Gerardo Roemer: “El chamanismo no es una religión, es un método”

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Para Gerardo Roemer, miembro y docente de la Fundación de Estudios Chamánicos, el chamanismo es “un conjunto de prácticas espirituales, naturales, dedicadas al alivio de la pena y el sufrimiento humano”. Y aclara, “no es una religión, es un método”. Conversamos con él en el Círculo Social de Terapeutas, en Valparaíso, donde llegó para facilitar un taller de chamanismo.

Por Alejandra Delgado

La palabra “chamán” proviene de las lenguas tunguses y alude a una persona que viaja a realidades no-ordinarias, en un estado alterado de conciencia. El chamanismo es, de acuerdo con Mircea Eliade (“Chamanismo y las Técnicas Arcaicas del Éxtasis”), la más antigua de las tradiciones espirituales existentes en el planeta. “En todo el planeta nuestros ancestros, los tuyos, los míos, tuvieron que sobrevivir. No hay que ponerle tanto romanticismo. En las diferentes culturas, desde los Inuit en el hielo ártico hasta los australianos, siberianos o aquí mismo, en Sudamérica, de acuerdo a su entorno y necesidades, ellos desarrollaron prácticas espirituales naturales”, explica Gerardo Roemer. “Ellos entendieron que existe un plano espiritual, que tenemos una esencia espiritual pura. Todo ese entendimiento chamánico es el mismo, incluso entre culturas que nunca se han visto las caras”.

Roemer se autodefine como practicante chamánico, “dejemos el nombre chamán para los ancestros”, dice. En 1997, impulsado por búsquedas espirituales que le habían acompañado desde la adolescencia, comenzó su entrenamiento formal en chamanismo, tras 26 años dedicado a las Ciencias Políticas. Se formó en Argentina con Alicia Luengas de la Fundación de Estudios Chamánicos y en Estados Unidos, con Michael Harner, fundador de la Fundación y creador de sus talleres. Desde 2002 es parte de esta organización internacional sin fines de lucro que se dedica a preservar el conocimiento chamánico y a la enseñanza de los principios básicos de este saber para su aplicación práctica en el mundo contemporáneo. Actualmente realiza sesiones individuales de sanación espiritual chamánica y ofrece talleres de chamanismo tanto en Argentina (donde reside) como en Chile, donde conversamos ahora.

A él acuden pacientes con sus psiquiatras a la consulta, porque, reconoce, hay una apertura mayor hoy. Para Roemer, la práctica involucra compasión y sabiduría, aunque hay espíritus que pueden causar daño y chamanes que se meten con eso, aunque ese no es su tema.

-¿Cómo es la práctica del chamanismo, en la ciudad?
-El chamán o la chamana siempre fueron gente de su tiempo y de su comunidad, comían lo que su comunidad comía, vivían donde su comunidad vivía, en pueblos, aldeas o en medio de la naturaleza. Eran parte de la comunidad y eran uno más. Muchísimas culturas conciben que, como consecuencia de determinados eventos traumáticos, sufrimos algún daño físico, para lo cual está el médico; o algo emocional, para lo cual están los profesionales de la salud psicológica, y puede haber algo que atañe a nuestra alma donde puede ser necesaria una curación espiritual. Y dentro de muchas cosas que pueden pasar según el entendimiento chamánico, es que esa alma puede fragmentarse. Una curación chamánica clásica puede recuperar un pedacito de esa alma perdida, como una curación. Si esa práctica es realizada por chamanes en el continente asiático -por decir algo- ahí verás una parafernalia chamánica determinada, verás que primero hay un diagnóstico con piedras blancas y negras, etc., luego te pone una soga en el pecho y el chamán, en su éxtasis, te va trayendo el alma. Otras culturas del norte y sur de América lo harán en su manera. Pero hay algo común y es que puede haber alma para traer. Un practicante chamánico contemporáneo, que hay cientos de miles, de jeans, urbano, que tiene sus laptops y su trabajo, puede hacer lo mismo pero a su manera, de una manera transcultural.

-¿Ese sería el rasgo “transcultural” del chamanismo?
-Sí, cada chamán en su cultura va a tener en su práctica unas características propias de su cultura. Michael Harner, antropólogo, se interesó muchísimo en el aspecto de la práctica espiritual (no estoy hablando de la religiosa, el chamanismo es método) de pueblos originarios con los que él convivió. El vio, en sus 50 años de investigación, que existe un plano espiritual, que tenemos la esencia espiritual pura y que todo ese entendimiento chamánico es esencialmente el mismo, incluso entre culturas que nunca se han visto las caras.

-¿Quién se puede convertir en practicante chamánico?
Toda aquella persona que sienta el llamado y la voluntad, puede ser practicante chamánico. De todas maneras, en mi humilde entender, no es acá cuestión de decir “aquí tengo un título, yo soy chamán”. Yo me llamo a mí mismo practicante chamánico, dejemos el nombre chamán para los ancestros. ¿Qué es? ¿Es un estatus? No, es un llamado que cada día se renueva. Si tú, periodista, madre, mujer de tu tiempo, te entrenas chamánicamente y luego la hija de la vecina viene y te pide su ayuda y para sorpresa de todos y para ti también, vienen mejoras y luego se corre el rumor en tu barrio, en tu ámbito, y otra persona te busca, entonces, finalmente, ahí está la mujer que se descubre a sí misma. Sigue siendo periodista, sigue siendo madre, pero parte de su tiempo lo dedica a, por ejemplo, ofrecer curación espiritual. ¿Qué pasó ahí? En la práctica, y que es como siempre ha pasado, la comunidad, tu comunidad, al recurrir a ti porque eres efectiva en tu trabajo, y porque eres ética, te está validando como su practicante chamánica. Entonces, ¿quién es o no chaman? Lo que importa es estar haciendo bienestar en la comunidad. ¿La gente recurre, tiene buenas experiencias, es efectivo el trabajo, está realmente causando bienestar? Entonces tú serías la chamana de tu comunidad y no hace falta poner un título.

-¿Se puede hablar de un don o poder especial?
-Habrá un fuerte llamado, habrá una voluntad de entrenarse, habrá mucho éxtasis espiritual y eventos en tu vida que te consoliden ese llamado, pero muy importante es saber que no se trata de decir “yo tengo poder para curar”, porque chamánicamente esa no es la lógica. La chamana o el chamán siempre es un ser humano entrenado en, como dice Harner, viajar hacia otros territorios espirituales o convocar espíritus aquí. Está entrenado en asociarse temporalmente con espíritus, con algo que es más grande que él y que él conoce. Estos espíritus conscientes tienen el poder para aliviar pena y sufrimiento o para curar lo que fuere, pero no viene de él o ella el conocimiento, ni el poder de curación, sino que viene de aquello con lo que se aprendió a asociar. La chamana o el chamán no es un ser que vive aislado, ni siquiera full time. No hay que ponerle mucho de clichés a la práctica y por más que culturalmente pueda haber procedimientos muy establecidos, formales, ceremonias de iniciación y demás, la comunidad siempre ha de validar a su chamana o chamán, según sea efectivo en su trabajo.

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-¿Cuál es el instrumento que guía esta práctica?
-En nuestras tierras, muchas veces se suele asociar la práctica chamánica con la ingesta de plantas psicotrópicas, mal llamadas plantas alucinógenas, pues son plantas visionarias. Es un procedimiento muy sagrado, es una forma en que chamanes y chamanas cambian su estado de conciencia, pero de hecho, solo un 15% aproximadamente lo usan. El método más universal de ayudar a ese cambio de estado de conciencia para viajar a realidades espirituales, para contactarse con sus espíritus de ayuda, es el sonido monótono, repetitivo, y ahí el tambor es un clásico. El tambor fue muchas veces prohibido por el invasor blanco, porque era un símbolo de la práctica chamánica y era un instrumento central, no el único, pero es lo más universal que conocemos. El tambor y a veces el movimiento, o el canto.

-¿La medicina tradicional puede comulgar con las prácticas chamánicas? ¿Conoces experiencias de prácticas en paralelo?
-Sí, por supuesto, el chamanismo no cura todo. Lo que nuestros ancestros sabían curar -conocimiento que afortunadamente se está recuperando y está siendo preservado- es el aspecto espiritual de los asuntos. ¿Puede tener un cáncer un aspecto espiritual para curar? Claro que puede, y en mi experiencia, casi siempre lo tiene. Entre mis estudiantes, en general, las profesiones más repetidas son de la salud. Creo que todas estas cuestiones que nos traen pena y sufrimiento, las enfermedades, pueden tener un aspecto espiritual para curar. Y de hecho, cuando esto se cura puede venir como resultado de una curación espiritual. Yo personalmente he estado en hospitales ofreciendo curación, y he sabido de estudios comparados que se han hecho en la misma Fundación de Estudios Chamánicos, donde se tomaban grupos de enfermos en hospitales y se les hacía un seguimiento de su evaluación con o sin curación espiritual chámanica, y los resultados eran sorprendentes. Yo creo que tenemos una medicina muy avanzada, que tenemos una psicología muy abarcativa -con Jung que abrió lo transpersonal, nomás que nos olvidamos, pero creo que vamos recordando- pero hay otro aspecto a entender, aparte del emocional y el físico, que es el espiritual.

-Pero ese olvido no es casual, hay una impronta ideológica…
-Claro que no es casual. Cuando surgió la palabra chamanismo fue porque en el siglo XIX había nacido la antropología social como disciplina, y no había donde hacer antropología social, de espiritualidad. Los pueblos de Norteamérica estaban conquistados por el blanco, habían tomado sus adicciones, sus enfermedades, su alimentación, estaban desganados, su cultura aniquilada, no se podía encontrar su conocimiento. En Sudamérica, bajo otro régimen, la práctica era considerada cuando poco como diabólica. En Europa pasó lo mismo. Pero justamente uno de los rasgos transculturales del chamanismo es la cosmogonía chamánica, que habla de un mundo de arriba, un mundo del medio y un mundo de abajo.

-¿Cómo es eso?
-Mundo de abajo y mundo de arriba no tienen nada que ver con eso de superior-inferior, infernal-celestial, hay que verlo como algo que hasta se puede intercambiar. El chaman te puede decir yo fui al mundo de abajo y entré y me encontré con mi puma y pasé por una cueva y me fui a otro nivel y ahí había un grupo de pájaros que me curaba y luego pasé por un bosque y estaban mis ancestros y sigo bajando y hay un volcán que me ha quemado hasta dejarme nada y después sigo bajando y bajando y sale al mundo de arriba. Mundo de abajo, mundo de arriba es realidad espiritual pura, es donde aprende a viajar el practicante para conocer a sus espíritus. Son realidades espirituales puras donde los espíritus o seres, por alguna razón están de voluntarios para ayudar al alivio de la pena y el sufrimiento humano.

-¿Qué les recomendarías a las personas que quieran acercarse al chamanismo?
-En Valparaíso existe el Círculo Social de Terapeutas donde hay talleres formativos sobre chamanismo. Tienen la puerta abierta, basta con decir que tienen el interés y se contactan con ellas. Ayudan chamánica y de otras maneras a la comunidad. Yo soy un admirador de su trabajo.

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