Fuera de la pantalla: Luminogramas del fotógrafo Fernando Aceña

Fernando Aceña, fotógrafo español con una estrecha relación con Valparaíso, presenta durante el mes de julio la obra “Luminogramas” en Galería CAMARALUCIDA. La exposición se puede visitar de lunes a viernes entre 11:00 y 18:00 horas y se encontrará abierta hasta el 2 de julio.

por Carlos Silva*

Hablar del trabajo del fotógrafo español Fernando Aceña, en este caso, está lleno de matices significativos que son inseparables del proyecto Cámara Lúcida. Esta escuela (co fundada entre Carolina Vásquez y Fernando Aceña) en sus 18 años como proyecto educativo constantemente ha instalado la necesidad de reconocer el origen de la imagen fotográfica y sus procedimientos análogos de producción, como un método intransable, unívoco para la formación fotográfica. Fernando, hoy fuera de la escuela y como primer expositor del espacio, sigue como en aquellos años, con una vocación que quizás para muchos era un gesto anacrónico y melancólico mientras sucedía la arremetida de la imagen digital. También hoy, y bajo una lógica reductiva, el insistir podría ser considerado como un coqueteo con la “onda dominante”, un “buen” negocio en un “buen” cerro de Valparaíso.

Fernando Aceña

La obra de Fernando es extensa, consolida investigaciones desde el retrato y el paisaje, y por otro lado, toda una ruta fenomenológica de la luz, la cual se consolida acá como luminogramas. Estos, los veo como un fuera de pantalla, un desvío, uno donde la imagen no se constituye en bytes, ni se visualiza en la luminosidad de una led, no tienen dimensiones en pixeles, carecen de precisión en sí mismas y menos apelan a la seducción de lo interactivo. También él, como autor, esquiva las pantallas y la necesidad de instalar un personaje extendido a la inmediatez de las redes sociales, por lo tanto también a todo aquello necesario y conducente a likes, sponsors, financiamientos, becas, etc.

Él usa “otras” pantallas, unas que se encuentra en el camino, en algún cerco o casa abandonada del desierto. Son, por ejemplo, de totora. Esta materialidad no es casual; sabemos de su camión, acondicionado como un gran aparato fotográfico móvil (Museo interactivo de la luz), y de su vocación pedagógica, que se extiende por la geografía retratando habitantes y registrando el paisaje, como aquellos grandes próceres del naturalismo. Lo interesante aquí es cómo estos parajes proveen una infinidad de filtros y membranas que Fernando transforma en aparatos de lugar y tiempo específico. Mi colega Nicholas Jackson describe estos trabajos como una especie de representaciones geo referenciales, algo así como un proto gps, donde el tiempo real es la tensión entre oscuridad y luminosidad, y la imagen resultante un tributo al paisaje.

Finalmente, creo que en estas superficies no está en juego solo la disputa entre la luz y la oscuridad, menos la mera obsesión compositiva en torno a líneas y círculos, aquí esta en juego aquello que Flusser define como libertad: la de un autor que reconoce su entorno y genera estrategias para someter el azar, la de uno que juega constantemente en contra del aparato.


*Artista visual y curador Galería CAMARALUCIDA

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