La revolución será clitórica o no será

Por: Andrea Franulic Depix

“Vas a la calle a protestar contra el patriarcado, etc., y en la noche llegas a dormir con el hombre de siempre bajo las mismas condiciones de siempre”, dice, más o menos esto, Milagros Rivera Garretas en una maravillosa charla que realizó hace muy poco sobre la Revolución Clitórica, propuesta por Carla Lonzi. ¿Qué hay detrás de esta frase, cuál es su trasfondo?.

Es la inautenticidad de la mujer vaginal. Por qué. Porque “las condiciones de siempre” se refieren a practicar el coito, es decir que, para ese hombre, la única sexualidad posible es la sexualidad vaginal y ella lo acepta, aunque allí se pierda y olvide su propio placer. Lo inauténtico de la mujer vaginal radica en aceptar que la vagina es la sede del placer de él, olvidando, ella, su propio placer que reside en el clítoris: “¿por el placer de quién he abortado?”.

Lonzi es quien dice que la primera colonización física y psíquica que las mujeres sufrimos en el patriarcado es la colonización del placer, esto es, hacernos creer que la vagina es sede de nuestro placer y mutilar, física y/o simbólicamente, el clítoris, que es realmente el órgano que tenemos solo destinado al placer sexual y al orgasmo femenino (ablación, psicoanálisis freudiano, teoría cuir, etc.). Del clítoris como gran vacío cultural, la pensadora propone una «sexualidad de las caricias» que desplaza la sexualidad penetrativa patriarcal. La sexualidad de las caricias involucra el cuerpo completo, el alma, el aura, dice Rivera Garretas. La vagina, en cambio, es procreación. No obstante, el hombre coloca la vagina como receptáculo de su placer e inventa un orgasmo vaginal que no existe, salvo como colonización psíquica, mediante el “sueño de amor” o “amor romántico” que es, por lo demás, un invento de la modernidad: “lleguemos juntos al orgasmo”.

Esta colonización es previa a las colonizaciones de los continentes, de los pueblos originarios; es anterior al contrato social moderno de Rousseau y a la división sexual del trabajo de Engels, asumida por De Beauvoir para explicar el origen del patriarcado. Todas estas colonizaciones la continúan, les subyace. Coincide esta colonización de la que habla Lonzi con lo que Pateman describe en el Contrato Sexual: disponer del cuerpo femenino y sus frutos, como un pacto tácito y no pacífico entre hombres que se distribuyen a las mujeres, incluidas sus hijas, en los albores de las sociedades patriarcales. Si volvemos al presente, podemos decir que ya sabemos todo esto: el feminismo ha hecho un trabajo lato y profundo para desenmascarar las estructuras de poder patriarcales en todos los ámbitos de la vida, sobre todo en aquellos ámbitos que se consideraban fuera de la política y que, sin embargo, son el fundamento de toda política, porque la política es, sobre todo, política sexual.

Entonces, después de tanta tinta y de tanta sangre que han corrido en nuestra historia como mujeres, ¿nos hemos sacudido del todo los cánones de la vaginalidad? ¿Yo me los he sacudido? Pues la radicalidad también es esta, es ir a la raíz, es profundizar en el interior de una misma, es desmontar los pilares del patriarcado no solo afuera, sino también adentro mío. No basta saber la teoría, es necesario sentirla. Varias cosas de la teoría feminista, yo no las había sentido, solo hace algunos pocos años atrás, pese a los 20 que llevo en esto del feminismo. Si no toca el sentir, no hay transformación en una, esto también lo dice Milagros Rivera. Y es de lo más difícil que hay, pero también es de lo más apasionante.

La figura de la mujer vaginal no tiene independencia simbólica de los hombres, puede que tenga total independencia material, pero no tiene independencia ni de sus códigos ni de sus valores dominantes. La figura de la mujer clitórica es auténtica o busca la autenticidad (esta sí ha sido mi búsqueda desde que llegué al feminismo aunque no le pusiera esta palabra), búsqueda que involucra, dice la autora española, nuestros traumas y talentos, juntos. Busca, la clitórica, ser ella misma y, para esto, necesita total independencia simbólica de los machos. Siguiendo esta reflexión, se puede decir que un feminismo que se sostiene en la dialéctica de lucha con los hombres, o sea, que solo está en el “en contra de”, es un feminismo vaginal o ideológico, pues no puede existir en sí mismo, necesita al enemigo. Y así podemos engrosar la lista de feminismos vaginales, todos aquellos que niegan el clítoris y asumen el ano como centro de placer o que, a través de la defensa del aborto libre, funcionalizan el coito. No es que no quiera que haya aborto libre en el contexto vigente, ¿pero basar solo la política feminista en eso?

Sigamos. En Rivolta Femminile o Revuelta Femenina, la colectiva feminista fundada por Lonzi y otras, había mujeres vaginales y clitóricas. Esto dice Carla en sus diarios, interpretados por Milagros. Lonzi, mujer clitórica que paga con su vida la búsqueda de autenticidad, pues enferma políticamente y muere muy joven, se sentía no totalmente cómoda con la presencia de mujeres vaginales en el grupo. Finalmente, las mujeres vaginales de Rivolta son las que se van a hacer la revolución con los machos progresistas del 68, una revolución sexual que fue, en realidad, una revolución vaginal, nos dice Rivera Garretas, siendo los anovulatorios perniciosos para el cuerpo de las mujeres y antiecológicos para el planeta.

En este sentido, la vaginal no es la otra, no son solo las pacas, la vaginal puedo ser yo misma, puede ser mi compañera, etc. Las lesbianas podemos ser muy vaginales también. Por qué. ¿Por qué, si no hay coito, si no hay falo? ¿Por qué en Rivolta si es un grupo separado de mujeres y no mixto? Pues no es necesario que haya hombres físicamente, basta traer la presencia “fantasmagórica” del hombre a nuestras relaciones amorosas, sexuales, amistosas y a nuestra política de las mujeres, feminista y lesbiana. Así lo afirman Rivera/Lonzi. La presencia fantasmagórica que puede estar en el dildo con forma de falo o puede estar en el speculum con el que me observo la vagina (y no la vulva), puede estar en las fantasías amorosas o sexuales, en el trato, en el hablar, etc. Es una presencia fantasmagórica y, por lo mismo, incluso hasta más poderosa.

La toma de conciencia es profunda. La descolonización es profunda, la desculturización de la (in)cultura patriarcal es profunda, o sea, es radical. Cada una puede tener de vaginal y de clitórica, y una expresión puede ser más dominante que la otra, lo importante es estar atentas a los cánones de vaginalidad, reconocerlos y descolonizarnos de ellos, pues confabulan a favor de los patriarcas y sus feminicidios, no de manera determinante o lineal, pero confabulan. También pueden existir mujeres plenamente vaginales y plenamente clitóricas, como señala Rivera. Por ejemplo, una mujer plenamente clitórica es la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, que no tenía vocación de monja, pero tampoco quería que la casaran con un hombre necio. Y esta toma de conciencia para llevarla a nuestra política, es más importante y urgente aún en un contexto de “fin de patriarcado”, de revuelta popular en Chile, en el sentido de descreimiento de las instituciones masculinas, al mismo tiempo que la industria sexual es la manifestación más evidente de los patriarcas violadores, en la actualidad.

Nuestra política tiene que ser clitórica. No basta que sea solo feminista. El feminismo queda corto, pues a veces está demasiado atrapado en las dicotomías del pensamiento. Respecto de las dicotomías, es importante aclarar que la del cuerpo y la palabra es la primigenia que hace el patriarcado, con el contrato sexual, para usurpar la obra materna, que es dar la vida y la palabra, juntas, unidas, aunque no sean lo mismo, dice Luisa Muraro. Pero van unidas en la especie humana, que es especie simbólica.

Entonces, cuando el feminismo insiste en dicotomizar lo material de lo simbólico, la teoría de la práctica, el discurso de la acción, la naturaleza de la cultura, o superpone la clase o la revisitada interseccionalidad, está volviendo a reponer el contrato sexual de los machos que, al apropiarse del cuerpo femenino y sus frutos, se quedaron con la palabra, el logos, y relegaron el cuerpo, la naturaleza, a las mujeres, a la madre, a quien se desprecia (o venera, como la otra cara del desprecio) por sobre todas las cosas en la mentalidad falo-céntrica. Lo simbólico y material van juntos aunque no sean lo mismo. La matanza y violaciones de mujeres corren a la par con la aniquilación simbólica de nuestros cuerpos (fragmentación del cuerpo femenino: es un término de Mercedes Bengoechea), que realizan los medios de comunicación, la publicidad, la industria sexual y su pornografía. También corren a la par con la ausencia de representaciones simbólicas y sociales del valor de las mujeres.

Recuerdo a Margarita Pisano diciendo que ya no quería decirse feminista. Es que claro, no basta. La idea es que nuestra política conlleve sentido libre de ser mujer/mujer lesbiana y feminismo. La idea es que sea las dos cosas. Es sentido libre en tanto es libre de los estereotipos de género, libre de contrato sexual, de heterosexualidad y maternidad obligatorias (Adrienne Rich), de coito, de instituciones, ideologías, valores y códigos masculinos. De no ser así, se anquilosa en una ideología feminista que lo único que conlleva es que nos escindamos de nosotras mismas, que es el punto de inicio y de llegada de la política de las mujeres, como quedó demostrado a partir del último tercio del siglo XX en los grupos de toma de conciencia. Y esta política, aclaro a fuerza de malas interpretaciones, no es individual ni individualista, es, por sobre todo, «relacional». Por todo esto, comparto la idea de que la revolución será clitórica o no será.

A propósito del título: Las invito a oír y a mirar la fuente de inspiración y conocimiento de este texto: El placer femenino es más importante que la república. En http://www.mariamilagrosrivera.com/author/mariam15/

Referencias bibliográficas:

– Lonzi, Carla. (1978). Mujer clitórica y mujer vaginal. En Carla Lonzi, Escupamos sobre Hegel (pp. 69-120). Buenos Aires, Argentina: Editorial La Pléyade.

– Rivera, Milagros. (2018). Carla Lonzi y otras. Los manifiestos de Rivolta Femminile. La revolución clitórica. En http://www.ub.edu/duoda/bvid/text.php…

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