Genoveva: Ética y estética

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Por Marcelo Macellari / Imagen gentileza de Miradoc

Un tío que estuvo preso por matar a un tipo en un riña en un bar de Matucana allá por los años 60. Una hermana profesora de artes plásticas que vivía con otra mujer que era más que su amiga, según decía la nuera metiche, y más “viva” que todos juntos. Los primos pobres que la familia arribista no invitó al matrimonio porque no se sentirían “cómodos” entre las nuevas amistades de los novios. Una foto guardada en un cajón de lata, que se mojó con la lluvia en el patio de luz. O que apareció de improviso cuando desembalaron los libros con el cambio de casa. Una foto. Una imagen del recuerdo, olvidada por descuido -o quizás a propósito- es el punto de partida de Genoveva, documental de la realizadora nacional Paola Castillo.

Genoveva Soto Vásquez es la bisabuela de la directora del documental. De Genoveva solo quedan cinco recuerdos y un acta de defunción. Se sabe de ella que era morena, trabajó de lavandera, tuvo tres hijos y que fumaba mucho. Y que era mapuche. Mapuche en Chile.

La opción de la persistente directora de títulos como 74 metros cuadrados y La última huella, así como productora de la obra premiada en Cannes Allende, mi abuelo Allende, es ética pero también estética, algo que a veces olvidan los documentalistas chilenos por ese afán realista, de reportaje periodístico a lo “Informe Especial” noventero, que un adelantado como el surrealista Luis Buñuel ya en la década de 1930, con “Las Hurdes”, demostró puede importar un soberano rábano.

A veces, a Paola Castillo se le pasa la mano con lo estético y Genoveva se pone hasta ondera, como un buen video de Gepe. Pero, en definitiva, esto no es lo esencial del documental. O tal vez sí, porque la mirada es de una cineasta que comenzó a filmar en la década del 2000 y no de un director formado en la Universidad de Chile a principios de los 60, cuando por las venas de la América latina pobre y analfabeta corría sangre e ignorancia que presagiaba ya las dictaduras setenteras, los planes con nombres de aves de rapiña y las elites que hacen vista gorda e incluso colaboran para mantener el orden. El orden social y, sobre todo, el económico, que en definitiva es lo importante y que no por nada lo legitimó la democracia del arcoíris y sus estadistas amarillos, el presidente gerente y la madre de todos los chilenos, que protege, consiente y defiende a su vástago como leona. O como jaguar.

Y claro, la realizadora lo entiende y hasta ironiza con ello, al poner a Anita Tijoux, la más global y “étnica” de las cantantes chilenas, en las escenas que evocan a la protagonista de este trabajo audiovisual. Y es que en el Chile de hoy, moderno y ecologista, el de las redes sociales y de contacto, pero tan clasista y arribista como en los tiempos de la Belle Époque tercermundista, lo mapuche está de moda, como antes lo estuvo lo francés. Es hasta “pro” casarse en una ceremonia araucana con un cóctel ídem, usar joyas mapuches, que aparecieron en la revista femenina feminista de papel couché, combinadas con un pañuelo Pucci. Y, por supuesto, comprar hierbas en la farmacia mapuche, porque son mejores que los genéricos que comercian en las boticas coludidas. Y harto más barato.

Genoveva es una obra audiovisual que ofrece una radiografía social y étnica del país que está en el vecindario equivocado. “Aquí hay un problema antropológico cultural, de raza (…). Nos llaman huincas”, le señaló el Presidente Salvador Allende al realizador estadounidense Saul Landau, hablando de la cuestión mapuche, en una entrevista del año 1971, en pleno auge de las movilizaciones en la zona de Cautín. El mandatario habló, como está registrado en una joya documental de 13 minutos llamada Ahora te vamos a llamar hermano, de “una raza negada, degradada física y moralmente”. Han pasado 44 años de esas palabras y nada parece haber cambiado. Es triste, pero a la vez esperanzador, porque las nuevas generaciones tienen en sus manos hacer el cambio. O sus hijos, que ojalá se sientan orgullosos de su bisabuela o su tío abuelo mapuche, como lo demuestra la directora de este documental Paola Castillo.

Ficha técnica

Dirección: Paola Castillo / Producción: Paola Castillo / Duración: 68 minutos / Guión: Paola Castillo / Fotografía: Pablo Valdés / Montaje: Coti Donoso / Sonido: Boris Herrera – Roberto Espinoza / Casa Productora: Errante Producciones.

Premios y Festivales: Mención Especial del Jurado, Competencia Cine Nacional, Sanfic 2014 / Selección Competencia Largometraje Documental Antofadocs 2014 / Selección Competencia Iberoamericana Femcine 2015.

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