Feroz: rabia por la indiferencia

Por Sandra Rojas Barrera*

Decir que la realidad de los niños y jóvenes que viven en el Sename es un secreto a voces, significa permanecer en el lugar común de la prensa; conformarse con entrever un contexto social que ya todos conocen, pero pocos identifican como una problemática que les concierne. Feroz, uno de los últimos estrenos de Teatro La Peste, va un paso más allá.  Sin conformarse con presentar los abusos de los denominados centros de reinserción, hace un llamado de atención, una reprimenda directa al público que observa con distancia, lamentándose y criticando, pero siempre impasibles desde la comodidad de sus butacas.

Dirigida y escrita por Danilo Llanos, la puesta en escena que recientemente fue presentada en El Teatro Municipal de Valparaíso con butacas llenas es una crítica a la pasividad de los chilenos que, conociendo esta realidad, prefieren mantener los ojos cerrados. Inspirada en el libro testimonial Mi infierno en el Sename de Edison Llanos, Feroz utiliza el cuerpo de un grupo de adolescentes, un par de literas y una máquina de juegos, para sensibilizar sobre tópicos como la soledad, los abusos y la pobreza. 

A través de conversaciones coloquiales, discusiones, juegos y algunas apelaciones directas al auditorio, el montaje logra realizar un recorrido por emociones variadas, que fluctúan y mutan a medida que avanza la tensión dramática. Tristeza por las deplorables condiciones, rabia por la indiferencia del Estado y alegría por la inocencia de esos adolescentes que, en ocasiones, corretean por las tablas dejando ver que, pese a todo, siguen siendo niños.

Cada uno de estos actos transcurre frente a la indiferente mirada de la única adulta  —y  actriz profesional— en escena. Entregada a la metódica labor de descascarar verduras, observa con distancia, con una apacibilidad que desespera. Una figura completamente pasiva, que representa la indolencia de adultos, autoridades y parlamentarios. La indiferencia de un país entero. 

Cuando uno de los jóvenes lee la denominada Carta a la gente millonaria, lo que realmente hace, más que dirigirse solo a los peces gordos de esta sociedad, es apuntar a la audiencia. A aquellos ciudadanos comunes y corrientes, que van al teatro, se sensibilizan con una realidad ajena, pero hacen la vista gorda y continúan reposados con sus vidas. Hacer hincapié en la adopción —no de lactantes o niños pequeños, sino de adolescentes— más que una elección al azar del director, fue una asertiva forma de seguir apelando al público. Explicitar que la solución no solo está en manos de las autoridades, sino de todos y cada uno de los chilenos. 


*Participante de la Escuela de Crítica de Valparaíso

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