Humo: aquel rastro que deja el fuego antes de desaparecer

Por: Valentinne Rudolphy | @valosa

Hace varios meses, una noche de mayo creo, fue el lanzamiento de “Cama”, el primer libro de HUMO Editorial. El lugar de encuentro era La Sebastiana, atrás de les presentadores: las luces y el mar. Hacía frío, pero ahí dentro había alegría, habían lágrimas, emoción. Había cariño. Un fuego. O lo que deriva de él.

Contadas veces había presenciado un lanzamiento con tantas sensibilidades. Se notaba la garra del amor por aquel resultado final, y por los participantes de ese proceso. Artista, editora, presentador, imprenta – una cadena que despierta atención y que me llevó al sector de El Litre en Valparaíso.

Fue hace meses, pero recuerdo que comimos queques veganos (o algo así) y tomamos té con Gabriela, quien representa el punto inicial de todo esto.

¿Por qué HUMO?

– Tiene que ver con el hallazgo. Cuando ves humo, y tienes la sospecha de que algo está ocurriendo ahí, pero no sabes qué es: se está quemando, es un vapor lejano, quieres saber qué pasa. Es algo intrigante que llama a acercarse y ver lo que fue. Ahí te encuentras con la huella, cuando llegas al humo.

Cama (HUMO, 2019) es un libro de ilustraciones que realmente es una aparición, a cargo del artista visual Renato Órdenes. Forma parte de la línea temática “Huella” que Gabriela Muñoz, su cabecilla, quiere mantener. Precisamente con un tono fantasmagórico, que rescate los fantasmas como ausencia, algo onírico, relativo a las raíces – a lo latinoamericano.

¿Qué recuerdos tienes que te hayan vinculado con la expresión artística? ¿Qué te evoca la infancia en ese sentido?

– Tengo dos experiencias muy determinantes, y una es el fuego. Creo que mi olor favorito es el de leña quemada. Vivía por San Antonio y tenía chimenea, entonces recuerdo mucho mirar el fuego. Es algo que me gustaba mucho de niña, me atrapa.

Gabriela estudió Castellano y fue a continuar sus estudios a Buenos Aires hace varios años ya. Lejos de Valparaíso, de San Antonio. Fue por una cosa y terminó en otra: recordando el gusto y la idea que siempre tuvo por hacer una editorial propia.

En Buenos Aires consiguió herramientas que reaparecieron años más tarde, o que se mantuvieron pendientes algunos años (entre medio, por ejemplo, nació su hija) hasta que empezó a materializarse Cama, y también Humo.

“Siempre tuve en la cabeza hacer un proyecto editorial que pensaba con mis amigos ilustradores y artistas. Quería hacer una plataforma, disponerme a la edición”, recuerda.

¿Cómo parte Humo, desde cuándo?

– Me vine a Chile con la idea el 2012, pero por plata y presupuesto se empezó a diluir. Luego me puse a trabajar en retail, y se fue postergando todo. Pasó la vida entre medio, entre decisión y decisión. Pero siempre tuve la idea de editar en la cabeza.

Pero después un factor cambió todo: quedó embarazada de su segundo hijo, así que decidió que era el momento de hacerlo, sino “todo pasaría de largo de nuevo”.

Así es como entre ahorros y contactos y amistades se empezó a armar el panorama. Antes de su viaje a Buenos Aires conoció a Renato, artista visual y pareja de Gabi. Habían comenzado años atrás a trabajar en la idea de las camas, con ilustraciones y textos… todo hacía unos cinco años atrás.

Gabi tenía armado todo en su mente, ya que a través de los años pensaba en el papel, en la imprenta, en tonos, formas.

¿Cuál es el concepto que armas, que intentas transmitir y se evidencia finalmente en Cama?

– Quería armar el primer catálogo (Libros Huella), con la intención de que los libros que no llamen la atención por su autor o diseño, sino que apenas exista el título del libro, que sólo se vincule la gente a través de acercarse y tocarlos, como objeto. Quiero que desde ahí se genere una aproximación previa de la lectura.

Encontrando el fuego inicial

¿Cómo te posicionas frente al arte o a la vida para que salgan este tipo de obras? Había respeto, había mucho cariño esa vez en el lanzamiento, quiero saber cómo te conectas desde eso con el arte. O en qué momento te comienza a interesar. ¿Por qué te acercas a las cosas de esta manera?

– La verdad tengo muchos recuerdos así. Desde niña tuve una vida muy construída desde la soledad, que disfruté por cómo me criaron. Siempre fui muy reflexiva en torno a las cosas, porque cuando estai’ solo, mirai’. No hay otra manera de aproximarse a la realidad.

“Otro recuerdo es de la hora en que la luz se iba apagando y había que prender las velas. Yo vivía en un cerro, y a esa hora con mi mamá nos asomábamos a ver las formas que habían en la superficie de la montaña, en contraste a los árboles o espinos, que son lo nativo de allá. Ese momento antes de quedar en fondo negro. Esa experiencia me determinó ya que para poder identificar algo, tiene que existir cierta distancia – eso fue permeando mi mirada de las cosas”.

Esto determinó la forma de mirar las cosas de Gabriela, y cómo se vincula con el entorno. Con la gente, en general, porque “Para poder observar algo hay que tomar cierta distancia”.

Las sombras, la distancia, el humo: la intriga que hace que te acerques a ver qué fue, qué realmente es.

Algo así es lo que se refleja en la primera obra, intencionando la desaparición del autor para transmisión de la obra: así adquiere más espesor. Desde ahí se puede ahondar más en el autor.

Prioridades

De repente, una afirmación surge mientras hablamos de las emociones y recuerdos. “No me interesa la gente que no se interesa por otra gente. Los encuentro mula, no les creo”.

¿Por qué? 

– Llevo muchos años vinculada a artistas. Todos quieren que se conozca su nombre, pero yo quiero que desaparezca, porque cuando pasa eso, aparece la obra.

“Una vez me regalaron un libro, de Armando Uribe, que se llamaba “C”. Y atrás aparecía: “AR UR AR”, sus iniciales. Me encantó, no decía nada más “del libro”. Pregunté por la autoría y supe, pero me mantuvo en suspenso mucho tiempo. Uribe escribe este cuento a su mujer fallecida, Cecilia, con sus iniciales, armó todo redondo desde la materialidad del libro. Eso quería hacer. Algo así de bonito, de sutil, donde no importe tanto quién lo escribió. Tiene que ver con sorprenderse con su interior para después averiguar de quién es, y por qué pasa”.

¿Qué certezas mantienes sobre HUMO?

– No tenemos una línea disciplinar, pero sí quiero que sea con personas que sean inéditas, para ser coherente con lo que trato de armar. Ojalá que no sean conocidas, quienes yo quiero que otres conozcan. Así es: a quién quieres levantar o hacer visible dentro de la visibilidad del objeto.

¿Cómo te relacionas con los libros, con este objeto?

– Quería que mi primer producto tuviese fiel reflejo de mi manera de relacionarme con la gente, que también es una respuesta a mi crítica de hacer objetos. No me interesan las categorías en las que las personas se definen. O no me interesa la gente que no se interesa por otra gente. Hay una mirada del amor en el trabajo con Renato. Está lo que nos pasó entre medio. Eso se transmite

¿Qué es lo que quieres comunicar?

Algo que genere imágenes, que sea crítica a través de la conformación de estas imágenes. Finalmente esa es un poco la tarea del arte, que no sea algo difícil, sino que para entrar a la obra sea una prosa más poética, darle una vuelta. Es interesante cuando los artistas escriben, entonces cuando lo hacen, es otro lenguaje. 

Finalmente, ¿por y para qué publicar? Con o sin autor explícito

– Porque me interesa difundir este tipo de obras. También contar que hay otra manera de hacer las cosas, no es la única manera, como el hacerse el nombre antes. Se requiere de un lobby asqueroso donde pocos conocen tu trabajo, pero no todos saben quién eres. Cuando te conocen, te empiezas a mostrar. Pero quiero, si hay una rueda, trabajarla al revés. Puede que no le interese a nadie, pero por último es una bonita manera de gastar el tiempo.

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