Invasiones artísticas

Por Boris Kúleba Valdés

Captura de pantalla 2015-01-21 a la(s) 12.17.57¿Hacia quiénes van dirigidas las políticas culturales estatales en Valparaíso? Me refiero específicamente a los “eventos culturales” o las “intervenciones artísticas” a las que nos tienen habituados en nuestra ciudad. Pienso en el torpe eslogan con que el Festival de las Artes de Valparaíso, el FAV, promueve su última versión: “Tremendo Brillo” (su directora fundamenta la pueril frase en que “la luz es brillo, y la fiesta, el brillo” y se me ocurre que ningún subordinado se atrevió a contradecir tal grotesca sandez), y también a “La Previa”, denominación con la que tratan de difundir las actividades realizadas antes del Festival.

Uno le pregunta a su vecina mayor si participará en el FAV y casi automáticamente reacciona con molestia, sin entender la diferencia con las “otras actividades culturales” a las que nos tienen acostumbrados a la fuerza. Ese día se va a encerrar, no quiere saber nada, siempre queda la embarrada, me dice. Nada saco con explicarle que es un enfoque distinto, opuesto a las “otras actividades artísticas callejeras”, que no hay ninguna de esas manifestaciones con tambores, cuerpos pintados ni pinturas rupestres que el resto de la humanidad superó en la glaciación. Esto es más (cómo decirlo sin que suene tan peyorativo) snob. Aparentemente más elaborado.

Yo lo entiendo como un enfoque elitista opuesto, dirigido a otro segmento, pero con un absurdo eslogan, “Tremendo Brillo”, que automáticamente alude a un sector etáreo que aleja de inmediato al adulto de cualquier atracción por tan rebuscado festival.

Y es justamente eso lo que me molesta de las políticas culturales que se intentan imponer de manera central, ¿por qué las actividades culturales y artísticas, salvo alguna que otra excepción que no encuentro ni quiero encontrar, están dirigidas a los jóvenes? A una juventud que publicitariamente se supone estupidizada, ¿por qué se insiste en alejar al sector adulto y adulto mayor de las políticas culturales?.

Pienso que una ciudad declarada, aunque de manera artificial, como Capital Cultural, debería poseer un capital cultural en sus propios habitantes. Pero ni siquiera se nos trata como adultos. Incluso en aquellas actividades que no son para niños, se insiste en el payaso, el bufón, el mimo, el saltimbanqui, porque la cultura debe ser entretenida y circense, de otro modo la masa se aburre, no entiende. Son incultos con mentalidad infantil, deben pensar. Y, como si no se les pudiera ocurrir que existan matices, se insiste en la “instalación”, la “intervención”, una millonada de platas fiscales en financiar algún hermético proyecto concursable que no posee el contexto local que lo haga entendible, si es que algo de eso merece ser entendible.

¿Qué pasa con las Bellas Artes? ¿son muy difíciles de explicar? ¿no deberían ser la base antes de saltar de inmediato a la instalación, para al menos tener una mirada crítica ante esos palos que forman un arbolito en la Plaza Sotomayor, esas rocas facilistas de la Intendencia, esas locuras choris santiaguinas, esas siutiquerías postuladas mediante un presupuesto?

Deberían gastar esas millonadas durante el año generando cultura en la Capital Cultural, educando al porteño, acostumbrándolo y no espantándolo con “intervenciones” que para el habitante lo único que intervienen son el tráfico, y que preferiría denominar como “invasiones”, ¿o acaso “La Previa” está dirigida al adulto porteño? ¿son eventos culturales o turísticos? ¿a quién quieren impresionar: al lolito que viene a tomar latas de Becker, al porteño, a otros artistas tan engrupidos como los que presentan su instalación? ¿A sus superiores en el Consejo de la Cultura? ¿O a mi vecina?

¿Le interesará a mi vecina un “Tremendo Brillo”? ¿se sorprenderá, se emocionará, encontrará una estupidez el gastadero de plata en acarrear cuatro rocas a una plaza y en ver a unos guailones jugando a ser niños?

Queremos ARTE, no “intervenciones”; CULTURA, no “actividades”. Pienso en la cantidad de teatros que hubo en Valparaíso. Teatros, que es como se le decía a los cines y que funcionaban en la época de nuestros vecinos más viejos, ¿hay teatro porteño dirigido a esos adultos actualmente? Cada cierto tiempo actúan los Blue Splendor, una de las bandas tradicionales y queridas de Valparaíso. Y sus presentaciones se llenan no sólo de jóvenes sino que también de muchos adultos. Adultos mayores, esos que los seguían en su juventud. ¿Se llenarán, en 50 años más, los eventos porteños de tatitas fanáticos de las Sonoras Tanto Tanto?

Si el temor es que cada actividad masiva termine con destrozos y disturbios, ¿por qué se insiste en ignorar al anfitrión? ¿por qué no se plantean actividades para adultos, música para adultos, teatro para adultos? ¿les da flojera crear?

¿Qué resultará de este FAV, mitad siútico, mitad “Tremendo Brillo”? Obviamente no habrá disturbios, ni destrozos. Están conscientes de ese peligro y por eso han hecho actividades tan inocuas que necesitan eslóganes de publicidad de cerveza para que suenen atractivos.

No deseo que el FAV fracase. Deseo que ESTE FAV fracase, que el modelo del colono santiaguino que viene a hacer sus voladas de hijito que salió artista con financiamieno fiscal no se repita; deseo que el FAV sea la culminación de algo, de un proceso, un evento de cierre de una política anual de cultura constante entre los propios porteños y no una intervención en el sentido literal del término. Una invasión. Exijo que se hagan realizaciones incluyendo al adulto, a ese que espantan, no centrados únicamente en los jóvenes que ya tienen una oferta más que suficiente de tremendos brillos y que no vuelvan a ofendernos exponiéndonos a grandotes disfrazados de payasos como si fuesen arte, porque habiendo verdaderas artes que nadie intenta ni siquiera explicarnos, este despilfarro de plata para justificar un presupuesto jamás tendrá un impacto real.

Y por último, ¡basta de actividades culturales “LÚDICAS”, somos incultos, no retardados!

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