La primavera de Marga Marga

Foto: Rodrigo Ruiz.

Foto: Rodrigo Ruiz.

 

Por Breno Donoso

Domingo 27 de octubre. Calor de verano adelantado, prende rojez en los ojos. Marchamos desde el paradero 7 de Villa Alemana hasta la avenida V Centenario, ex loza de la Base Aeronaval en dictadura pinochetista. Nos tomamos las calles y marchamos con la suela gastada que nos acompaña desde el invierno seco. Algunos conductores apañan con bocinazos, otros amenazan con atropellarnos. Más adelante, madres e hijas cacerolean entregadas a la performance cotidiana.  

Víctor Mora me invitó a leer unos poemas al Festival Marga Marga que organizan vecinos y vecinas de Belloto y hacia allá vamos los marchantes que llegamos desde Villa Alemana y Quilpué. 

La parte trasera de un camión sirve de escenario que, junto a la iluminación, llegan por colaboración de los vecinos y vecinas. Solistas, bandas y distintas organizaciones sociales toman la palabra: “No + AFP”, “No es sequía es saqueo”, “Asamblea Constituyente”, son algunas de las consignas. 

La solista Veró sube a la tarima mientras la bulla de la barra wanderina y evertoniana cesa. La multitud es respetuosa, es posible escucharla. En seguida, una nonagenaria dirigenta social es ayudada por un montón de brazos extendidos que la suben al podio a lo rockstar. En sus palabras, la convicción y voluntad de toda una vida viviendo la hiriente desigualdad arenga y respalda el fuego de los jóvenes, concluyendo su intervención con versos de Violeta Parra“Me gustan los estudiantes porque son la levadura / del pan que saldrá del horno con toda su sabrosura / para la boca del pobre que come con amargura”.

Mientras se instalan los Sonora de Llegar, le pido un tabaco a Víctor y le digo que nunca he leído enfrente de tantas personas. Siempre en los recitales poéticos los participantes son pocos, siempre los mismos. En cambio, en este contexto nos volvemos conscientes de la necesidad de abrirnos y escucharnos, desde la comunidad, música y poesía. Asoma la urgencia de autoeducarnos y educar, pues la alfabetización ha sido escasa y encriptada a propósito para someternos, y el arte y la educación espontánea, están ahí para al servicio de quitarnos esa venda y mordaza

Ya son las 7 de la tarde, se acerca el animador del Festival, le dice a Víctor y a mí que termina de tocar Sonora de Llegar y nos toca leer. Subimos, ya está oscuro. Víctor parte leyendo sus poemas hechos de furia y arte, la multitud se agita. Trato de enfocar los cientos de rostros que escuchan, saludan, conversan. Víctor finaliza, me pasa el micrófono, leo unos poemas de la Bandera de Chile de Elvira Hernández y un texto que había escrito en mi celular en la espera, ensayo una voz calma y leo:

“Vivo este territorio. Veo a diario como las inmobiliarias, saqueo del agua, falta de trabajos y oportunidades, sumado a la falta de alfabetización -en que nos tienen los poderosos para mantenernos dóciles y dormidos adrede-, enferman y asesinan a la población, física y mentalmente, sobre todo a los adolescentes y a la tercera edad. Por esto el llamado, en este momento crucial, a educarnos; estudiemos entre nosotros, el que más conoce sobre leyes se encargue de explicarlas a los otros. Que el que pueda hacer talleres de reflexión y pensamiento crítico a los demás se atreva, llegue y sea recibido en las poblaciones. El pueblo que lee, que es creativo, tiene muchas y mejores condiciones de afrontar las transformaciones que urgen tanto. No seamos reacios al conocimiento, hasta el más pedestre nos enriquece. Eduquémonos y querámonos, no le hagamos la cama a la élite mínima y siniestra que modela y ha gobernado este país en la ignominia, en el letargo de la ignorancia.

Más clubes de lectura, más arte y cultura. No al recorte en Cultura que pretende el Gobierno. Respetemos a nuestros profesores, a nuestros artistas, escritores, músicos…”

Me bajo con el corazón lleno, contento porque algo se escuchó, algo siempre queda, una pelusa en el aire. Abrazo fuerte a la Feña que me espera con una latita de chela. Nos unimos a la multitud y seguimos disfrutando de las otras bandas e intervenciones que abren la noche cerrada que ya no se cerrará. 

*

Han pasado tres semanas desde el estallido social aquí en la región de Valparaíso y recién puedo sentarme a escribir. Lo hago porque siento la necesidad de dejar un registro en el archivo colectivo y porque en estos días me he dado cuenta que si compartimos los miedos y anhelos podemos afrontar, con mayor contención emocional y convicción, la ruta larga de transformaciones sociales y culturales que se viene, que ya llega. 

Agradezco los ojos del quilpueíno Rodrigo Ruiz por las fotos de ese domingo 27 de octubre que acompañan este texto. 

 

 

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