Exijo mi derecho a amar en paz

Por Carolina Ibarra

Tengo 28 años. Mi novio tiene 29. Nos conocimos hace 10 años en la universidad. Fuimos amigos por todo ese tiempo. Tenemos una amistad cómplice. Nos celebrábamos los amores, lloramos juntos los desamores, nos aconsejamos en la vida y, por esas cosas del destino tenemos una hermosa relación hace 10 meses. Es de esos amores bonitos, de esos que son pura felicidad. Mi novio es bacán, es escritor, tiene un trabajo como todas las personas, tiene una gata, vive con un amigo y conduce una moto.

Katrien De Blauwer

Katrien De Blauwer

Bajo la misma estrella; La teoría del todo; The Notebook, y otras tantas películas tienen algo en común: todas tratan de grandes amores donde uno de los protagonistas tiene alguna enfermedad grave, no transitoria, ni crónica, una enfermedad que lo puede llevar a la muerte. Estas películas emocionaron a muchas personas, inspiraron a tantas otras, idealizaron el amor y lo que significa amar a alguien con una enfermedad. Mi novio tiene una enfermedad muy grave desde hace 15 años, una enfermedad grave que todos pueden observar a simple vista. Ha pasado la mitad de su vida sano y la otra mitad enfermo, con riesgo de muerte. Ser hoy su novia, no es como en las películas. Amar a alguien enfermo es muy diferente a lo que vemos en el cine. En la vida real ese amor no produce a las personas emoción, ilusión ni inspiración. ¿Por qué? Por una total falta de empatía, por extrema curiosidad o por estupidez.

Me han dicho cosas como que soy demasiado dependiente y por eso “necesito a alguien enfermo” junto a mi, que no me involucre tanto con su enfermedad, que yo podría encontrar a “alguien mejor”. La sociedad con los enfermos es castigadora, y castiga no solo con las palabras, también con las miradas: muchas veces he sentido el escrutinio público en el mall, en la calle, en el teatro y en lugares donde hay muchas personas. Me repasan a mí y luego a mi novio, nuevamente a mí y nuevamente a mi novio. Constantemente me repito que da lo mismo, que no vivo por ellos ni para ellos. Pero las miradas me hacen sentir incómoda, porque él se siente incómodo. Finalmente, es una molestia que gente que no conocemos crea para nosotros que solo paseamos sin transgredir ninguna norma, ni nada. Es la sociedad la que se siente incómoda con lo que no entiende y traspasa esos sentimientos al objeto de su incomodidad.

Si amas a alguien enfermo, las personas no lloran con tu historia, te enjuician.

En las películas todo se trata sobre el amor que sienten los protagonistas, nada se trata sobre la enfermedad, por lo que nunca vemos los episodios de crisis del enfermo tal y como son en la vida real. Cuando se es pareja de alguien, lo natural es pasar tiempo juntos, por lo que esos momentos de crisis, como el extremo dolor, no ocurren solo cuando está la familia presente, sino que muchas veces a uno le toca tener responsabilidad en afrontarlos. Cuando eres “solo novia”, y no eres familia, no tienes derecho a contención, no tienes derecho a hablar con la gente de la enfermedad de tu novio porque al parecer “tú te lo buscaste”. Muy pocas personas toman el peso a lo que vives día a día. Como alguien me dijo por ahí: “sarna con gusto no pica”.

Por último, el deber de justificar el amor. Incisivamente muchas personas me han preguntado por qué estoy con él. ¿Por qué estás con él si está enfermo? Porque es bacán, me hace reír, me contiene, me ayuda a crecer como persona, me ayuda a ser una mujer independiente, cocina rico, es un bailarín bacán, me envía cartas de amor por correo, el trabajo que hace es inspirador, me enseña de arte y de muralistas cuando vamos por la calle, siempre está dispuesto para el happy hour, porque me recomienda lecturas, me hace sentir admirada, acompañada, querida y, por sobre todo, feliz. ¿No es suficiente? Para la sociedad en la que estamos, al parecer, no. Es casi como si una persona enferma no mereciera todo el amor que puedes darle.

A todos alguna vez nos ha tocado estar enfermos y experimentar todas las molestias corporales que ello conlleva. Perderse un evento importante por una gripe, tener que ir a trabajar con dolor de cabeza o dolor de estómago, perderse el mejor concierto de tu vida por estar con varicela. Y mientras estamos enfermos, el dolor, la sensación de estar imposibilitados, la molestia que sentimos que ocasionamos a otros que nos están cuidando y los síntomas propios de la enfermedad que tenemos, nos abruman y nos hacen solo anhelar estar mejor. Y cuando la enfermedad ha pasado, pareciera que nada de nada nos hubiera ocurrido antes y olvidamos todo ese malestar. Ahora imagínense lo que es intentar cada día tener una vida normal estando enfermo. Mi novio lo intenta hace 15 años. Yo lo intento con él hace casi un año.

Lo que hoy quiero es ir de la mano de él por la calle y que nadie se voltee a mirarnos. Ir a algún restorán y poder tener una comida tranquilos. Que nadie me pregunte de forma molesta por qué estoy con él. Quiero que nadie nos interpele en la calle con la pregunta “oye, ¿qué te pasó?” como si de verdad tuviéramos una obligación de dar una respuesta a su pregunta. Quiero que nadie me mire con lástima. Que la gente entienda que amar a alguien enfermo no tiene nada de malo. Todos vamos a pasar por eso. A algunos les toca amar a su pareja enferma cuando están viejitos, a otros más jóvenes. Los hay quienes tienen parejas que se enferman transitoriamente muchas veces en el año y hay algunos a los que nos toca enfrentar la enfermedad con juventud.

Acompañar a alguien en una enfermedad grave es difícil, pero a la vez hermoso. Todos los días hay que ser resilientes, cada mejoría se celebra, cada día se disfruta, aprendes a mirar el mundo desde otra perspectiva, hay cosas que dejan de ser importantes y otras que pones como máxima prioridad en la vida. Hay días malos, y hay días buenos como para todas las parejas. Pero por sobre todo, hay amor honesto y sincero, amor desde la guata, de ese que hace que dejes todos los miedos por otro. Nadie en el mundo puede aliviarnos los dolores ni puede acompañarnos en momentos de crisis, no quiero que se inspiren con nuestra historia, que nos aplaudan en la calle, que lloren conmigo, lo único que pido, es mi derecho a amar en paz.

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