Juan Sorrentino, artista sonoro (Argentina): “El concepto es lo que me rige, no el medio”

En Worm Gallery de Valparaíso entrevistamos al artista argentino Juan Sorrentino, un camaleón de la producción creativa.

Juan Sorrentino en Worm Gallery (Valparaíso).

Juan Sorrentino en Worm Gallery (Valparaíso).

 

Por Alejandra Delgado

Puede ser un latino cumbiero en El Pastiche o un músico electrónico en Electroliving, o un artista sonoro haciendo música para mascotas. Juan Sorrentino (Chaco, 1978) no delimita su creación a un nicho específico, diversificando su producción según el momento en que se encuentre. “Hago lo que quiero, con libertad creativa siempre” dice este músico argentino que está de paso en Valparaíso participando por primera vez en el Festival de Arte Sonoro Tsonami. Aquí realiza un taller, una instalación y una acción sonora con su proyecto Motto: mochilas sonoras y micrófonos como instrumentos que amplifican sonidos del entorno. Conversamos con él sobre su interesante trabajo que tiene como eje la relación del espacio y tiempo infinitos.

Transitas con facilidad entre la electrónica, la cumbia, el noise y también el arte sonoro… ¿Cómo se te dá esta diversidad creativa?

Son búsquedas, inquietudes, desafíos. Y son también una manera de reconstruirme en el artista inquieto que soy. Cuando pienso en una idea no pienso en una disciplina o en un medio. He desarrollado la habilidad para poder expresarme por muchos lugares. Como que le perdí el temor a meterme en lugares que son necesarios, pero que no son de mi área y aprendo.

Generalmente los artistas se quedan en un nicho…

–Sí, creo que también pertenecí a muchos nichos y haberme cansado de pertenecer a ellos también hizo que tenga esta variedad de producción. También eso depende mucho del año astrológico porque pueden pasar muchas cosas. Este año estuve muy focalizado en arte sonoro, por ejemplo.

Y de esos nichos ¿cuáles fueron los que no te gustaron?

Todos me gustan, pero me voy moviendo, me voy desplazando. Es difícil atraparme. De todas maneras, cuando uno lo ve desde afuera piensa que son muy distintos, pero se entrelazan perfectamente todos.

¿Cómo?

Porque detrás de todos corre la misma sangre, están las mismas ideas, los mismos sentimientos y fascinaciones. Me muevo en un mundo audiovisual. Hay una visión del mundo que se entrelaza en todos los trabajos: la complejidad del espacio-tiempo. El tiempo circular infinito está en muchas de mis obras, en la superposición de ideas. Por ejemplo, en un proyecto que tengo de cumbia, El Pastiche, conceptualmente está todo unido: la manera en que hablo en vivo, pasar por latino, guaraní, paraguayo. Me mezclo con distintas capas, distintos estilos de ropa. Es un collage. Cuando canto, utilizo letras de otros autores, con melodías diversas y hago lo que quiero, con libertad creativa siempre. Que también está en los Cuadros Sonoros que es más arte conceptual. Una amiga me decía: “vos sos conceptualista”. El concepto es lo que me rige, no el medio.

El pastiche

 

ARTE SONORO

¿Qué el sonido para ti?

Es el elemento que me mueve. Y ese moverme implica por momentos cantar, hacer música experimental, electroacústica, Motto, hacer una instalación de una pared que se derrumbe… Esa sustancia sonora está expresada en mí en la necesidad del momento.

¿Cómo te empezaste a relacionar con el arte sonoro?

Nunca fui muy consciente de lo que iba haciendo. Y lo mismo me pasó con el arte sonoro hasta que alguien me dijo que lo que yo estaba haciendo era arte sonoro. Con la música me pasó muchísimo tiempo, con Electroliving me pasó que hice noise, glitch, y no sabía que existían esos géneros. Mi inquietud me lleva a arriesgarme y a meterme a lugares que por ahí ya están conformados, pero que yo los tomo con la frescura que me dan las ganas en su momento.

¿Qué obra te hizo concluir que estabas haciendo arte sonoro?

–Cuando era niño empezaba a trabajar lo sonoro descuartizando radios, equipos, motores y hacía arte cinético y sonoro pero como no sabía lo que estaba haciendo y sin intención de arte, no se tomaba como arte. Ahora como voy con la intención se diferencia entre ese arte entre comillas.  El arte sonoro apareció en mi vida como una consecuencia de tratar de musicalizar un corto. Dije: no tengo ganas de componerla, entonces voy a poner mascotas en peceras con sensores y con esos sensores voy a grabar. En un momento se me ocurrió que eso lo podía presentar como experimento…

Tu proyecto Música para mascotas

–Sí. Lo presenté en una feria de arte con patos, hámsters, rueditas y sensores. Justo en ese momento de mi vida me encontré con que estaba haciendo una instalación sonora. Pasó una curadora de Buenos Aires y no podía creer lo que estaba viendo y me empezó a mover en el circuito del arte. Y ahí empecé con otro proyecto, con Cuadros Sonoros y fui desprendiéndome de la música o dando mi camino hacia otro lugar.

Y ambas obras trajeron concecuencias… A Cuadros Sonoros se lo asoció a la discapacidad… ¿Qué pasó con las mascotas?

–Se armó un revuelo en esa instalación porque fue controvertida la pieza. Fui a un programa de televisión a discutir.

¿Los animalistas te odiaron?

–Sí, todo lo que te imaginas que puede llegar a suceder cuando pones animales en escena. Fue tremendo. Eso generó un ruido que rápidamente me colocó en un lugar que ni sabía dónde estaba.

¿Qué hacían los animalitos?

Nada, andaban en su ruedita de hámster, dormían, jugaban con cositas y todo eso se amplificaba. Después, en la versión más avanzada veías con cámaras web un concierto audiovisual hecho por animales. Usaba el software y ponía a hacer la misma música que a veces hacían los humanos. Estaba trabajando sobre esta idea del software, la potencia que tienen a un nivel crítico. O sea, veías un concierto de música experimental y sonaba igual que un concierto para mascotas.

Música para mascotas

Música para mascotas

 

EL LARGO ADIÓS

¿Qué hay detrás de tu obra Sin Título?

Esa obra me pasó que la encontré como casi todas las cosas que hago. Estaba haciendo una exposición para un centro de arte en Girona, y mientras construía los cuadros en una sala que estaba arriba de una colina mi novia estaba filmando el paisaje. De pronto me filma a mí con el cuadro yéndome hacia la sala y cuando veo el video, veo la obra. Cuando volví a Córdoba contraté a un camarógrafo profesional e hice veinte mil pruebas hasta que salió la pieza. Luego comencé a hacer site specific de esa pieza: iba a un lugar y hacía la versión con el paisaje del lugar, que es el reflejo del bastidor en la espalda donde se van imprimiendo y proyectando las sombras, los colores, las plantas, las ramas. Hago extractos de la naturaleza. Se llama Sin título por esta idea de los infinitos cuadros que se proyectan en el bastidor que se desvanece y dura un poco. Es la realidad continua imposible de fragmentar, la realidad es continua, no discreta.

Tu obra The Long Goodbye es distinta…

Sí, eso es bien distinto. Pero tampoco tanto, en Sin Título tenía una fascinación muy grande con los impresionistas, estaba estudiando Ravel, Debussy, artistas y compositores. Me las ingenio para jugar de impresionista un rato…

Para jugar a lo que salga…

A lo que me dé ganas y The Long Goodbye es una pieza que representa un poco el estado que estaba viviendo en ese momento después una separación muy fuerte, y cómo es esa cuestión de desprenderse de todo el proceso, de dividirse. Todo lo que te puedas imaginar está en esa pieza que son dos focos que se prenden y se apagan, que se van desincronizando hasta que se apagan por completo al mismo tiempo. Pero cuando vos ves en los videos, esos focos parecen huesitos, un esqueleto. Empieza a tomar forma, se delimita todo, te das cuenta que es un foco, viene un periodo de iluminación donde saturo o sobre expongo la imagen y se va a un blanco total y ese es el bastidor otra vez, el Cuadro Sonoro, donde se pierden los límites. No ves el foco si no la luz blanca, el punto máximo de iluminación y después vuelve el huesito antes de que se muera. Es un ir y venir de focos que no se terminan de encontrar nunca, y luego se va todo a negro.

 

Sin Título

Sin Título

INFLUENCIAS

¿Cuales son tus influencias, a qué artistas observas, qué pensadores lees?

Tengo algunos referentes que me inspiran mucho como Roman Signer, él me inspiró o por lo menos encontré en su obra una conexión que no tiene nada que ver con lo que yo hago, es una conexión sentimental,  la manera en la que él piensa el arte, sus acciones y sus experimentos. La verdad es que no tengo un solo referente porque soy muy inquieto, pero sí hay artistas que me inspiran en su manera de pensar o producir.

¿A qué intelectual estás leyendo?

Ahora estoy leyendo un libro de Shelley Trower que me interesó mucho que se llama Senses of Vibration. Es sobre los placeres, las penas y los dolores del sonido. Es un trabajo sobre el impacto de las frecuencias en el cuerpo y en el comportamiento humano, desde lo esotérico, lo místico hasta lo físico del cuerpo humano. Qué puede llegar a entenderse sobre la cuestión de la vibración más que la música, focalizada en la vibración no audible.

¿Y qué músicos escuchas?

-Escucho desde Simón Díaz hasta Francisco López, depende del día. Puedo escuchar el noise más extremo o el folklore más nativo.

Está también la influencia del norte…

La naturaleza influyó más en mí que cualquier artista o libro. Observo más lo que me rodea que lo que leo o interpreto de filósofos pensadores.

¿Cómo financias tu obra?

–De muchas formas, no hay una sola forma de hacerlo, ojalá existiera y eso hace un poco agotador el tema de la producción. Siempre tenés que ingeniártelas para ver de dónde sacar el dinero. Siempre tuve cierta suerte, becas, subsidios, algunos aportes privados, venta de obras. Siempre algo aparece y a veces tengo que ingeniármelas con mi propio dinero. En Argentina, en los últimos años, hubo mucho apoyo a la cultura. No recuerdo otros gobiernos que hayan apoyado tanto la cultura como el gobierno de los Kirchner, fueron muy solidarios con la cultura, había becas para todo. Eso no está pasando ahora obviamente con este gobierno de derecha que apunta que cada uno se las arregle como pueda. Los únicos que salen adelante son los CEOs, los empresarios amigos de Macri que están felices porque ahora quitó todos los impuestos, les dio guita a los bancos, le quitó el impuesto a las mineras y a la producción. La Argentina se endeudó en 9 meses más que en la época de Videla y Martínez de Hoz. Y quedan tres años.

Pero lo votaron los argentinos…

Sí, pero la gente es muy manipulable, yo que trabajo en los medios de comunicación, música para cine y publicidad, te digo que puedes hacer lo que quieras con la gente.

Motto

Motto

MOTTO EN TSONAMI

¿Qué te parece haber sido invitado al Festival Tsonami?

No conocía toda la historia de Tsonami, lo empecé a conocer hace un par de años. Me parecía un festival en el que tenía ganas de participar porque siempre me encontraba muy en sintonía con lo que yo estaba haciendo, sobre todo con el proyecto Motto, “ese proyecto es tan Tsonami”, pensaba. Me parece que el festival en los últimos años tomó una dirección muy clara, eso le da fuerza y solidez, le da su personalidad, se definió muy bien y me parece que la movida que hacen es impresionante. Todos muy predispuestos a tratar de resolver las cosas con lo que hay porque a pesar de ser un festival internacional, los recursos no sobran, sé que es difícil conseguir financiamiento. He estado en otros festivales y reconozco que en este festival trabajan de una forma muy profesional y con mucho amor, con una paciencia que te das cuenta que perdura.

Presentarás tu obra Motto ¿cuéntanos qué es lo que veremos?

–Motto significa lema, y con una sola t es una moto, muchos de los elementos que utilizan las mochilas son de motos, parlantes, amplificadores, baterías. Es un proyecto que tiene muchas capas de lectura. Es una performance coreografeada, trabajo mucho sobre el movimiento corporal de los performers. Hay ensayos, a veces es al azar, pero el Motto puro y duro es que cada performer tiene un lema y ese lema es un complejo de cosas que tienen que seguir, entre ellos deben definir el patrón rítmico que van a trabajar. Ese patrón forma parte de su lema, luego van a diseñar un movimiento espacial de paso como si fueran pasos de tango. Dibujamos esos patrones y tienen que ensayarlo y ese es el patrón. Eso hace que el cuerpo se mueva de una manera y con los giros -como en una danza- el parlante gira sobre su eje. Me gusta el efecto que genera el sonido girando. Con cada performer, tenemos una charla previa donde los conozco a cada uno, tratando de unir todo esto con la personalidad de cada uno, dimensión coreográfica y psicológica. Un poco lo saco de mis sobrinos que estudiaron en una escuela Waldorf. Además deben conocer el instrumento porque se adueñan por un tiempo de esta mochila y deben aprender a utilizarla.

¿Cómo nace este proyecto?

Las mochilas amplifican y esta idea de amplificar se conecta con una fascinación que tenía cuando era chiquito, mis padres me regalaron un grabador y yo grababa porque me gustaba mucho la sensación de ir escuchando mientras estaba grabando. Porque en ese acto de amplificar para grabar, escuchar, aparecen detalles impresionantes que no los escuchas así nomás entonces como todo eso que pasaba cuando me ponía a grabar ranita, pastos, agua, lo hacía y no sabía ni para qué. Este proyecto se conecta con esta idea de maximizar los detalles, la naturaleza o pequeños detalles sonoros que van dando vuelta por ahí. Se conecta con la idea de acarrear algo en la espalda, con el bastidor. Si ves la mochila es como un Cuadro Sonoro visualmente. Los performers también hacen un cuadro, un movimiento, hay una cuestión de la práctica del dibujo, del ensayo, de la cartografía del lugar.

¿Las mochilas van a quedar expuestas en Worm Gallery?

Sí, van a quedar expuestas acá con unas fotos, con mapas, dibujos, una mochila por ahí haciendo feedback. Yo las exhibo como arte objetual, he hecho muestras muy distintas.

Usas toda la verdura para todo…

Sí, exprimo la idea al máximo y eso me gusta. Cada proyecto tiene eso.


JUAN SORRENTINO EN TSONAMI

ACCIONES SONORAS

Motto | 18:30 hrs. | Jardín del Parque Cultural de Valparaíso

Un total de tres acciones realizarán un grupo de diez performers utilizando mochilas-sonoras y micrófonos como instrumentos, amplificando sonidos del entorno, pasos, ramas, hojas, viento y otros fenómenos. En cada acción una partitura será traducida a un mapa físico, el que guiará los movimiento de cada ejecutante. La primera acción se realizará el jueves 8 de diciembre en el Parque Cultural, las dos restantes intervendrán lugares imprevistos de la ciudad.

INSTALACIÓN

Motto | Lunes 5 a domingo 11 de diciembre | 10:30 a 14:00 hrs | Worm Gallery

La obra es uno de los resultados de un taller donde se desarrollarán intervenciones sonoras en espacio público, a partir de amplificadores-mochilas portátiles que un grupo de diez performers estarán encargados de utilizar. En Worm Gallery se montarán los dispositivos a modo de instalación.

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