Eric Carvajal: el editor infame

Eric Carvajal, editor independiente / Fotografía: José Mogrol / Estudio: Cámara Lúcida

 

Me hice editor y librero en 1999 durante una crisis económica. No había trabajo para lo que yo hacía -periodismo y marketing- así es que había que inventárselo. Mi primer hijo venía en camino y yo tenía que sacar algo de la nada. Un amigo me encargó hacer una antología que salió con el cambio de siglo. Logré hacer ese libro con fotos, una selección de poemas, y me pagaron por hacerlo. Me di cuenta que podía dedicarme a eso. A partir de esa antología surgieron nuevos autores que querían sacar libros. Por esos años sólo había editoriales universitarias, emprendimientos auto editados, individuales. Poetas que iban a una fotocopiadora y salían con un libro en la mano. Entonces pensé ¿por qué no fundar una editorial independiente? Así nació Cáfila, como las antiguas mafias del puerto. La mía era la cáfila del libro. Con un grupo matonesco y mafioso hicimos una fama que me ha perseguido toda la vida. No voy a mencionar a ninguno. Uno tiene una orden de arresto pendiente. Otro, un estafador, se fue a Santiago. Gente de mala fama. Yo no. Si yo fuera mafioso, me dedicaría a algo lucrativo: especularía con las inmobiliarias, quemaría inmuebles. Eso es ser mafioso. Yo hago libros, nada más.


Por Alejandra Delgado

 

¿Cuantas editoriales tienes actualmente?

–Tengo varias, Narrativa Punto Aparte, Emergencia Narrativa y Caronte. Y con esas editoriales, separo. Por ejemplo, Emergencia Narrativa publica autores nuevos, jóvenes, primerizos, proyectos raros. Narrativa Punto Aparte, autores que ya tienen su trayectoria, pero que no son consagrados, tienen algunos libros, alguna gente lo conoce en su círculo y dan el siguiente paso. En Caronte son autores adultos, o son libros pagados por el trabajo de edición, o compilados de talleres de escritura. Yo ofrezco porque surge mucha gente, mucha creatividad, se entusiasma la gente al publicar, salen con su libro o cuento y ahí empiezan. Baradit surgió de una antología, surgió de la TXT de Puerto de Escape. Bizama también.

¿Algún autor o autora que partiera publicando en tu editorial y le haya ido bien?

Yo soy como el Dr. Frankenstein, he creado muchos engendros y muchos se han vuelto en mi contra, porque les he dado la vida. Hay algunos autores que son más agradecidos que otros que sí puedo mencionarlos.

¿A los engendros no los puedes mencionar?

–No, a los monstruos no puedo mencionarlos porque siguen haciendo daño. Como yo me dedico a la narrativa emergente, busco gente nueva y yo las saco a la luz. Cuando llegan a mí, no son nada. No tienen un nombre, no saben como titular el libro, no saben quiénes son en realidad. Yo tomo a esa persona que está en formación y la convierto en un escritor, y lo más importante, en una figura literaria.

¿Qué es una figura literaria?

–Es un escritor que puede relacionarse con los medios, capaz de dar entrevistas, de buscar críticas, de ir a ferias, a foros, a conversatorios, de participar en todas las actividades que pueda para darse a conocer. Eso es anexo a la publicación de un libro. Están los autores que son ermitaños, que escriben el libro y creen que haciendo la mejor obra tendrán la mejor oportunidad. He tenido libros excelentes en el catálogo, pero los autores son tan poco movidos que ahí pasan.

¿Y cuáles serían los “agradecidos” que podrías nombrar?

Rodrigo Ramos Bañados, que ahora pasó de la editorial que tenemos, Narrativa Punto Aparte a Alfaguara, logrando un buen contrato.

¿Hay algún otro autor destacado que hayas publicado?

–Tengo que hacer mucha memoria, pero no voy a mencionar a nadie de quien me pueda arrepentir. El Nicolás Cruz Valdivieso que publicó con nosotros, y No le debo nada a Bolaño. Y le ha ido bien, ahora está con otra editorial, Oximorón, un libro que yo no quise publicar porque no iba con la línea del catálogo. Pero El Cristo Gitano es un libro tremendo. Un libro de otro nivel, que no parece escrito por un chileno. Recién después de un año lo tomó en serio la crítica, lo lanzamos, lo promocionamos, lo regalamos. Hicimos una colección gigante para que no fuera un libro incómodo. Todo con capitales auto gestionados, lo colocamos en librerías y no pasó nada. Hasta que a la Paty Espinoza se le ocurrió agarrar el libro, y fue una de las críticas más elevadas que ha hecho. Y subió y empezó a venderse, nos quedamos cortos, no se puede estar reponiendo un libro tan grande porque sí.

¿Y qué pasa si el crítico no convierte a la figura literaria en tal?

–El crítico ayuda en cierta medida, pero lo que más ayuda son las entrevistas y la aparición en medios de comunicación. Ahí se pega el salto, cuando el autor aparece en la tele o en cualquier programa, o en algún medio masivo.

¿Pero también tiene que ver con su trabajo no? Puedes ser un autor o autora muy mediático y vender más que nada por eso, como Baradit…

–Mira, Baradit es increíble porque ha hecho un trabajo de promoción increíble. 24/7 promocionándose. Muchos tienen el pudor de hacerlo.

¿Hay escritores que son buenos y que no necesitan promocionarse? ¿Cómo trabajan las grandes editoriales en ese sentido?

–No sé cómo trabajan las grandes editoriales, es un misterio cómo pagan por publicidad, etc. Sólo sé del tema y el mundo independiente. El autobombo es necesario, mucho ego y que sea la gente la que decida si es buen o mal escritor. Aquí está el libro, te guste o no. Hay que promocionarse, lo mismo en la editorial independiente, hay que elevar a los autores que se publican.


EL VALOR DEL LIBRO

¿Cuál es el valor que tiene para ti un libro impreso?

–Es extraño porque debería ser más barato que antes, pero el papel ha subido y se ha convertido en un insumo al nivel del plástico. En algún momento será condenada la industria que trabaja con celulosa, que contamina más que la que hace plástico. Eso acerca al libro a un artículo de lujo. El libro cada vez va subiendo más de precio. Hay mucha tecnología digital que ahora se ocupa para hacer libros a pedido, pero la máquina que los hace es carísima, y sube el precio. Y lo otro es el valor que la gente le da al libro. Históricamente he tenido el precio de cinco mil pesos por libro, hace años, y ha sido invariable. Si lo subo a ocho o diez mil, lo dejan de comprar. Y si lo bajo mucho también. Porque los dos extremos de la cadena -los que lo encuentran demasiado caro y los que lo encuentran demasiado barato- lo ven como algo sospechoso. Entonces dispongo ese precio para venderlo y comercializarlo, y siempre lucho contra la falta de interés de la gente para darle valor al libro. Nunca se considera el trabajo que tiene hacer el libro: diseñarlo, editarlo, reunir el material para hacerlo. No se considera, ni se cuantifica. Eso es algo que se regala cuando haces un libro.

Y en 18 años de trabajo editorial, ¿dirías que se ha intentado poner el libro en valor más allá del dinero o el objeto?

–Se ha logrado establecer un valor de un libro nuevo que no se veía antes, por ejemplo, un libro de editorial independiente, son libros choros, entretenidos, difíciles de conseguir; y que siempre están a disposición de la gente en las ferias, no siempre en librerías. Ese público es muy fiel, te sigue a todos lados, compran los libros, siguen las novedades y empiezan a surgir lentamente autores que van escalando posiciones, yendo a otras editoriales más grandes y desarrollándose como escritores. Entonces, el libro, aunque sea un libro cartonero, mal hecho; o bien producido y de lujo, tiene el valor de ser el primer libro de un autor desconocido, que posibilita el desarrollo de dicho autor. Si el autor no tuviera la posibilidad de publicarlo, no se desarrollaría, quedaría estancado en un sólo estado escritural. A mucha gente que conozco de la tercera edad, que nunca tuvo la posibilidad de publicar y que tiene un montón de escritos, de cuentos, cuadernos donde anotan de cuando estudiaban humanidades, no los desarrollaron nunca. Son como escritos adolescentes, hechos por adultos mayores. Escritos donde están recién descubriéndose, porque nunca tuvieron la posibilidad de publicar. Por eso es tan importante publicar. Una vez que sale el libro, tú lo ves impreso y te das cuenta del trabajo que hiciste. Ese es el verdadero valor, no las cinco lucas que te digo.

¿Cuántos libros sacas al mes?

Dos títulos diarios. Ayer me quedé hasta tarde trabajando porque saqué seis. Trabajo para muchas otras editoriales.

¿Participas en alguna agrupación de editoriales?

–Participo de la Cooperativa de Editores de la Furia que tiene varios altos y bajos. En este país trabajar en grupo, trabajar en cooperación, es muy difícil. Como en todo grupo humano hay un subgrupo que es el que hace la pega. Y hay otro que lo rodea y que se aprovecha de los poquitos, que critica, que rema para atrás, pero que hace ruido. Así funcionan las cooperativas. Son pocas las editoriales que hacen el trabajo de promoción y cooperación, y el resto mira. El pensamiento cooperativo es muy difícil de desarrollar porque ya no tenemos la crianza, es todo individual. Hay varias editoriales independientes, nunca nos reunimos en una sola gran editorial. Todos la quieren llevar, todos quieren cambiar las cosas, pero no les basta con eso, tienen que protagonizar el cambio, quieren todos ser el redentor. Tienen la idea, se le ocurre y son una figura. No se conforman con estar desde las sombras trabajando, que es el peor trabajo de un editor.

Fotografía: José Mogrol / Estudio: Cámara Lúcida

¿Te consideras un solitario del trabajo editorial?

–Soy considerado por muchos, un intratable.

¿Por qué?

–Por varias razones. La primera, porque guardo mucho silencio, no respondo mensajes de toda la gente que me llama o escribe. Me mandan un promedio de 100 mensajes al día en distintas plataformas. No contesto casi nada porque no me da el tiempo, y porque yo paso siempre al siguiente escritor. Trabajo con alguien, le hago su libro, ahora voy al siguiente y ellos esperan.

¿Se te critica por no responder mails?

Eso es resentido. Es por celos. Los escritores son lo más celosos.

¿Entonces sacas a un escritor y después lo dejas?

No lo dejo, paso al siguiente. Son ellos los que no siguen pedaleando después de subirlos a la bicicleta.

¿Las críticas hacia ti serían entonces problemas de ego?

Totalmente. Ni siquiera de ego. Yo tengo ego, pero eso es más bien un narcisismo. Todos los escritores quieren las cosas al tiro. Hacen berrinches. Como un “papá” hay que dejarlos que se desahoguen y luego resolverles el problema. Para mí son como niños. Los veo así porque se desesperan cuando no tienen resultados inmediatos. No entienden que el libro tiene un tiempo que no es el tiempo neoliberal en el que hay que hacer un libro ahora ya. El libro cambia, muta, cambia de personalidad, de extensión, de público, se va amoldando al momento hasta que por fin sale. Eso requiere tiempo. Hay mucha ansiedad y un mal manejo de las emociones.

¿Mútuos?

No, mi manejo de las emociones es a la vieja escuela.

¿Cuál es esa?

Me las guardo.

No es muy buena escuela…

Pero es una escuela. Han dicho muchas cosas malas de mí y ya casi ni las recuerdo.

¿Qué es lo peor que han dicho de ti?

Una vez me dijeron que no podía ser que yo viviera de los libros, que yo me dedicaba al tráfico porque no era posible que yo tuviera todo lo que tengo gracias a que hago libros. O una vez cuando me dijeron en Viña que había invisibilizado a más de 100 poetas porque estaba ocupando un stand en la Feria del Libro de Viña del Mar y entonces no le daba espacio a otros poetas que no tenían obra ni libros publicados. Son así. ¿¡A 100 poetas?! me pregunté yo, ¿tanto poder tengo?

¿Cómo te tomas esas críticas?

–Me amargo mucho, pero no contesto nada. Si tú buscas, yo no tengo ninguna pelea ni ofensa en redes sociales, ningún descargo ni hecho violento. Todo lo que dicen y hacen lo recibo y lo olvido. No respondo, no reacciono, ni sobre reacciono ante las críticas. Es sumamente difícil trabajar como editor, sobretodo en Valparaíso. Hay mucha violencia.

Justo te iba a preguntar si consideras que el ecosistema es favorable a este oficio…

–He visto cosas espantosas: apuñalamientos, disparos. Es impresionante. He visto funas, manifestaciones con pancartas en contra de la editorial que me dan risa.

¿Te han funado?

–Claro, con pancartas. Todo desde la precareidad porteña, con una pancarta hecha en una sábana usada… y estaba cochina más encima.

¿Esa protesta era sin razón dices tú?

–No tiene nada que ver con la razón, sino con la emoción.

¿Estamos hablando de los 100 poetas?

Sí, se sentían invisibilizados, pero no era efectivo, porque hay que salir y autopromocionarse.

¿Y fueron 100 poetas?

No, van aumentando.

¿O sea que te has hecho una mala fama?

Claro, he tenido harta mala fama.

¿Y en qué estás ahora?

–En mi taller, preparando una edición completa de todo el catálogo de otra editorial para la que participé en la Feria del libro de Valdivia. Se van a Valdivia y son cómic, ensayos. Un catálogo entero.

 

Fotografía: José Mogrol / Estudio: Cámara Lúcida

 

COMO UN COCODRILO

¿Cómo tiene que ser un buen editor?

–Como un cocodrilo. Es un animal maravilloso, ha resistido a dos extinciones masivas y ¿cómo lo hace? Siempre está en su pantano, no se mueve, está siempre igual. Pasa un dinosaurio, se lo come, pasa un antílope, se lo come; y cuando no tiene qué comer, no hace nada. Puede hibernar, puede estar congelado y descongelarse. Es inmortal. Es durísimo el cocodrilo. Para ser editor hay que tener sangre de cocodrilo. Cuando no tienen que comer se comen entre ellos incluso y así se mantienen. Es un fantástico animal y me identifico mucho con eso. Y sobretodo, tener la meta muy clara, tener el camino muy trazado. Cualquiera puede sacar un libro. Tú vas a una fotocopiadora y sales con el libro en la mano, pero ¿Qué haces con él? ¿Dónde lo vas a vender? ¿Dónde lo vas a lanzar? ¿Quién te va a apadrinar? ¿En qué medios vas a ser comentado? ¿A qué crítico o periodista le enviarás tu libro? ¿Con quién hablarás para que hablen bien de tu libro? Son cosas que se piensan desde antes. Si no, uno va a la suerte, a la ruleta. No si quedó bonito y la historia es entretenida, no basta con eso.

¿Y cuál es tu filtro de selección?

Mi gusto exquisito.

¿Y si te pagan bien?

–Si me pagan bien, hago siempre un buen trabajo. Puedo hacer un trabajo pagado con un texto que no es muy bueno y lo leo igual, lo dejo coherente, lo dejo mejor, me meto en el libro sin saber por qué, le cambio título a ver si suena mejor, extender un poco la corrección ortográfica y gramatical y ver si pueda ser mejor. Pero siempre le meto mano, no llego e imprimo.

Diríamos que lo tuyo es un negocio y una pasión…

–No veo diferencia entre una y otra cosa: negocio-pasión. Creo que los dos, de manera individual son malos. Si sólo vives de la pasión, que va en dos direcciones, puedes llegar al odio, y si solo vives del negocio, te puede ir muy bien o muy mal. Yo he quebrado dos veces. Para mí, es una forma de vida. Soy independiente, me autogestiono. Cuando no hay trabajo, lo busco, lo invento. Creo el mercado, creo el libro, lo hago con mis manos, hago toda la cadena del libro. Y sé que no importa cómo esté la situación económica. Soy un cocodrilo, esperaré que pase el invierno nuclear y voy a seguir adelante… tengo mi pantano y tengo mis cosas.

¿Y cómo te llamarías?

–El editor infame.

 

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