Ignacio Agüero: “He aprendido a liberarme de la tiranía de tener que contar una historia”

 

Ignacio Agüero en Valparaíso. Foto: Alejandra Delgado.

 

¿Porqué nunca se inventó un dios de la lentitud? se preguntaba el escritor austríaco Peter Handke. También me lo pregunto. El ritmo sosegado pareciera ser un contrasentido en tiempos del non stop. Caminamos hace unos días con el cineasta Ignacio Agüero por Valparaíso y ese compás sin prisa que caracteriza su creación, también marcó el tono del estar y el conversar.

Vino a la ciudad puerto para difundir su más reciente documental Como me da la gana II, donde la pregunta por lo cinematográfico se convierte en una excusa para “vagar, visual e intelectualmente”. Una de las razones de porqué hace cine.

Por Alejandra Delgado

Has dicho que prefieres una imagen y sus múltiples posibilidades, al guión para contar una historia. ¿Qué imagen o imágenes te han dejado removido?

–Las imágenes que están en mis películas. La primera fue la de Elena Maureira (No olvidar, 1985) caminando por ese camino de tierra hacia el Horno de Lonquén, llevando flores a su esposo y sus cuatro hijos. Esa imagen me hizo hacer la película. Era una imagen tan expresiva. Era el año 79… ¡Imagínate! A seis años del inicio de la dictadura. Me enteré de una romería que organizaba la Vicaría en los mismos hornos, por eso fui. Fue mucha gente, fue un acto masivo, el primero que hubo ahí y en esos años, con la DINA ahí metida también. Es una imagen muy fuerte porque es la de una caminata de una mujer que iba todos los domingos a ese lugar, sola o con parientes, pero sin prensa. Una caminata en sentido contrario al que iba el país nuevo de la economía neoliberal, desatado. Luego, está la imagen de la película Cien niños esperando un tren (1988) donde una capilla se transforma en otro lugar. Donde el mantel del altar se cuelga en el muro y deja de ser un altar y se transforma en una sala de cine. Esa imagen fue la que le dio forma a la película, porque es la transformación del lugar en otro.

Luego está la imagen del iceberg (Sueños de hielo, 1993), de un barco que arrastra un iceberg por el mar. Una linda imagen. Son imágenes que tienen la carga o la potencia de desplegarse y convertirse en una película.

¿Por qué no escribes guiones?

–Porque no los necesito. No tengo ninguna necesidad de escribir un guión. Lo cual no significa que sean películas al lote o sin estructura. No son para nada improvisadas, son diseñadas, pero no necesito guión.

Y en el cotidiano ¿estás viendo siempre imágenes también?

–Imágenes que están delante de nosotros, más las imágenes que están detrás de nosotros. El ojo mira hacia delante y hacia atrás, no es que mire hacia la nuca, mira hacia la memoria, donde hay un banco de imágenes inmenso. Eso es lo bonito de la relación que hay entre lo que el ojo ve hacia adelante y hacia atrás. Las películas son eso, esa relación entre el presente y el pasado o el futuro, que están en relación permanente. Y eso también lo hacen todas las personas.

Y eso está en el cine…

–El cine es eso. El cine es el montaje azaroso de la experiencia imaginaria de las personas.

…Que se hace verosímil…

–Se hace reconocido. Yo creo que la gente identifica esa experiencia de un modo y cuando ocurre en el cine, se sorprende y no sabe explicarlo, entonces pide explicaciones de lo que está pasando en la pantalla. Algunos se pierden, porque no están contándole un hilo exacto ni una línea narrativa, pero lo que está ocurriendo en la pantalla es lo que le ocurre a las personas todos los días.

¿Por qué crees que en el cine no se dejan conmover por ese hecho?

–Por mala educación, por costumbre americana.

Dices que trabajas sin apuro, que vas echando a la olla lo que va apareciendo ¿Qué relación tiene para ti el tiempo en el oficio de hacer una película?

–El tiempo es componente del cine. El cine es el tiempo. Es el tiempo de la realización, de la observación, de la historia; el tiempo de duración de la película, de cada plano. Entonces, es el juego con todos esos tiempos, que al mismo tiempo, es un juego de espacio. Y lo interesante cuando uno trabaja en el cine es trabajar con eso, es no utilizarlo en función de un propósito.

Pero pareciera que los cineastas hoy trabajan más por un propósito…

–Sí, para un propósito personal de cada autor que quiere contar algo, pero yo he aprendido a liberarme de la historia, porque la historia es una tiranía en el cine, y uno tiene la posibilidad de liberarse de la tiranía de la historia.

¿En qué sentido?

–En el sentido de la obligación de un propósito, de  tener que llegar a un final, de la obligación de tener que contar una historia que hace que las imágenes sean esclavas de esa misión-obligación.

¿Una historia enjaula las imágenes?

–Claro, las imágenes pasan a ser personales.

 

Tú te tomas tiempo para la realización de una película en todas sus etapas…

-Sí, me tomo tiempo. Como me da la gana II es una película muy precisamente del tiempo. Una película cuya materia evidente es el tiempo, de ubicar la propia vida en el tiempo. Eso está en todas mis películas, desde que hice la primera hasta ahora. Lo cinematográfico sería, entre otras cosas, el modo de conjugar el tiempo. Pero como materia de la película en vez de una historia. Es la motivación para hacer otra película y en la siguiente volver a hacer eso.

Has dicho que siempre haces la misma película, una reflexión donde uno está parado ¿Qué reflexiones has sacado en este continuo?

–Ninguna (sonríe). Al final se trata de seguir jugando con eso. Ahí está parado uno, en el medio del juego. Si no, uno sería una invención. ¿Dónde está parado uno? Yo estoy parado en Santiago de Chile, en mi casa. Salgo poco de mi casa, pero ahí vuelvo. Estoy parado siempre en un juego. Y ¿cuál es el juego?

¿Vivir?

–Claro, es estar aquí parado, mirando el ahora.

Manejas la pregunta como herramienta narrativa con increíble destreza en todas tus películas, no son inquisitivas, son ingenuas y genuinas a la vez ¿Cómo lo haces?

–(Se pone muy serio) Para eso he estudiado mucho. Estudié en la escuela internacional de los preguntones (sonríe juguetón). No, no, tiene que ver con lo mismo del tiempo, de no tener ningún apuro, de no tener propósito. No hay propósito de encontrar una línea o algo, sino que estar con la otra persona. La pregunta permite estar. Lo que la pregunta permite es prolongar el tiempo de la estadía, de seguir estando con la otra persona, en vez de llegar a un hallazgo preciso o a una información.

Aunque siempre quieres llegar a la última pregunta…

–Sí, pero la respuesta no interesa, es una pregunta para estar ahí.

Para satisfacer una duda tuya como qué es lo cinematográfico en Como me da la gana II…

–Claro, pero la duda mía es la película. En toda una película trabajo la duda, no es que quiero que me la responda. No voy a eso. Voy a estar ahí. Entonces, cuando no existe el propósito de obtención de información sino que se privilegia el estar con otra persona, se produce eso que tú dices y que te llama la atención.

Sí, tu curiosidad genuina, inocente… En Como me da la gana II, dejas perplejos a los realizadores con la pregunta sobre qué es lo cinematográfico, los llevas a preguntarse sobre su propia creación…

–Claro, es una buena pregunta igual… qué es lo cinematográfico, pero al mismo tiempo es básica, elemental, naïve.

Y es interesante que no busca hacer un tratado sobre el tema…

–Es que es como ir a las construcciones que uno ve en la ciudad, encontrarse con el arquitecto y preguntarle qué es lo arquitectónico de lo que están haciendo. Ya no lo saben, sería una crueldad preguntárselo jajaja.

En relación a las dos películas Cómo me da la gana (1985 y 2016) la pregunta es distinta, para distintas inquietudes y momentos curiosos de tu vida. Aún cuando el objetivo no es comparar dos momentos del cine chileno, sí se puede visualizar una trayectoria…

–Es que hace 32 años la pregunta era porqué hacer cine, cómo se puede hacer, qué cine podemos hacer, una pregunta extra cinematográfica en un contexto brutal. En cambio, hoy en día, con exceso de cine, la pregunta es intra cinematográfica: dónde está el cine en este bosque de películas.

¿Por qué te atrae que tus películas, pese a haberlas postulado, nunca hayan entrado a los grandes festivales?

-Mira, lo que ocurre con esos festivales es que aparentemente ahí van las mejores películas y no es así. Las mejores películas no están en Cannes, las que llegan ahí son las que están en el circuito de lobby. Es un armado, un montaje. No digo que no lleguen buenas películas, pero a mí me encanta estar fuera de eso porque no lo necesito. No necesito ser parte de ninguna movida.

¿Qué hay detrás de ser parte de una movida?

–Hay engaño. Yo no estoy ni ahí, me da lo mismo. Pero sí hay festivales muy buenos donde sí he participado: el Marsella, un gran festival; y FICUNAM, gran festival. Son buenísimos y no tienen alfombra roja, no tienen marketing, no tienen necesidad de ningún glamour más que la calidad de su selección de películas, son festivales rigurosos. También el de Yamagata en Japón, el Festival de Mar del Plata, el de Valdivia, en Chile.  gran festival.

De los nuevos directores chilenos ¿quién te atrae?

–Muchos. Me interesa José Luis Sepulveda, José Luis Torres, Carlos Klein, Camila Donoso, Tiziana Panizza, María José San Martín, Claudia Huaiquimilla, Marialy Rivas.

¿Viste Stefan v/s Kramer?

–Sí, y te confieso que nunca me he reído tanto. Es increíble, es genial, me reí mucho. La fui a ver una vez que fui a Temuco a filmar una reunión Mapuche. Me quedé un domingo lluvioso, nada que hacer y me fui a verla. Había re poca gente en la sala y yo no podía parar de reírme.

¿Qué te atrae de hacer cine?

–El no tener que llegar a nada, ni tener que hacer nada y poder vagar e irme de un lado a otro, no tener que rendir cuentas a nadie. Me atrae vagar, visual e intelectualmente… el ocio y jugar. Es un ocio productivo, porque significa construir juegos. No podría hacer otra cosa, no podría estar en una oficina. Imagínate que gana Beatriz Sánchez y me ofrece un cargo, aunque fuera agregado cultural. No podría.

Pero te pagarían bien…

–Lo haría por un mes para tener toda esa plata…

A propósito, dijiste que si fueras Ministro del Interior, darías un año sabático a la mitad de la población para que todos filmen una película que se llame El Otro Día, en sus propias casas…

–Sí, haría que hicieran El Otro Día, que todas las poblaciones hicieran esa película. Como Chile no puede parar, yo les daría un año sabático para hacer El Otro Día en su propia casa y mirar qué es lo que tienen, ver la luz que entra por la ventana… Y al año siguiente, pararía la otra mitad. Habría un momento en que nadie trabajaría porque, mientras la primera mitad hace el montaje, la otra filma. Sería fascinante: un año en que nadie trabaje, salvo los militares que tendrían que manejar el Transantiago o el Metro.

¿Porque ellos no están para hacer películas?

–No, porque el Estado los necesita para los tiempos difíciles (sonríe irónico).

¿Nos miramos poco a nosotros mismos los chilenos?

–No hay tiempo, hay que estar contestando las preguntas.

¿Vas a votar?

–Sí, por la Beatriz Sánchez.

 

FUNCIONES Y VISITAS EN VALPARAÍSO

A través de Insomnia Alternativa de Cine
1, 7*, 14 y 21 de junio y 8 y 19 de julio| 19:00 hrs | Valor: $ 1.000
*Cineforo – con Ignacio Agüero, director
Teatro Condell | Condell 1585

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