Entrevista > Sara Hebe en Valpo: Lluvia, nihilismo y mambo

 

Foto de Nicolás Savine

Foto de Nicolás Savine

Por Valentina Peña Caroca

Sara Hebe pasó por Valparaíso como parte de su gira trasandina que consideró además Mendoza, Tomé y Santiago. Se prepara para su segundo tour por Europa, que comenzará a mediados de junio y que durante tres meses la llevará a España, Suiza y Berlín. Siempre acompañada por los beats de Ramiro Jota, y ahora Edu Morote en batería, la artista se ha dedicado a consolidar una insignia que la ha llevado a ser tildada por la prensa como la mejor rapera argentina.

Canciones como Tuve que quemar de su disco La Hija del Loco (2009) y Asado de Fa de Puentera (2012) catapultan su carrera y hoy se encarga de difundir la propuesta plasmada en su tercer trabajo titulado Colectivo Vacío (2015). Oriunda de la ciudad patagónica Trelew, dispara versos con crudeza, mezclando cumbia murguera, punk y dancehall. Como si una ambivalente violencia pacifista impregnara sus rimas de lucidez, rescata detalles que la conmueven en los paisajes urbanos que recorre.

Con pronóstico de tormenta eléctrica y lluvia en el puerto, estuvimos en el Cerro Yungay conversando con Sara, horas previas a su tocata en Terraza Mimi.


¿Qué te trae nuevamente a Valparaíso y qué rescatas de su cultura?

–Nos gusta venir a Valpo porque la ciudad es bellísima y la movida cultural es lo más. Pero en realidad nos gusta tocar en todas las ciudades de Chile. Ahora vamos por primera vez a Tomé, y supongo que va a estar buenísimo. Siento que voy completando el mapa. Hemos ido a Valdivia, hasta Puerto Varas; bastante lejos, bastante al sur. Creo que Valpo tiene mucho movimiento, mucha gente, si bien no lo conozco tanto. No conozco tantas bandas que hay acá. De hecho, hoy no toca ninguna otra banda. Iban a estar Las Ex, unas amigas de Mendoza que hacen punk melódico, pero no pudieron venir porque está cerrado el cruce. En un rato bajamos al Bar La Playa, está el aniversario de la okupa Ex Consultorio. Creo que me gustaría vivir unos meses acá, a pesar de los temblores.

¿Qué rol juega la autogestión en tu trabajo?

Nunca me quedó otra. Siempre hice los discos de forma autogestiva y los recitales también. Ahora, como el proyecto fue creciendo a nivel musical y viene también más gente a vernos tocar, tenés que sumar a más personas. En Buenos Aires gente me ayuda con la organización y con todo. Todo lo que hacía yo antes. Acá en Chile nos ayuda Loreto. La música siempre la grabamos en casa de Ramiro, pero tampoco los discos los hice de una forma artesanal; los mandé a una fábrica. Lo que sí nunca estuve con un sello ni nada de eso. Hemos mandado a masterizar también, pero tampoco es como que levanto una bandera de do it yourself. Y ahora hacer un disco está muy caro, el doble, todo subió mucho en Argentina. Quizás si tuviera la posibilidad de hacerlo con alguna discográfica o algo así, lo haría, por qué no. Lo que no quiere decir que me genere contradicciones, preguntas. No sería lo que más me gustaría trabajar con una multinacional, pero a veces no queda otra.  Igual rescato el do it yourself como idea, porque es la manera de hacerse un camino y empezar. Me gusta mucho y lo hice así, pero ya te digo, no me quedaba otra.

Con esta lluvia, ¿qué recuerdas de tu infancia en Trelew?

–Allá llueve poco, y a veces cuando llovía me daba bastante miedo. Una vez hubo una inundación; llovió bastante fuerte. Por eso es que la lluvia me da un poco de miedo. Pero acá no llueve tanto como en Buenos Aires, acá la lluvia es más débil. Una vez subió mucho el río, se desbordó, y Trelew, mi ciudad, es un poco como un pozo, entonces la pasé muy mal. Y de ahí me quedó un miedo bastante feo a la lluvia. No se podía salir. Estaba el agua ahí en la vereda. Le tengo bastante miedo al agua cuando no tiene límite, cuando se desborda. Y lo peor fue que tenía que estar encerrada con mi familia, porque en esa época ya no era tan niña, era adolescente, entonces tenía que estar ahí como en una cárcel, sin poder salir. No era terrorífico ni tormentoso, pero hubiera preferido poder salir.

¿Cómo crees que se construye en ti esa empatía social que plasmas en tus canciones?

–No lo sé, no puedo saberlo. Creo que eso no tiene explicación. Hablo de lo que siento y de lo que me conmueve. Mis padres son sensibles, pero no… qué se yo, ¿quién no es sensible por ahí?. No quiere decir que hable siempre de lo mismo, no quiere decir que vaya a ser todo así también, con temas que se refieran a la injusticia social. A veces se me hace como que… no sé, por ahí es mambo mío, pero como que se espera un poco que siga hablando de eso y yo no sé si voy a seguir hablando de eso. Primero, porque ya no tiene mucho sentido, y creo que ya hablé lo que había que hablar. No me sale tampoco escribir así tan explícitamente. Algunos temas quizás sí, que son como una pintura urbana, como Cacho que está en Colectivo Vacío, con una letra larga que está hablando todo el rato de lo social. Pero por lo general no me sale y no soy así. Me voy por ramitas.

¿Qué tiene Colectivo Vacío que no tiene Puentera, o La Hija del Loco?

Tiene más guitarras grabadas, tiene más producción, tiene a Puentera y a La Hija del Loco que no tienen Puentera, y La Hija del Loco. Es decir, tiene ese trabajo anterior que ya está más maduro. No sé, con el tiempo… no pensaba tanto en lo que escribía. Ahora, después de escuchar cosas que me di cuenta de que no pensé mucho. Quiero pensar más antes de hablar… y bueno, ahora estoy más tranqui.

En ese sentido, ¿qué cambiarías?

–A veces me identificaba… creo que tenía algunos clichés del rap que escuchaba mucho, o como que no sabía muy bien cómo hacerlo. Entonces, a veces escribía o hablaba de una identificación con territorio argentino, que ahora me doy cuenta que es una estupidez. Argentina y Chile y todas las fronteras, ¿no? Pero bueno, es una reflexión que hago ahora, algo que digo ahora. De hecho, en vivo canto canciones y hay cosas que no digo, que voy cambiando. Eso está bueno de poder reinventar las canciones en el vivo, pero lo que queda grabado ¡uuuyyyy! Mi voz también cambió mucho. Ahora estoy más segura, tengo la voz más grave de tanto gritar.

Me llamó la atención que decías que la música es como Los Simpsons, si bien pueden generar conciencia, no van a cambiar nada en la sociedad…

–Eso lo decía mi maestro de teatro Norman Briski, un gran actor argentino. Se lo robé para explicarlo.

¿Cuál entonces es el propósito de la lírica, o más bien significa un deleite personal?

–Propósito no, porque no es que yo diga “voy a hacer esto para…”. Deleite… puede ser un poco de nihilismo, sobre todo al momento de estar escribiendo, que me cuesta y voy muy lento, pero es un proceso lindo que disfruto, algo lúdico. Incluso cuando toco en vivo, algunas veces lo disfruto, otras me quiero morir, porque es muy tarde o porque tengo sueño. Creo que es importante saber en qué lugar del sistema productivo ubicarse. Por ejemplo, si vas a sacar fotos puedes elegir si laburar para marcas exclusivamente o para modelos, reproduciendo un estereotipo, o escribir para diarios fascistas. Me parece que ahí está un poco eso del propósito. Cobra más sentido cuando tocamos en la calle, cuando se nos convoca para acompañar algún reclamo de justicia, para visibilizar alguna cuestión que lo necesite. Eso sí está buenísimo. Pero todo lo hice porque me salió así, hablar de ciertas cosas y no de otras. Quise y me salió hacer videoclips como los que hice y no con chicas bailando en culo, que lo podría haber hecho, y que también es válido y está buenísimo. O podría haber buscado activamente trabajar con una discográfica y tocar siempre en salas. Y bueno, ahí puede que haya un poco de propósito, pero no tan así, ¿me entendés? No propósito.

 

Foto de Francisca González

Foto de Francisca González

Se han hecho visibles en la escena argentina varios casos de abusos en contra de mujeres por parte de músicos. Primero lo de La ola que quería ser chau, después lo de Aldana de El Otro Yo y también el Pity Álvarez figuró en Clarín por una denuncia. ¿Qué rol juegas como mujer música inserta en la misma escena?

Rol… no sé tampoco. Lo que sí me parece importante decir en mis recitales, a los que van en mayoría chicas, pero también muchos varones heterosexuales, es que no se permiten agresiones sexistas, que basta de molestar a las chicas. Hay cosas que estaban naturalizadas y que ahora ya no las permitimos. Hablo de algo que me parece terrible que exista hasta el día de hoy, que es la transfobia, la homofobia, la lesbofobia. Me parece importante hablar de eso en mis redes y moviéndome también, tocando en lugares donde se enfrentan estas violencias y discriminaciones, y que el público sepa, ¿no? Al final es que los varones heterosexuales tienen aprendida una forma de vincularse que tienen que desaprender, y en mi público hay bastantes, ¿viste?


Sí… leí una entrevista que te hicieron en
Noisey, y el periodista te preguntaba que por qué eras tan sexy y lo mandaste a la mierda…

Ay, sí. ¿La leíste la nota?, y ¿viste la introducción? Era un estúpido. México está terrible. El machismo mexicano es el peor…

¿Qué es lo más errado que han dicho de ti en la prensa?

–Puta madre… sabés que no me gusta ninguna de las entrevistas, porque todo queda extraño, ¿viste? Claro, porque pasa por la interpretación del otro. Una de las primeras notas que me hicieron para la revista Rolling Stone, muy poco ética y muy estética, el tipo si bien hizo una reseña de lo que había, hablaba mucho de mi físico, de que tenía pelo largo, de que medía tanto… detalles así que me parecieron ultra superficiales, estúpidos. Bueno, después lo del mexicano fue rarísimo… después puse “gracias Vice Noisey…”, que es bastante conocido, y él me dice “cómo que gracias Vice México… ¿y yo, que te hice la entrevista?”. Era un idiota total el tipo. Siempre siento que lo que queda dicho no es lo que quise decir, ¿viste? Por eso después por lo general nunca comparto las entrevistas. Y ni siquiera cuando me filman, después igual me quiero morir, no me gusta verme, lo que digo…

Bueno, ojalá ésta quede buena…

Jajaja. Es que más allá de que no la publique en las redes, es que me da mucha vergüenza. Retwitteo por ahí alguna entrevista, pero porque también digo “lo tengo que hacer, estoy yendo de gira, ahora a Europa… me hace la entrevista alguien de un medio lindo, como acá, de izquierda”, es decir, algo piola, pero me da mucha vergüenza publicar o retwittear algo. Y si lo hago me cuesta un huevo, no es que me guste, para nada.

Qué loco, porque creo que la imagen pública que se tiene de ti no es de tímida, ni insegura, sino que más aguerrida, segura…

–Sí, hasta creen que soy alta. Muchos me dicen “creí que eras alta, enorme…”. La imagen que hay de mí no tiene nada que ver con lo que soy. Es de hecho una imagen, y ninguna imagen es real.

 

¿Cuáles fueron las últimas cosas que te conmovieron?

–Una obra de teatro de Argentina, teatro con bastante de danza, que se llama Mis días sin Victoria. me conmovió mucho. Después hay una cantante argentina, de Buenos Aires, Transtorta… ella inventó esa palabra creo. Se llama Sasha Sathya, es genial, divina, la recomiendo para que escuchen, para que la busquen. No tiene tanto grabado, pero está buenísimo. Bueno, y la otra vez tocamos y fue mucha gente, fue muy conmovedor, tanta gente contenta bailando. Y venir acá y que haya gente esperando también es conmovedor, es emocionante, está buenísimo, es una alegría. Anoche en Mendoza también… sentir el cariño de la gente. A veces yo me pongo un poco nerviosa y me hincho las bolas con las fotos y todo eso. Me pongo un poco de mal humor y después me quedo mal con que no me quise sacar la foto con alguien. Me armo un quilombo en la cabeza.

Pero tal vez si le dijeras que sí a todo el mundo sería como un desgaste innecesario…

–Ayyy estamos en la era de la foto…

Dame una recomendación de una canción y una película

–Una canción… Disparate Youth de Santigold. Me encanta esa canción, me parece genial. Después alguna otra canción… la Negrah Liyah, mi amiga, que antes hacía coros conmigo, ahora tiene su disco Crudencia. Y peli… estoy viendo una serie en Netflix, algo que todos hacemos ahora, que se llama La Última Hora, es argentina. La protagoniza Norman Briski, mi maestro, y otro actor.

La última. Ésta me pidió una amiga que te la pregunte… ¿en qué cree Sara Hebe?

Jajaja. En todo.

 

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