La deriva en Valpo, Vol. II

recitaldiciembre
Suceden cosas en Valparaíso: el pasado diciembre se presentó en La Cantera la banda punk ochentera “Índice de Desempleo” junto a otros grupos en una noche memorable que Kuanip acá reseña.

Revival ochentero en Valparaíso.

Cavilación 1. 

Apenas termino la pega me llama “Pelao”. Un amigazo. Es dueño de un bar en Viña (mi segunda casa) que tiene la costumbre de pagar a los músicos que invita a tocar. Sus llamados pueden significar tres grandes cosas: asado, unas cervezas o música. opción. Me contó una historia acerca de una banda del punk santiaguino ochentero. Nombró a “Pinochet Boys”, “Dadá” e “Indice de Desempleo”. Todas bandas que componían un circuito en el centro de Santiago durante la época de dictadura militar en Chile, período difícil para construir cualquier manifestación de libertad, condición fundamental en las artes. Continuó diciéndome que los verdaderos punks eran muy pocos, que no era cosa de chaquetas de cuero sino una actitud. Finalmente la tira y me cuenta que “Hueso Records” acaba de editar un vinilo de “Índice de Desempleo” y que la banda se reúne después de como 25 años para hacer un par de tocatas en Santiago y que quieren tocar en Valpo, pero no conocen a nadie que produzca y que si podía yo hacerlo. Producir tocatas me gusta. Hago eso desde que toco en una banda hace ya 11 años y he salido siempre hacia adelante, porque no lucro con esto. Me encanta diseñar los afiches, publicitar, acarrear equipos y las miles de cosas que implica esa pega, así que por qué no producir la tocata para estos tíos. Aun sin conocerlos.

Cavilación 2.

Lo primero que hice fue averiguar de la banda para comprender el universo donde me tiraría el piquero. En YouTube había dos videos salvados de un betamax. En Google, una biografía que se repite en otros sitios y algunas imágenes. Primera lección: averiguar de las fuentes vivas. Pronto tendría comunicación directa con “Hueso Records” y con “Indice de Desempleo”, gracias a ellos y a algunos documentales podría armar una esfera de conocimiento general. Sin embargo, quien completó la información fue Pelao, quien desde que lo conozco ha contado historias de su adolescencia. En ellas pude extraer un realismo capaz de completar un escenario tal que pude “sentirme” en el año 86 con 20 años. Primera fase. Cubierta. Ahora puedo armar la tocata.

1.- Locación:

La Cantera Bar. La Cantera debe ser el último reducto de aquellos subterráneos rocanroleros porteños con dimensiones para no más de 300 personas (el paradigma: Bar La Aduana). Cantidad justa para lograr lo que no se logra en festivales masivos: intimidad, confianza. En buen chileno, la “buena onda” que permite ese diálogo directo entre banda y público formando un todo musical sin títulos ni diferencias como audiencia o artista. Una especiede ensayo público, sólo una especie. Perfecto para un revival ochentero. El encargado es amigo y se logró un trato justo y amable en términos económicos y etílicos. Segunda fase: cubierta.

2.-Bandas:

“Indice de desempleo”, “Olor a la banda”, “Pan duro”, “Umbría en Kalafate”. Veamos quienes son. “Índice…” ya lo sabemos. “Olor a la banda”: Banda de rock entretenida de ir a ver. Cuenta con un vocalista mezcla de humorista, cantor popular, poeta callejero y juglar. Toca como en diez proyectos y es muy interesante de escuchar cuando el sistema de sonido es bueno. Generalmente no lo es. El tipo grita improvisando sus opiniones de la actualidad con una “lucidez borracha” envidiable. “Pan duro”: Power trío rockero mezcla de “Melvins” con “Metallica” y “Guns n Roses”. Ellos son de San Fernando. Allá son de culto y llevan cerca de 20 años tocando sin editar un solo disco. Son dueños de una tremenda cantidad de temas que cualquier banda querría. Pronto sabré que desde hace un mes son sexteto ya que se unió un guitarra y dos vocalistas. Prometedor. “Umbría en kalafate”: Banda de rock instrumental con 11 de años de trayectoria y 4 discos. Tienen sus fanáticos en Valparaíso y su performance contiene las visuales de “Entelequia Proyección”, un dúo de choros porteños que además despliegan su trabajo en teatro y junto otras bandas. Pronto sabré que “Umbría…” ya no son quinteto porque su bajista y un guitarra decidieron abandonar el proyecto. Ahora son trío. Todo parecía armado hasta que recibo una información desde “Olor a la banda”. No pueden tocar por compromisos. Michel (el vocalista humorista) quiere tocar con uno de sus 10 proyectos llamado “Solo contra todos”, consistente en un celular, una maquina de efectos y sus gritos lúcidos borrachos. Me atrae la idea. Tercera fase: cubierta.

3.-Requerimientos:

“Índice de desempleo”: Javas de cerveza y ollones de comida. “Pan duro”: cero, vienen felices. “Solo contra todos”: cero, felices de tocar. “Umbría en kalafate”: ojalá los equipos vuelvan sanos.

4.- Equipos:

Backline mixto. La única banda de Valparaíso es “Umbría en Kalafate”. Les pregunto si se puede tocar con sus equipos. Me dicen que para sonar bien no queda otra. traerá desde Stgo. un ampli de guitarra. Me consigo el ampli de bajo con Rodrigo Quiroz, un bajista múltiple que toca en y con todos en Valparaíso. Al final del cuento, sería el arriendo más caro de la historia. Quiroz gentilmente me prestaría su ampli, pero los taxis del transporte se encargarían de vaciar mi bolsillo. El batero de “Pan duro” toca con todas las ollas y sartenes colgando usa un formato mínimal de bombo, caja y platos. Le digo que tiene que adecuarse nomás porque no puedo queda conforme y “Solo contra todos” usa un celular por donde sale su música. Cuarta fase: cubierta.

5.-Publicidad.

Gestiono radios y difusión web. Radio Ritoque con su programa de las Escuelas de Rock acogen el evento, al igual que radio Valentín Letelier con su programa “La Juguera”, y Gonzalo Dittus con su programa “Café negro” inventa un espacio. Queda un mes aproximadamente para difusión. Estoy tranquilo. Sólo falta el afiche y me siento en blanco. No sé qué hacer cuando se comunica obliga  aceptar su diseño de afiche, ya que saben de que se trata y que no hay opción. Acepto. Pelao como buen periodista me sugiere que adjunte un comunicado de prensa “, asumiendo que los viejos punks ochenteros están al corriente, casi de que irían con sus hijos y que los músicos que saben y curiosos completarían la convocatoria. Para mí eso es un enigma. No sé cómo diablos hago esto. Llamo a mi amigo periodista Nicolás Gutiérrez y acepta el desafío. Presento el comunicado a Pelao y queda conforme. Eso me tranquiliza. Quinta fase: cubierta.

6.- Otros.

Este ítem es el más delicado, puesto que consiste en que todo lo cubierto se mantenga así hasta el día del evento, cuidando que cualquier eventualidad sea reparada de inmediato. La escena (si se puede llamar así) de Valparaíso funciona igual que la ciudad: a pulso, por lo tanto esas “eventualidades” contienen un porcentaje de riesgo elevado. El resto de los gastos (que no son pocos) cuenta por parte de mi escuálido bolsillo y temo por él. Pero como dije antes, siempre he salido hacia adelante porque no busco ganar dinero sino que “la experiencia” resulte. Así que si pierdo plata con una tocata buena no me interesa. Sexta fase: incógnita.

Cavilación 3.

Después de un mes llega el día del evento. Pido el viernes en la pega y saco ” para mover los equipos. Ellos llegan y me ayudan (bacán). También llega Claudio Mesa, director, fundador y dueño de “Mauco Records” en su camioneta que prestó para hacer los viajes. Claudio será el sonidista de todas las bandas de la noche debido a que nuestro sonidista estrella Rodrigo Paniagua tuvo que optar entre un evento al gratín en Valpo o uno en Santiago remunerado. La pega es la pega. Con un par de viajes “Umbría en kalafate” estaba probando sonido a mediodía en La Cantera. Algo inusual en Valpo. Luego de la prueba vamos a comer unos pescados. Todo pescado frito de mercado que se precie de tal, debe ser comido en “El Rincón de Pancho”, segundo piso del Mercado Cardonal. El plato es enorme y llega en menos de 10 min. Parece imposible pero siempre hay pan con pebre fresco.

Regresamos a La Cantera para afinar detalles y llega “Índice de desempleo”. Los conozco en persona. Unos tíos menores de cincuenta años app. todos muy buena onda y pienso como habrían sido veinticinco años antes en dictadura cantando letras contestatarias. Reconozco al batero. Es el batero de Pánico. Lo saludo y cuento anécdotas de las veces que los fui a ver en mi juventud como pendejo fanático. No me pesca mucho, está pendiente de su prueba de sonido y de los tarros de cerveza en la bolsa de Líder en el piso. Me invita uno pero nunca me llega. También me saluda el guitarrista. Lo reconozco cuando recuerda que vimos a “Sonic Youth” juntos en el Arena hace años atrás. Escucho la prueba junto a Claudio en la mesa de sonido. Los temas suenan a rocanrol clásico. Trato de entender la situación. Los tíos tocan su música ochentera con perfección. Ya sé que se trata de la prueba de sonido, pero me pregunto dónde está el punk. Tal vez veinticinco años atrás estos temas eran interpretados con furia, o quizás la puesta en escena era provocativa. Tal vez nunca fue punk y los años se encargaron de crear un mito musical chileno. Me quedo con la versión más honesta. A los tíos les gusta la música y aprovecharon la oportunidad de juntarse y simplemente tocar sus instrumentos años después, sin carteles ni historias, sino por el sólo hecho de compartir música como amigos. Pensé en “Los Jaivas”, en Mutis cabeceando con su melón con flecos cano, en Pixies, gordos y pelados, en Bryan Wilson, incluso en Iggy y Los Stoogges y me sentí bacán, celebré el momento. En la música no hay edad.

Al rato llegan los “Pan duro”. Seis tipos con mochila sedientos después de un largo viaje. Toca su turno de la prueba. También llega el momento de ir a la caseta de venta de entradas a trabajar. Despliego mi caja de metal con dinero molido para el vuelto, mi tinta y timbre para el control junto a otro timbre de Hello Kitty que aparece en el cajón como si fuera de mi hija de 7 años. Opto por usarlo. Empiezan a llegar los curiosos a La Cantera, y “Pan duro” aun probando sonido. Desde la caseta de entrada se escuchan como cañón. Ellos saben que abren la tocata y saben también que a las 23:00hrs. en punto deben comenzar con o sin público. Son 22:50hrs. Y hay siete personas que han pagado su entrada. En la calle un lote de personas no sabe si la cosa empezó o es la prueba. Llegan los “Entelequia Proyección” con sus máquinas de visuales y me hacen compañía en la caseta.

Cavilación 4.

Por fin aparece la primera cerveza de la noche. La raja, ya empieza a importarme poco si llega gente o no. Son las 23:00hrs. y se escucha una explosión proveniente del subterráneo. Son los “Pan duro” que comienzan increíblemente a la hora. No lo puedo creer. Bajo y están en el primer tema. Hay como 15 personas sentadas en el piso escuchando ese terremoto sonoro. Al primer tema el líder agradece la invitación y me hace un saludo público al micrófono. No lo dudo y subo al escenario junto a ellos en pleno segundo tema. Cabeceo y vacilo el tema junto al batero. La sensación es increíble. Hay quince personas y los tipos tocan como si estuvieran en el Loolapallooza. Siento respeto hacia ellos. No buscan aplausos ni multitudes, sólo escuchar sus temas sonando como cañón en Valpo. Al final de la noche me lo agradecerán personalmente. Me siento feliz. Regreso a la caseta y están los “Entelequia” ultra motivados con sus máquinas proyectando en la entrada. El lote de la calle aumenta y entra. Hay músicos, curiosos, amigos de amigos, parejas, pero ningún punk y oh, sorpresa, ningún punk viejo con su hijo. Eso sólo lo he escuchado en tocatas de Black Sabbath y Maiden. Quien iba a traer a su cabro al barrio puerto a esta hora.

Me sube el ánimo cuando aparece mi novia. Es tan rica ella. Llevamos 10 años juntos y aún me calienta y no porque tenga unas cervezas en el cuerpo, me calienta los domingos por la mañana, los malditos lunes e incluso cuando peleamos. Me saluda, se queda un rato conmigo en la caseta contándome su día. Yo le cuento el mío y suena el cañón de “Pan duro” de fondo. Los tipos han cumplido el horario a la pata. Para ser una banda tan… informal, efectúan un show profesionalísimo. Nadie espera algo así de una banda en Chile. Pienso en Guns’n Roses y sus tres horas en el Estadio Nacional. Termina “Pan duro”. Es el turno de “Índice…”. Alcanzo a uno de ellos y me informa que el resto duerme en la van junto con pedirme por favor si pueden típico. Pero que puedo hacer. La tocata es de ellos. Tal vez se junten a tocar 25 años después o quizás nunca más. Acepto con resignación, total, ya hay algo más de público y mi chica me mira a través miles de cosas.

El turno de “Índice…”. Son el plato fuerte pero no quisieron cerrar la tocata. -“Por la edad…” me dijeron. Aviso al lote de afuera y entran todos. Hasta yo bajo para ver qué onda y dejo a los “Entelequia…” cobrando la entrada. La tocata de los “Indice…” es piola. Como buenos viejos músicos el sonido es bueno. No hay errores ni acoples. Los temas son entretenidos y la gente lo pasa bien. En la mitad el vocalista agradece y presenta a la banda. La verdad es que nadie los conoce, pero Valpo está acostumbrado a esto y hay un ambiente de respeto más que de expectativa por una historia o un mito creado con los años. Se vive el presente. Y el presente es piola. Los concurrentes aplauden con respeto entendiendo plenamente la situación. Es todo agradable. Subo a la caseta para continuar la pega. Sigue entrando gente y me sorprende. A eso de la 01:00hrs llega el turno de “Solo contra todos”. Hay muchos esperando su performance. El batero de “Ocho bolas”, el vocalista de una banda punk chilena de antología que se acercó al evento, el productor de Maquinaria Chile y otros personajes famosillos que fueron recomendados. Sucede que el show de Michel es una sorpresa. Se puede esperar cualquier cosa de un tipo que provoca a las personas y goza de cualquier respuesta. Un fracaso para él sería la indiferencia absoluta, pero eso no ocurre con un tipo que se proclama como el “inventor del punk” entre otros delirios. Para esta presentación no bajé al subterráneo. Estaba ocupado en cortar tickets para tratar de cubrir los gastos de mi bolsillo.

Ya tarde toca el último turno a “Umbría en Kalafate”. Cierro la puerta la caseta y el que entra, entra. Solo quiero pasarlo bien. Bajo, pido una cerveza y me deleito con la tocata. Rock instrumental con proyecciones visuales que llenan el espacio. Es como una tocata del Pink Floyd de Syd Barret con locos delirando pero en su sitio. Con tipos alucinando sin ácido a medio metro del escenario. Pánico) llega con tremendos vasos de pílsen. Es la primera tocata de la banda en formato trío después de la partida del bajo y la tercera guitarra. Todo un desafío para ellos. En los temas se turnan el bajo y tocan teclado con los pies, dos guitarras y una batera tratando de llenar ese vacío tan importante. Quedo impresionado con los aplausos finales pidiendo un bis. Veo ese momento en que no hay audiencias ni artistas, sólo un entero musical gozando una tocata de rock en un subterráneo porteño. Me siento pleno. Lo logré. La noche terminó en medio de aplausos como nunca.

Suena DJ Denso para relajar un poco el volumen del directo. Mi chica se despide y me desea suerte en el regreso a casa. Entiende que me toca un largo trabajo de equipos y transporte. Subo a la barra y me encuentro con Eduardo de “Gente Común Diseño”. Conversamos bastante, me explica una teoría extraña en donde lo único que quedará en la historia de esta tocata es el afiche. Lo entiendo a medias, no puedo imaginarme diez o veinte años después de esto. Solo lo sabré cuando cumpla 50 años conversando con Pelao de aquél llamado telefónico que terminó en una tocata donde asistieron muchos, menos él.

Por Kuanip

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