Fernando Mena: “Me gusta esta cosa caótica de la vida”

Por: Valentinne Rudolphy
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Si la vida fuese por categorías, Fernando Mena tendría varias. Actor, escritor, dramaturgo, músico y guionista, quizás más. Además, un hombre que busca ser feliz. Un hombre sincero e inquieto. Así es como él transita por Valparaíso, creando y luchando desde la a veces ingrata sociedad.

Pero la creación es su trinchera. Desde la que quiere luchar.

Hace unos meses se publicó la edición argentina de Hogar (2016), su primera novela de la mano de editorial Eduvim, lo que ha sido un nuevo paso en su carrera. Pero Fernando estudió teatro – si es que volvemos a hablar de categorías -. ¿Cómo es que llegó a este punto?

“Era muy poco artista cuando chico”, confiesa. Después de que en cuarto medio se aventuró a actuar en el colegio, su decisión apuntó a estudiar la disciplina en Valparaíso, en donde hoy se sitúa.

Y como en la vida, una cosa llevó a la otra y por el teatro se adentró en la dirección y dramaturgia, y de ahí en la escritura de guiones. Fue entonces que “salió algo” y ese “algo” tenía más tono de prosa. De ahí surgió Hogar (Editorial Kindberg), una especie de reflejo de la generación a la que Mena pertenece.

Precisamente, la novela refleja la búsqueda del mismo: la búsqueda de una identidad que a veces es difícil de encontrar.

¿Cómo te relacionas con el mundo?

– Trato de actuar con la mayor sinceridad posible. En los pequeños detalles, trato de hacerlo, porque así quiero que me traten a mí. Y la sinceridad se refleja también en el arte – creo que cuando hay sinceridad, hay belleza.

¿Cómo surge este acercamiento, esta aventura con la literatura?

– Yo creo que estaba en una búsqueda – la del hogar. Me invitaban a matrimonios casi todos los meses. Y yo siempre estaba en la mesa 11, en la última, donde están todos los rezagados. Y me llamaba la atención. No tengo pareja, no tengo ni me interesan grandes bienes materiales, pero igual me afectaba – ¿Qué es un hogar? Empecé con ese cuestionamiento. Y quizás ahora, 5 años después de empezar a escribir la novela, creo tenerlo un poco más resuelto. Fue de ese momento de mi vida que nació Manuel.

Manuel es el personaje principal de esta novela, que acompaña su vida y ciertos procesos de encuentro y desencuentro con el mundo y la gente que lo rodea. Pienso que de alguna manera, un poco inadaptado. Entonces le pregunto a su creador qué de este personaje hay en él.

Y son las etapas. El desencanto. La comparación con otros. Y en fin, algunos de los parámetros que aún nos rigen hoy en día, y nos atacan en la búsqueda de identidad. Él cita “Háblame de tu aldea y me estarás hablando de toda la sociedad”, y es que finalmente muchos comparten con Manuel, y por ende, con Fernando.

“La gente empatiza contigo desde su lugar”

¿Cuál es tu hogar hoy en día?

– Creo que estoy llegando al fin de esa reflexión. Siento que el territorio donde vivo es un poco más inteligible, después de los viajes, vivir en otro país, sentirme inmigrante, creo que hoy habito el planeta. Y mi hogar son las personas, mis amigos, mi familia, mi sobrino, con quien redescubro el mundo. Y que a pesar de que ese mundo va de mal en peor , todavía hay cosas que valen la pena en la vida, y ahí estoy, entre las cosas malas y buenas poniendo mi cuerpo, mi único hogar.

Cuando le pregunto cuál sería su eslogan, su bajada, entre risas me acota “Fernando Mena: el hombre que luchó todos los días por ser feliz, pero…”.

¿Qué lucha te identifica hoy en día? ¿hay algo por lo que creas estar peleando?

– Improvisar con la verdad. Ahora mi sobrino chico está con todo el tema de la muerte. Llega a unas reflexiones tan potentes, que me hace dar cuenta de que no estoy tan errado con lo que hago [el arte]. Mi lucha es mantenerme en eso. Siempre dispuesto a que las cosas puedan cambiar. Vivir con la tranquilidad y a su vez, el vértigo e intensidad de hacer lo que te gusta hacer.

¿Cómo lidias con la desesperanza del mundo actual?

– Me gusta mucho la arquitectura por ejemplo, y el otro día pasó lo de Notre Dame. Es un reflejo más del estado de las cosas en el mundo. Hay muchos haters, por ejemplo en las redes, con comentarios negativos para quienes compartían sobre el incidente de la catedral. Y entiendo, hay desastres más cercanos y más importantes sucediendo afuera de nuestras casas, en nuestro país y nuestro continente, pero enfocar la rabia en invalidar y agredir tras una pantalla a quienes subieron a las redes su foto junto a la catedral el día del incendio, me parece mala onda e inútil.

“Ahí es cuando uno se pregunta: ¿qué le pasa a la gente, por qué está tan a la defensiva? La herida Latinoamericana está latente evidentemente”, y reacciona a hitos como ese.

– Siento que lo que ha generado el capitalismo y estas economías neoliberales es que se piense que el tiempo es dinero. El tiempo de ocio, de escuchar un disco completo, ver una obra – se ve como una pérdida de tiempo, porque deberías estar produciendo. Y creo que de ahí viene la desesperanza un poco. Ahora todo es muy instantáneo, no hay profundidad ni siquiera en las relaciones personales. Se vuelve algo muy frío. Y ahí me siento desesperanzado: cuando es más importante comprarte un auto, que pasar tiempo con tus seres queridos. Aunque suene hippie.

“Todavía nos vibra algo. Nuestro cuerpos son orgánicos, no somos cyborg. Aunque tal vez vamos para allá”

La novela se sitúa en estas luchas compartidas, porque lo que habla el autor refleja un estado mental de la sociedad, según él, específicamente de su generación. Hay quienes, como Patricia Espinosa (LUN), catalogaron este trabajo como cursi, entre otros adjetivos. Mena tomó esto y lo transformó.

Espinosa lo destruyó y él se alegra de que haya leído su obra. “De hecho me sirvió porque le dio título a mi segunda novela que se llama Cursi. Cuando ella dijo eso, yo dije ok, “no me voy a defender, le voy dar la vuelta”. Y es primera vez que da estos detalles.

Eso me lleva a una curiosidad más: ¿Qué derrota administras hoy?

– Que me tenía que aprender un texto para hoy y me falta la mitad (risas). Pero… sí, hay cosas que me afectan para bien como el cambio de paradigma y el feminismo. Aprendiendo eso y ver lo machista que era o que aún soy, y que es la sociedad, y aquellos micromachismos que están arraigados. Siento que he tenido muchas derrotas en comenzar el proceso de deconstrucción, y me doy cuenta de cuantos errores cometo y he cometido. Pero yo no soy el que tiene que hablar ahora, esto no se trata de mí. Tengo súper claro que esto no se trata de nosotros (hombres).

Comprende que estamos en un proceso – como lo que pasa en Hogar, como lo que pasa siempre – y está bien que empiece a ocurrir, “que cambie esto de una puta vez”.

¿Cuál es tu propósito actual?

– Hacer lo mejor posible lo que estoy haciendo ahora. Ese es mi objetivo. Lemebel dijo en una entrevista que él no se proyectaba más allá de mañana a las 10 de la mañana, que seguramente estaría con algo de resaca era lo único seguro. Y fuera de broma, aquello creo que me define.

¿Te has imaginado alguna vez elegir uno de estos destinos prefabricados de los que has hablado, alguno de los prototipos de vida que existen? Si no fueras tú hoy día. ¿Cuál es el destino más amable?

– No lo sé en realidad. Cualquier cosa sería súper incómoda. Incluso en mis periodos de más cansancio, o cuando me costaba llegar a fin de mes, pensaba que me encantaría tener una casa chica frente a la playa junto a un árbol de mango, y sería el hombre más feliz de la vida. Pero no… me gusta que la vida tenga texturas, tenga matices, caos y desventuras.

Actualmente, Fernando Mena se encuentra ad portas de presentar Hogar por Argentina, junto con Editorial EDUVIM.

¿En qué más te podemos encontrar?

– Para el segundo semestre viajo a Lima, al rodaje del largometraje “LXI (61)” dirigido por Rodrigo Moreno Del Valle, adaptación cinematográfica de mi obra “15 años después

Y para julio está la apertura en Valparaíso de mi práctica escénica “Arraigo (y Pasado)” segunda parte del proceso creativo que estrené en Madrid el año pasado, además de dos obras en las que participo como actor.

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