La ópera de los tres centavos

640px-(1928)_Brecht_DreigroschenoperPor Manuel Jerez Klopfer*

Conversé con una persona que no ha visto la obra, no la ha escuchado nombrar, no le interesa el teatro, no sabe nada de teatro y las poquísimas veces que ha visto teatro, le ha parecido ridículo. Entonces no le hablé de teatro, ni de «La ópera de los tres centavos». Le pregunté si sabe algo de pobreza, de corrupción, de prostitución, de discriminación. Le dije ¿encuentra usted cosas o aspectos comunes entre una persona pobre, una prostituta y una persona víctima de corrupción? Y me demostró que sí tiene una idea, un concepto y una opinión acerca de los pobres, las prostitutas y la corrupción. Me dijo que estas tres categorías de personas están a merced de sus correspondientes abusadores y han aprendido a dejarse abusar. Me dijo, por ejemplo, que una prostituta tiene un cafiche que la protege en su trabajo, pero que también le pega y la explota, quedándose con buena parte de su dinero. Me dijo también, que de forma parecida, una persona pobre, es pobre porque le pagan muy poco por su trabajo y se aprovechan de él porque realmente es bastante ignorante, carece de las instrucciones más elementales. Y que una persona víctima de la corrupción también tiene su correspondiente abusador, quizás un inspector fiscal, o municipal o sencillamente un mafioso o delincuente que le cobra un tributo semanal por una especie de protección. Entonces, le digo al señor que en realidad conoce muchos elementos teatrales y entre ellos, los principales, a saber: los personajes y la trama o argumento.

Le pedí que me diera más detalles, que me contara lo que sabe. Claro, me dijo, muy fácil. Aquí mismo en Valparaíso yo conozco a la Luisa, la “guata loca”, a la Herminia, “la fugada” y varias otras más, todas prostitutas de medio tiempo. ¿Cómo es eso de medio tiempo?, le pregunto. Me mira sorprendido por mi grado de ignorancia y me dice que ellas trabajan en la noche, y después de pagarle al cafiche, llevan algo de dinero a la casa donde cada una tiene su hombre que vive a costillas de ellas, y que también le pega.  También, me dijo conozco al Lucho, “el pejesapo” le dicen por la forma en que mira, con los ojos bien grandes, que entre otras cosas es copero de segunda en el Hotel XXX. Lo interrumpo preguntando ¿qué es eso de segunda? Y él me dice que en las épocas o fechas en que hay muchos pasajeros en el hotel, lo llaman porque el personal habitual no da abasto. Y le pagan $5.- por cada copa lavada. Así que para ganarse mil pesos, tiene que lavar 200 copas, secarlas y dejarlas impecables. Para hacer el cuento corto, cuando me dijo que conocía alguna víctima de la corrupción, estaba pensando en el almacenero de la esquina, don Tomás, que le dicen “en barbecho”, porque siempre está esperando que le vaya mejor, pero nunca le va mejor. Y cómo le va a ir mejor si todas las semanas o cada 15 días pasa un inspector y lo tiene que “mojar”, quiere decir que tiene que pasarle un poco de plata, para que no le pase un parte y lo cite a Jurídica. Muy tímidamente con este ya largo discurso, le pregunto ¿Y esas personas no se rebelan? Noooooooo, me dice él, ¿Cómo lo van a hacer?  Aprendieron a someterse y no hay nadie que los ayude. Y mejor que nadie los ayude, porque si alguien hace eso, lo más probable es que la embarre y queden peor que antes.

Señor, le digo después de esta conversación, usted me ha contado de principio a fin, la obra de teatro que se llama “La ópera de los tres centavos”. Se queda pensando y me dice “…. no tenía idea, y la verdad sigue sin importarme el teatro, …. pero cuando le conté esto a usted, me hizo fijarme en lo triste que es la vida de estas personas y ahora yo estoy triste. No tienen para dónde arrancar, para donde ir, y un día se van a morir y nadie los va a acompañar en sus últimos momentos. ¡Oiga!   ¡Usted con sus preguntas me dejó p’adentro!   ¡Hablemos de otra cosa!”

Bertolt Brecht en el libreto y Kurt Weill en la música. Estrenada en Alemania el 31 de agosto de 1928, período en que se incuba la peste nazi. La actuación y el vestuario necesariamente exagerados, se refuerzan con un contraste máximo de luz y sombra para centrar la atención en actores y actrices y con las sombras da una idea de la indefensión de las víctimas. No hay un final feliz y al igual que en la vida real, pierden los buenos y ganan los malos, con la ayuda del gobierno.

 

manuel*Manuel Jerez Klopfer

«Tengo una inmensa simpatía por la juventud, por los jóvenes estudiantes universitarios que se asoman a la vida y me veo en ellos, con la misma incertidumbre con que me asomé yo. Pero en mi época fue más fácil. Ahora es sencillamente terrible. Aunque como es una realidad totalmente nueva, quizás hay nuevas oportunidades (PIB per cápita en dólares; año 1970 = $1.002 / año 2012 = $15.345 ). Tengo 69 años, bastante experiencia, trabajé como médico veterinario en INDAP, Quillota, por 40 años. Pero desde el año 1978 me reconvertí a informático apostando al futuro porque todavía no había siquiera computadores personales. Y defendí mi nicho hasta la jubilación en el 2010. Desde el año 1991 fui dirigente gremial, pues ya me sentí con suficiente experiencia para aportar a mis amigos funcionarios. Sí, tengo buenas experiencias y buenos resultados con eso. Pero es otra historia, como decía Mark Twain. El año 2007, previendo la jubilación, y con un postulado de irme para la casa pero con la idea de hacer algo provechoso, (NO a hacer nada), empecé a estudiar psicología en un sistema e-blending, mitad presencial, mitad Internet. Me titulé el 2012. Y aquí estoy, con más experiencia todavía».

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