La evolución del Barrio San Juan de Dios a través de los siglos

Dentro de las llamadas “Rutas Patrimoniales”, el Barrio San Juan de Dios comprende los cerros Yungay, Panteón, Cárcel y San Juan de Dios. Actualmente, el eje principal de este barrio, la Subida Ecuador, lleva décadas identificada con el estigma del carrete y el desorden, lo que dificulta enormemente la apreciación de la majestuosa arquitectura y la particular historia local que posee y que llevó más de doscientos años en conformarse.

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Foto histórica: Vista al Cerro Panteón desde el Cerro Concepción (bibliotecaseverin.cl)

Por Boris Kúleba y Francisca López*

La llegada de los dominicos a comienzos del siglo XVIII fue clave en la historia de esta comunidad. En lo que actualmente se conoce como Avenida Elías, tras el terremoto de 1751, los monjes de la Orden de Santo Domingo levantaron su templo y convento, dando inicio al desarrollo urbano de los cerros Panteón y Cárcel. Las constantes epidemias registradas en Valparaíso a comienzos del siglo XIX y la preocupación por las condiciones higiénicas y de salud de la ciudad dieron a este sector una connotación y una finalidad sanitaria: se construyen en esta época los cementerios, la cárcel y un ahora inexistente hospital. Las tradicionales caballerizas de calle Dinamarca albergaban las carrozas y los caballos destinados a la actividad fúnebre y sanitaria y en este contexto, hasta la década de 1950, la celebración del Día de Todos los Santos era una de las fiestas tradicionales más importantes en Valparaíso.

No es entonces extraño que a fines del siglo XIX la familia de un doctor, el cónsul de Dinamarca y benefactor de la ciudad Jean Thierry, se instalara en el cerro Panteón en terrenos donados por la municipalidad. A los pies del cerro, en la Subida Ecuador, se ubicaba el consulado danés y varios más. Eran los años de gloria del barrio y Panteón se llenó de preciosos conjuntos habitacionales, en una red de escaleras que conectaban el plan y calle Dinamarca que se conservan hasta hoy. El sector contaba, además, con un ascensor que funcionó por más de 50 años.

Barrio San Juan de Dios, Guía de Arquitectura de Valparaíso

Barrio San Juan de Dios, Guía de Arquitectura de Valparaíso

El terremoto de 1906 modificó gran parte de la fisonomía social y arquitectónica de Valparaíso. Hasta ese entonces, el Estado sólo fiscalizaba las condiciones sanitarias y fomentaba las edificaciones, pero los responsables de la formación urbana eran las sociedades filantrópicas; congregaciones y fundaciones religiosas; los propietarios de los terrenos; las municipalidades y las cajas de ahorros de la capital. Tras la catástrofe, se dictó la “Ley de habitaciones obreras”, pionera en Latinoamérica y que dio comienzo a la tradición de asistencia habitacional de parte del Estado de Chile. Las organizaciones populares en ese entonces tenían como principal reivindicación las demandas por el mejoramiento de las condiciones de vivienda y los precios de los arriendos. La burguesía y las clases medias emergentes exigían del estado un sistema de asistencia a las clases postergadas que se reflejaron en la institucionalización de la problemática de la vivienda y en el incentivo al ahorro promovido por la Caja Nacional de Ahorros. En 1910 se realiza el primer loteo destinado a la clase obrera a los pies del cerro San Juan de Dios y entre 1923 y 1925, y mediante su gestión el arquitecto Alfred Azancot, se urbaniza el sector convirtiéndose en la actual Población Lord Cochrane. Se construyen 60 viviendas en 34.000 m2 en un sistema de adquisición basado en cooperativas de empleados. La Caja implementa un esquema residencial masivo y planificado, rescatando valores propios del entorno y adaptado estupendamente a las condiciones topográficas, complementando la hermosa arquitectura con espacios públicos y equipamientos comerciales que aportaban al barrio.

En los años 70 ocurrió una catástrofe que, quizás, fue peor que el terremoto de 1906: los embates de la dictadura, la desprotección industrial y el incentivo a las importaciones hizo que las principales industrias locales cerraran sus puertas. Comenzaría la época de incertidumbre y de retroceso en Valparaíso. El borde costero, por “razones de seguridad”, sería desde entonces inaccesible para los ciudadanos por orden del régimen imperante. La política impuesta dejó en manos del mercado el desarrollo urbano, lo que implicaba la amenaza de acabar con la planificación que había hecho de esta ciudad y de este barrio lo que costó siglos conseguir.

Conjunto Montgolfier, Guía de Arquitectura de Valparaíso

Conjunto Montgolfier, Guía de Arquitectura de Valparaíso

En julio del 2003 la UNESCO declaró a Valparaíso como ciudad Patrimonio de la Humanidad. El barrio está dentro del área declarada como “el anfiteatro”, lo que en cierta medida, y salvo alguno que otro permiso conseguido mediante artimañas, ha protegido la fisonomía del sector de la voracidad inmobiliaria del mercado, aunque no ha evitado su evidente deterioro. La nueva amenaza es la especulación patrimonial, que ha incrementado de manera grotesca los precios de la vivienda y ha alejado a los tradicionales habitantes. La connotación “bohemia” incivilizada del eje principal del barrio, la Subida Ecuador, ha afectado notablemente la calidad de vida de los vecinos y la sensación de abandono generalizado de la ciudad se ha hecho sentir fuertemente en el sector. Pero, como tras cada catástrofe, la conformación del barrio y de la ciudad está constantemente replanteándose y al igual que en sus inicios, en su época de gloria o en la conformación del barrio, son sus actuales habitantes quiénes decidirán como gestar la próxima evolución.

En este período en que se discute y cuestiona la participación ciudadana en la planificación de la ciudad por los próximos años, sería bueno considerar las estrategias que existían cuando sí había un plan de desarrollo y el destino del territorio consideraba a los propios habitantes en su ejecución, cuando se generó un barrio para vivir con servicios necesarios para una comunidad integrada por gente que realmente “pensaba” Valparaíso.

*Este artículo fue realizado en el Taller de Periodismo Ciudadano, en el contexto de los Talleres por Trueque de Patio Volantín.

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