Juan Elgueta, director de “Blanca Oscuridad”: “El ser humano está diseñado para sufrir”

 

Cinco años de rodaje e investigación le tomaron a Juan Elgueta para levantar un documental que apela a una mirada “humanista” de la mayor tragedia del ejército chileno posterior a Pinochet: la muerte de 45 militares por hipotermia en las faldas del volcán Antuco. Aquí reflexiona sobre el sentido de ser de las Fuerzas Armadas, el rol “negligente” del Ejército y del Estado, así como de la imprevisibilidad de la naturaleza y la condición humana que reúne esta catástrofe, donde la definición de responsabilidades “se cortó por el hilo más delgado”.

 

Juan Elgueta. Foto de Diego Bravo Rayo.

Juan Elgueta. Foto de Diego Bravo Rayo.

Escribe Diego Bravo Rayo


Juan Elgueta (44) empezó, queriéndolo o no, a encontrarse con esta historia. Conoce la montaña y la nieve “de toda la vida”, y realizó un documental sobre la composición, escritura y puesta en escena de la ópera “Viento Blanco”; el mismo nombre de la ventisca que se llevó a 44 conscriptos y 1 sargento el 18 de mayo de 2005, en Antuco. Dicha obra, además de relatar la desgracia, se enmarcó en la celebración de los 150 años del Teatro Municipal de Santiago.

Has señalado que Blanca Oscuridad apunta su mirada más allá de la pauta mediática. ¿Cómo te ha parecido el trato que se le dio a esta tragedia en los medios de comunicación?

–Los medios vuelven al tema ceñidos en cosas puntuales como las indemnizaciones, las víctimas, los presos y los culpables de la tragedia. Reviven la historia, pero no se ahonda en mostrar cómo están los sobrevivientes y las familias de los fallecidos. A estos últimos los consideramos, para entregar una visión más “humanista” de la historia, 12 años después de la tragedia.

Patricio Cereceda, el Mayor Comandante del batallón de Infantería,  estaba a cargo de las tropas. Lo secundaban, entre algunos,  dos capitanes que quedaron vivos, Claudio Gutiérrez y Carlos Olivares. ¿Qué te provocan sus figuras? ¿Haces una diferencia entre cada uno?

–Para mí,  el Mayor Patricio Cereceda es un chivo expiatorio; básicamente, la cuerda se cortó por el hilo más delgado. Cereceda estaba en el refugio Los Barros y siguió órdenes. Él los hizo marchar y no tenía mucho que hacer porque las órdenes estaban dadas desde el regimiento y, como todo el mundo sabe, en el ejército las órdenes son para cumplirlas; si no las cumples, te sacan. Para buscar una explicación a esta tragedia debemos mirar a lo que le da sentido al funcionamiento del Ejército, que es la línea de mando. Si se rompe la línea de mando, el ejército pierde su poder. Cuando un soldado se rehúsa a seguir una orden, lo más probable es que ese ejército pierda la guerra.

¿Cereceda tuvo mala suerte?

–Yo te diría lo siguiente: Cereceda fue la persona que despidió a las compañías esa mañana que nevaba suavemente y que no había viento. Ni Cereceda ni nadie allí en ese instante podían saber qué iba a pasar con la naturaleza cinco horas después de iniciada la marcha. Por ende, yo separo a Cereceda, de Gutiérrez y Olivares, porque estos últimos marcharon con los soldados. Ellos y todos los “clase” que iban, vieron mojarse a los soldados en el río e infinidades de situaciones que evidentemente eran señales de que había que detener la marcha y devolverse al refugio. Finalmente no lo hicieron y eso no tiene excusa. En toda mi investigación, aún no entiendo por qué no volvieron. Los clases y suboficiales que estaban guiando a estos conscriptos no llegaron juntos a los dos, a los cinco, a los siete kilómetros;  hubo soldados que se cayeron al río; pero no, no se devolvieron. Eso es una pregunta que no tiene respuesta.

Entonces esta tragedia se fundaría en la obstinación de la línea de mando militar.

–En mi investigación pude recabar que al momento de cruzar el río, donde varios soldados cayeron, hubo “clases” que solicitaron a sus mayores que se devolvieran dado que muchos estaban mojados. Sin embargo, la respuesta que habrían recibido fue un “perfecto, devuélvase. Lo espera su finiquito en el regimiento”. O sea, les decían que si no obedecían las órdenes echaban a la basura su carrera militar. Todavía me pregunto de dónde viene esa terquedad de algunos oficiales. Pienso que deben haber dos razones por las que decidieron continuar la marcha: venía el fin de semana largo del 21 de mayo y varios de ellos se iban a ir con sus familias. Muchos de los soldados que murieron iban a tener sus primeros días  “de franco”. Lo único que querían era volver a sus casas. Por otra parte, creo que muchos clases y suboficiales durante la marcha se vieron bien vestidos, por lo que pensaron “si yo puedo, ¿por qué los soldados no?”. Pero no tomaron en cuenta que los soldados no estaban con la ropa adecuada, ni tenían la experiencia, además de que varios iban mojados.

Lo último es que, tal vez no todos pero sí algunos, cuando se dieron cuenta de dónde estaban, en medio del viento blanco, concluyeron que era muy difícil volver ya que no se podía ver. Según supe, fue ahí cuando llegaron al punto de “sálvese quien pueda”. El último que volvió a buscar a conscriptos fue el suboficial Morales; Morales no cayó en el “sálvese quien pueda” y fue el único instructor que murió congelado. 

¿Crees que se pudo haber previsto algo?

–Yo conozco la montaña, la nieve y su clima de toda la vida, y puedo decirte que la naturaleza es imprevisible. Nadie está preparado para una tormenta así. Por eso es que si culpamos al Ejército y a los instructores, culpemos también al Estado por las muertes de los terremotos. La naturaleza manda y nunca vas a saber cuándo se va a producir un viento blanco o un terremoto. De todos modos, hubo negligencia porque nuestras instituciones no están preparadas para este tipo de emergencias. Finalmente, el Estado es el que tiene la responsabilidad.

BLANCA OSCURIDAD

MENTIRAS

A las madres que entregan sus hijos al mando del Ejército, les dicen que ellos “van a estar cuidados”. A raíz de este tema, has podido conocer más del ejército. ¿Qué piensas del sentido de esta institución? 

Yo no creo que el Ejército sea una institución mala y que se tenga que acabar con ella. El ejército cumple muchas funciones en nuestra sociedad, lo que no quita que existen partes de su génesis institucional que para la mayoría de la gente parecen ilógicas o incomprensibles. Pero bueno, así como el dolor y el sufrimiento es parte del ser humano, que tienen sentidos y razón de existir, el ejército tiene una función en sociedades como la chilena. A lo mejor en sociedades más evolucionadas el Ejército pierde esa relevancia, pero en sociedades con mucha desigualdad, donde el futuro se presenta prometedor para tan poca gente, el ejército se convierte en una alternativa.

Aparte de un error o negligencia, ¿qué otros factores cruzan esta catástrofe? ¿La condición social de muchos de los soldados es otra triste casualidad o una evidente causalidad? 

–En el documental se muestra al Ejército como una posibilidad que tienen muchos jóvenes en nuestro país para salir del letargo de la pobreza, haciendo una carrera militar que los pueda hacer crecer y darles una alternativa a un destino que parece irreversible. Lo que se tiene que ver es qué tipo de personas van al servicio militar y podrán responderse ésta y otras preguntas. La gente que tiene un buen vivir no va a querer ir al servicio militar. Si te fijas en los conscriptos de la tragedia del regimiento nº17, vienen de familias muy humildes que ven en sus hijos la esperanza de que el futuro va a ser mejor para ellos.

En el regimiento Nº17 de Los Angeles señalan que, a diferencia de otros lugares, son más los jóvenes que se inscriben voluntariamente al servicio.

–No me llama la atención esto por lo que el suboficial Ramón Chavarría dice en el documental: en el regimiento nº17 de Los Ángeles tiene una historia muy relacionada con el andinismo y es muy respetado en Los Ángeles y en todo Chile. Ese regimiento no tiene que hacer mucha propaganda ni buscar gente para llenar sus cupos de servicios militares. De hecho todos años se exceden, llegan de todos los alrededores de Los Ángeles jóvenes con ganas de hacer el servicio militar. Además, se da que muchos tienen a padres y hermanos mayores que hicieron el servicio, para quienes fue una buena experiencia, siguiendo o no después la carrera militar.

 

A 12 años de los hechos, ¿cómo te ha parecido el manejo que ha tenido el Ejército en este tema?

– En un inicio creo que el Ejército no actuó tan bien pero no los culpo tanto a ellos por los efectos de la tragedia en los sobrevivientes y en la familia de los fallecidos. Culpo al Ejército por cómo intentaron ocultar información e inventar cosas al principio, como también en la negligencia: desde Cheyre, el ministro de Defensa y los altos mandos del ejército, se dedicaron lo mediático, a salir en la tele diciendo mentiras. Eso fue muy terrible durante los primeros meses. Pero culpo mucho más al Estado.

¿A qué mentiras te refieres?

–Por ejemplo, Cheyre diciendo que se había sacado no sé qué prenda de vestir para colocársela a un fallecido. Eso es mentira. Decían que estaban protegiendo a todos los sobrevivientes; otra mentira. Aunque son la minoría, hay sobrevivientes que siguen en el Ejército, pero a muchos otros los echaron del ejército por el simple hecho de dar entrevistas a medios de comunicación días después de la tragedia.

¿Y qué rol le cabe al Estado?

–Luego vino el tema de la reinserción social, de la salud física y psicológica, donde el Estado quiso que se pasara rápidamente. El Estado poco menos hizo que “aquí tienen una sicóloga, pueden ir estos días, a estas horas”. Pero tenís que pensar que son cabros de 18 años, con estrés post traumático y que no iban a ir al psicólogo a menos que se los fuera a buscar. Y eso no se hizo. El mayor error del Estado fue querer que esto se pasara rápido y “sigamos con lo que sigue”. Es un poco propio de los tiempos de hoy; vivimos en una sociedad posmoderna donde no se para y se sigue adelante, pase lo que pase, un mundo que busca el éxito, el no sufrir, no sentir dolor y el placer. El ser humano está diseñado fisiológicamente para sufrir y para sentir dolor, lo cual tiene sentido y razón de ser. Si tratamos de esconder o no sentir esas cosas, estamos dejando de ser humanos. Esto último me lo dijo un psiquiatra del Hospital Militar que estuvo con sobrevivientes de la tragedia.

BLANCA OSCURIDAD

Funciones en Valparaíso a través de Insomnia Alternativa de Cine

4, 6, 12, 16, 24 y 26 de mayo | 19:00 hrs | Valor: $ 1.000

Teatro Condell (Condell 1585)

FICHA TECNICA

Dirección y guión: Juan Elgueta Ortiz.
Válvula Films Ltda.
Producción: Adriana Silva.
Dirección de fotografía: Raúl de Pablo, Víctor Uribe, Eduardo Contreras.
Montaje: Germán Ovando.
Música: Sebastián Errázuriz
Sonido: José de la Vega.

banner bo

Comenta desde Facebook

Comentarios