Fabiola Ruiz, dramaturga: “Chile es bien neurótico para enfrentar sus temas de dolor”

 

Réquiem se estrena el jueves 23 de noviembre a las 20 horas en el Parque Cultural de Valparaíso.

 

La Malinche Teatro estrena el jueves 23 de noviembre su nueva puesta en escena: Réquiem, que centra su inspiración en las “otras” víctimas de la dictadura. Conversamos con su dramaturga Fabiola Ruiz. 

Por Karo Torres

La dictadura entró en todas las casas de Chile”, declaró el escritor Armando Uribe, palabras que sirven como principal unión entre nuestra realidad actual y un pasado que se vive entre pactos. Pero, ¿cómo se replican esos mecanismos de silencio entre cuatro paredes? Reflexión que resulta ser el fondo motivador para explicar lo que se desprende en el próximo estreno de La Malinche Teatro: Réquiem.

Fue con el montaje El Abismo de los Pájaros, que la compañía logró posicionarse nacionalmente,  alcanzando consolidación dentro de la escena teatral chilena. La historia de una mujer Kawésqar de Puerto Edén, escrita y dirigida por Fabiola Ruiz y asesorada por Juan Radrigán, logró poner en valor la memoria indígena y fue destacada en el Festival Nacional de Invierno Calama FENTIC 2015.

Actualmente, la compañía sigue en el rumbo de la memoria nacional. Esta vez, la obra  transcurre dentro los muros de una casa familiar que arrastra una historia personal involucrada con los procesos heredados generacionalmente. Una madre, dos hijas y un hijo, reconstruyen esta realidad en la intimidad.

Fabiola sigue interesada en lograr conmover desde lo testimonial y sensible, algo que compara como, “mirar a través de una cerradura”. Conversamos con ella para saber de qué trata su obra y la importancia de hacer teatro con personajes que traspasan memorias marginadas del discurso oficial.

¿En qué se encuentra actualmente La Malinche Teatro?

–Estamos en proceso de creación de Réquiem. Con esta obra empezamos a abordar lo que sucede tras los muros de una casa donde vive una familia que está implicada en los crímenes de lesa humanidad, infringidos en la dictadura de Augusto Pinochet. Específicamente, una familia cuyo padre está siendo implicado por casos de tortura y asesinato. No es la historia del padre sino de la familia. Lo que nosotros en el proceso de investigación hemos desarrollado se denomina -en Argentina- como las otras víctimas de la dictadura: qué sucede con esos hijos y su familia 30 años después.

Siguen trabajando con la temática de la memoria ¿Cómo se relaciona esta nueva obra en el proceso creativo y de construcción anterior?

–Hay varios lugares que se relacionan y que están íntimamente ligados. El primero tiene que ver con la temática, la cual busca rescatar los testimonios que están fuera  de la oficialidad. En el caso de El del abismo de los pájaros, fue rescatar el testimonio desde una mujer Kawésqar; en Réquiem es sobre lo que sucede en el espacio íntimo de una familia que carga con el peso de la tortura. Desde ahí nosotros situamos el ojo escénico. Hay una relación que es política desde un centro extraoficial, pero también hay un conflicto humano personal que tiene directa relación con Chile. De esta manera, la mujer Kawésqar  al ser visitada por un abogado para que venda sus tierras, desata un conflicto humano, emocional y étnico, y también se pone al descubierto un conflicto político sobre el Estado de Chile con respecto a sus pueblos originarios. Con Réquiem pasa lo mismo: fijamos la mirada tras los muro de una casa, para hablar sobre qué sucede en los espacios de silencio, donde habitan testigos ocultos que generalmente no salen a la luz, porque cargan con una historia que es muy conflictiva. Es un espacio oscuro.

“Mi idea es capturar una memoria ajena que conmueve porque es experiencia de vida, aunque se esté a favor o en contra de lo que allí sucede”

¿Cómo se articula el discurso de la memoria nacional?

–El discurso lo trabajamos dramatúrgicamente en base a construcción de cuadros, mirando como por el ojo de una cerradura momentos de una vida. Desde ahí seguimos con cierta narración cinematográfica. La historia no es lógico causal, porque decido entrar a un lugar donde no soy invitada. Mi idea es capturar una memoria ajena que conmueve porque es experiencia de vida, aunque se esté a favor o en contra de lo que allí sucede. El teatro debe capturar el testimonio, porque los personajes  a veces están confundidos en esa experiencia y enRéquiem, son personajes extraviados dentro de su propia historia familiar.

¿Por qué surge el interés de escribir sobre estas otras víctimas?

–Partí escribiéndola el año 2016. Nació de un ejercicio que realicé con Luis Barrales en un taller de Dramaturgia que tomé en la Universidad Arcis el año 2014. En ese ejercicio tenía que instalar a tres personajes donde hubiera una verdad que, al instalarse, modificaba la línea narrativa de la obra. Justo el año pasado comenzaron a darse a conocer testimonios de conscriptos que empezaron a romper el silencio existente dentro de la institución militar chilena. Esta carga y silencio me inspiraron a meterme en estos muros. Algunos declararon como fueron parte de una máquina de muerte durante la dictadura. Producto de eso, leí  un artículo que relataba la historia de una hija que le pidió a su padre torturador que confesara y se hiciera cargo de su culpa. Comencé a investigar sobre  los hijos de torturadores en Chile, encontré que hay muy poco material. Hay  mucha información sobre algunos hijos de torturadores de Argentina y Alemania.

 


Réquiem
es una obra inspirada en una parte de la historia nacional que divide ¿Qué opinión te parecen los comentarios que aluden que en Chile se hace demasiado arte en torno a la dictadura?  

–Yo creo que Chile es bien neurótico para enfrentar sus temas de dolor. Es una constante que los temas difíciles o conflictivos se dejen un poco de lado, porque cuesta asumir  con responsabilidad los dolores que cargamos. Desde ahí surge la mirada negativa, que nos enluta y separa. Yo estoy de acuerdo con todos aquellos que plantean que sin verdad, sin reparación, no habrá justicia y menos perdón.  Creo que desde ahí es necesario instalar estos temas. Personalmente, no construyo las temáticas desde un interés debido a la contingencia, pero creo que un artista es un hombre o mujer de su propio tiempo y responde a los sucesos que lo van armando.  El teatro debe construir desde la ficción la realidad que no es fácilmente tratada, porque instala una mirada y posibles estados de conversación. Chile es un país con mucho tabú, es necesario volver, pero no de un modo duro o tremendamente doloroso, puede ser trabajado desde la ironía o el humor. Yo siempre busco trasmitir una experiencia, no busco adoctrinar pero, ¿cómo logro conmover al espectador?: instalando vida. Para mí el teatro está en permanente ficción con la realidad.

La posmemoria y los pactos de silencio

Explícanos la relevancia de la posmemoria o también llamada memoria heredada en la construcción de la obra.

–Es una memoria heredada como recuerdo y experiencia, que te determina y te hace salir a un lugar determinado y moverte en la vida de un modo distinto, ideológicamente, emocionalmente. Esas experiencias, que están pasadas por el cedazo de estos hijos de torturadores, representan una memoria que es parte del Chile actual y que yo sé que hay muchos que cargan con algo muy potente. Dentro de la obra, todo lo que se construye es ficción, desde la dramaturgia y la hipótesis de como esos mecanismos de violencia ejecutados por los militares en la sociedad, de cierta manera, se debió reproducir dentro de la casa.  Ahí está la experiencia, cómo ellos traducen su experiencia.

¿Cómo ha sido el proceso de creación del montaje en torno a esta memoria?

–Parto de la idea de que la posmemoria, este contenedor de experiencias que los personajes cargan de forma personal y que se vive tras los muros, no es oficial. Se trata de un terreno dividido, porque es difícil convivir con eso. Más allá de estar de acuerdo o no, la sociedad la está juzgando. Esa memoria, que también es legítima, porque acontece como situación de país, es delirante y es un lugar que no es claro. Por eso, todos los elementos de la puesta en escena se configuraron bajo la asesoría de Eduardo Jiménez, para rescatar un espacio que no es literal, sino que responde a lo que pulsa. Nosotros hablamos de un espacio que es inquietante porque hay muchas experiencias contenidas, algunas son de mucha luz y otras oscuras.  Y ese fue el desafío para la construcción del espacio y los personajes. La construcción de los espacios está condicionada por la iluminación, usamos un  espacio reflectante para usar distintas gamas de colores, los espacios metafóricos y emocionales son construidos desde la iluminación.

“El teatro debe construir desde la ficción la realidad que no es fácilmente tratada, porque instala una mirada y posibles estados de conversación”.

 

RÉQUIEM

Estreno:
Jueves 23 de noviembre 20.00 hrs. Teatro Parque Cultural de Valparaíso.

Funciones Público general:
24,25, 29, 30 de noviembre – 01, 02 de Diciembre a las 20:00 horas. Teatro Parque Cultural de Valparaíso.

Función para estudiantes:
22 y 23 de Noviembre –  11:00 hrs. Teatro Parque Cultural de Valparaíso.

Localidades:

Martes 28 de Noviembre – Villa Alemana –  Teatro Pompeya- 11.00 hrs.
Martes 5 de diciembre – San Antonio –  Teatro  Centro Cultural San Antonio – 11.00 hrs.

 

 

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