cometieron el asesinato, y tener acceso además al punto de vista del victimario a través de sus testimonios.

Se ve que la Papelera continúa muy involucrada en la vida de los lugareños, ¿eso ha conllevado a que sea un tema censurado en San Rosendo y Laja? ¿Hay miedo a hablar sobre lo que ocurrió?

La empresa sigue teniendo muchísimo poder en ese lugar. Por lo mismo, a nosotros nos costó bastante encontrar personas, habitantes de Laja y San Rosendo, dispuestos a participar en la lectura de las declaraciones que hacemos en la película. Y al hablar con ellos y ahondar un poco más en el porqué, nos dimos cuenta de que la papelera, si bien no es como en los años setenta, la única fuente de trabajo del lugar, sigue siendo una de las principales, por lo tanto, nadie quiere involucrarse en ningún proyecto que tenga que ver con la empresa. Nuestra sensación es que sí, sigue habiendo miedo, un miedo que ya quedó estancado.

Como equipo de rodaje, ¿qué relación tuvieron con la empresa? ¿Intentaron contactarlos? 

Nosotros no nos relacionamos con ellos, no hicimos ni el intento de contactarlos. Pero sí tuvimos encuentros, ya que muchas veces los vimos supervisando lo que estábamos haciendo. De repente, por ejemplo, nos estábamos estacionando para hacer un plano y justo algún auto se ponía frente a nosotros. En un momento filmamos hacia la Papelera, y se detuvo otro auto para preguntarnos qué estábamos haciendo. De hecho, mientras más tiempo pasamos en el lugar, empezaron a ocurrir más instancias como estas y nos sentimos bastante vigilados.

Este es un caso que todavía está abierto, en donde aún no hay personas que hayan cumplido condena por sus actos, ¿de qué forma los lugareños mantienen la memoria viva y manifiestan sus ganas de hacer justicia 46 años después?

Quienes mantienen la memoria viva y los que están luchando todavía porque esto llegue a algún puerto del juicio son solo los familiares. No vi a otras personas, que no estuvieran involucradas directamente con el caso, tener una aproximación más profunda e interesada en lo ocurrido. Los mismos familiares nos contaron que históricamente fue muy difícil. Ellos fueron bastante segregados, nadie quería vincularse con ellos, precisamente por el miedo a la CMPC y lo que significaba en estos pueblos ser familiares de las personas que habían desaparecido en estas instancias. Mi sensación es que no hay socialmente una participación mayor. 

Una expresión bastante aludida en este tipo de circunstancias, y a la que ustedes han hecho alusión en algunas entrevistas, es la denominada “banalidad del mal”, ¿en qué aspectos pudieron constatar esa premisa?

En este caso en específico tiene que ver con que fueron personas que se conocían, que en otras instancias habían compartido en situaciones completamente normales. Pero llevados a este extremo de violencia, actuaron y fueron capaces de agarrar una pistola y de asesinar por la espalda a sus vecinos, para después hacer un pacto de silencio. Es una situación que, de cierta forma, ejemplifica bastante bien cómo opera esta banalidad del mal. Una situación muy ejemplificadora, pensando en este pueblo pequeño, en donde todos compartían y finalmente acabaron en la barbarie de esa noche.

¿Qué los motivó a incluir lugareños, pero no familiares, en la lectura de testimonios?

Nos parecía totalmente innecesario hacer pasar a la familia por la lectura de estos testimonios. Si bien los conocen porque manejan a la perfección las carpetas judiciales, de todas formas, no correspondía. Las lecturas ya fueron difíciles al ser realizadas por personas que no estaban vinculadas, ya que son emotivamente muy fuertes. La grabación tiene que repetirse muchas veces, es bastante agotador, y nos parecía que no había ninguna razón que justificara hacerlos pasar por ello.

Da la impresión de que el documental no busca sensibilizar o dramatizar lo que pasó, sino solo presentar una realidad…

Exactamente. Esa es la lectura que se hace. Mostrar lo que sucedió, lo cual no es evitar lo emotivo, ya que lo emotivo aparece de todas maneras. El caso es tremendamente duro. Trabajamos solo con material de la carpeta judicial, que es material muy crudo, por eso el lenguaje a veces es un poco rígido, pero de todas formas hay una emoción que atraviesa toda la película. 

Personalmente, ¿qué significó para ti estar en el lugar de la matanza y compartir con la familia? 

Fue bastante difícil emotivamente hablando. Porque están vivos todos los familiares, entonces es fuerte ver la impotencia frente a un caso que no se ha cerrado, a pesar de la tremenda cantidad de material recopilado a través de los años para el juicio. Es duro y estar en el bosque es aún más duro. Sobre todo, sabiendo que durante mucho tiempo los familiares iban a otro lugar, porque los Carabineros primero dijeron que la matanza había ocurrido en otro sitio. Entonces hay una serie de particularidades de la historia que son bastante crueles, que al estar ahí es imposible no revivirlas, no sentirlas, en especial cuando uno empieza a desarrollar una amistad con los familiares, es muy difícil mantenerse al margen. Hubo muchos momentos de emoción por parte de ellos, por parte de nosotros, de alguna manera fue un rodaje muy íntimo por eso mismo. Yo creo que todos necesitábamos ese tono un poco de recogimiento.

¿Cómo fue la experiencia de grabar todo el documental en 16mm?

Fue una decisión estética y también ideológica importante. Personalmente, me parece que fue muy positiva en términos de lo que implica un rodaje en 16 mm, ya que conlleva una serie de decisiones y precisiones a priori que hacen que sea algo muy diferente a lo que es filmar en digital en términos de tiempo. Nosotros grabamos tres horas en total, y la película dura 80 minutos. Tenía que ser todo muy preciso y eso te obliga a pensar, analizar y tomar una serie de decisiones con anterioridad. 

Posicionándonos en la historia de Chile, pero también en el momento actual que estamos viviendo durante el estallido social, ¿cuál es la importancia que reviste el documental en este tipo de situaciones?

Yo creo que en general, cualquier manifestación artística es fundamental para poder, en un primer momento, dar cuenta de lo que está pasando socialmente hablando. Y en un segundo momento, también para hacerse cargo de una memoria histórica, redigitar lugares y tiempos. En ese sentido, es para nosotros fundamental utilizar el cine para transmitir eso, para seguir hablando de lo importante que es la memoria, para poder tener una memoria histórica, en especial en casos como este que todavía están abiertos. 

INFORMACIÓN DE CARTELERA

QUÉ: Documental “Las Cruces” de Teresa Arredondo y Carlos Vásquez Méndez

CUÁNDO: se estrena comercialmente el jueves 2 de enero

DÓNDE: 

Valparaíso: Sala Insomnia Teatro Condell

Santiago: Cineteca Nacional y Sala K

Constitución: Cinecón

Chillán: The Oz

Valdivia: Cine Club UACH

Puerto Varas: Sala -1Cine

DISTRIBUYE: Red de salas de Cine de Chile



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