Glaciares, agua y minería

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Por Franco Contreras / Ilustración de Bettiana Castro

Es interesante como nos abstraemos de la realidad que hemos creado, la misma que nos convoca al desastre predecible. Hoy el mundo parece más pequeño y complejo, hemos identificado y comprendido interacciones en ecosistemas, la ecología como ciencia nos abre la puerta de la administración sustentable de los recursos, pero la codicia y desidia nos conducen por una traumática senda.

Quizá esta historia comienza cuando tomamos conciencia de nuestra inteligencia y creatividad, situándonos a nosotros mismos fuera del alcance de la naturaleza, un proceso de desvinculación terrenal que goza de un gran registro para el archivo futuro, que mostrará en detalle la inverosímil destrucción de glaciares en beneficio de lo que algunos insisten en llamar “minería sustentable”. Otros solo ven el agua que baja por las quebradas o que mágicamente aparece en el grifo, pero aún nos falta comprender y asimilar la relación entre el ciclo y los estados del agua con los glaciares que cobija la cordillera de Los Andes. De acuerdo a la publicación “Glaciares chilenos: Reservas estratégicas de agua dulce” de Sara Larraín “a nivel nacional 70% de la población se abastece de recursos hídricos provenientes de las zonas alto- andinas”, ubicándose los glaciares mas importantes para este abastecimiento en el norte y centro de nuestro país, lugares que se caracterizan por periodos de déficit hídrico.

El agua como elemento estratégico y esencial para la vida se transforma en símbolo de resistencia para las comunidades, con enfrentamientos que aceleradamente se transforman en una constante en nuestra sociedad, mientras empresarios y políticos muestran un ritmo extemporáneo y/o contrario a una matriz económica que no ponga en riesgo nuestra supervivencia. En lo particular, la población de Caimanes ha dado una lucha respetable, pero reactiva, que en la quinta región la comunidad de Jahuel toma con carácter preventivo, brindándonos un ejemplo para alcanzar una sustentabilidad palpable, alejada del discurso y eslogan plástico.

Es tiempo de albergar nuevos y verdaderos liderazgos, que el estado propicie la autonomía energética con ERNC (Energías renovables no convencionales), y la diversificación de la matriz económica con una visión mas allá del cálculo político a cuatro años y el abstracto margen de utilidad en estados financieros.

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