Javier Cercas: “No creo que el pasado deba ser una industria, debe ser un instrumento de conocimiento del presente”

El escritor español habló con La Juguera Magazine tras visitar Valparaíso como plato fuerte del Festival Puerto Ideas 2016. El exponente del “relato real” que bordea la realidad y la ficción explica aquí esta tensión literaria en su obra, sus perspectivas en torno a la narrativa contemporánea, y las referencias para escribir.

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Por Poirot Escovedo

La metanarrativa de Javier Cercas transita entre la memoria histórica y la construcción fantástica de la novela, dos elementos aparentemente opuestos pero conjugados bajo su pluma. De su obra destacan Soldados de Salamina, Anatomía de un Instante, y El Impostor, los cuales han sido traducidos a más de treinta idiomas. Sin caer en la autorreferencia, Cercas ha construido personajes radiografiados de sí mismo, de su experiencia y de quienes han pasado por su vida, para dar testimonio de que la verdad narrada no es verdad sin una cuota de transgresión a la misma.

¿Te esperabas tanto reconocimiento de la gente aquí, en el extremo sur del mundo?

-He venido varias veces a Chile. Es quizás el país de Latinoamérica donde más veces he estado. Sé que hay lectores que han leído mis libros y me hace muy feliz la verdad. Tampoco es que la literatura española se lea tanto, pero tener lectores aquí no debiese ser tan extraño ya que al fin y al cabo compartimos la misma lengua. Supongo que soy un escritor “en español”, no un escritor español.

En el prólogo de Relatos Reales (2000) dices que “es imposible transcribir verbalmente la realidad sin transgredirla” ¿A qué te refieres con esta afirmación?

-Me refiero a que todo relato de la realidad, aunque aspire a reflejarla fielmente, debe ser consciente de que la realidad se escapa. Buscar la verdad es algo muy noble, pero creer que uno la ha encontrado es algo muy soberbio, por no decir estúpido.

¿Qué es para ti el relato real?
-Es un relato en donde la ficción ha sido expulsada, pero que a pesar de ello es consciente de ser un relato, es decir, de no ser un reflejo fiel de la realidad. Soldados de Salamina no es un relato real (pese a que el narrador protagonista lleva el nombre de Javier Cercas y a la presencia de personajes de la realidad), pero sí lo serían Anatomía de un Instante o El Impostor en los cuales sí he prescindido del elemento sustancial a la novela, que es la ficción.

También has mencionado que “lo relevante no es el género, sino lo que se hace con él”.

-No existen géneros mayores o menores. Existen formas mejores o peores de ser usadas.

¿Qué te parecen la crónica y el Nuevo Periodismo como formas literarias?

-Ahora se habla mucho en Latinoamérica de la Nueva Crónica y esas cosas. Tengo la impresión de que eso ha sido una forma de huir del peso abrumador que la novela narrativa  latinoamericana ha tenido, de esos grandes autores. Es una forma de ir hacia otro lado e intentar hacer otra cosa. Hay escritores muy buenos, que escriben crónicas muy buenas, como Juan Villoro (México), Martín Caparrós (Argentina), mi amiga Leila Guerriero (Argentina), mucha gente que realmente comprueba que gran parte de la mejor literatura latinoamericana también es crónica. Yo no escribo crónica, escribo artículos o novelas en las cuales se prescinde de la ficción.

Kafka y Borges son algunos de tus escritores favoritos y referentes, sin embargo no has incursionado en la producción de cuentos, ¿Por qué no entrar en ese mundo?

-Es una muy buena pregunta. El primer libro que escribí se titulaba El móvil (1987) que era un libro de cuentos de aprendizaje. Tenía cinco cuentos, pero cuando lo reedité, cuatro de esos se fueron a la papelera y sólo quedó uno que es una novela breve. No sé por qué no escribo cuentos pese a que soy un gran lector de ellos y a que los dos escritores que más he leído han escrito muchos. Creo que mi pasión en este sentido se ha ido a los artículos, como Relatos Reales, solo que son cuentos cocidos a la realidad.

En ese mismo compilado mencionas que “escribir consiste en fabricarse una identidad”, una máscara, ¿De qué está hecha esa identidad que te has creado?

-De muchas cosas… Sinceramente no sé de qué… Está hecha a lo largo del tiempo, una máscara que se parece mucho a mí, hecha con mi experiencia y mis lecturas, y con una cantidad enorme de materiales de los cuales no siempre soy consciente.

¿Se te da naturalmente el método investigativo o requieres de una atención más consciente?

-Algunos de mis libros han necesitado documentación, pero he estado entrenado para eso por mi experiencia como filólogo en la búsqueda, la investigación… conozco los rudimentos, pero eso no tiene mucho mérito.

Una historia falsificada

En entrevista a El País dijiste que “la memoria histórica se ha vuelto una industria”. ¿Te consideras parte de ésta?

-Intento combatir esa industria escribiendo. No creo que el pasado deba ser una industria, debe ser un instrumento de conocimiento del presente. El resultado de la industria de la memoria es el kitch, la falsificación. Creo que se ha usado de manera interesada e ilegítima.

¿Contra quiénes combates específicamente?  

-La televisión lo ha hecho abundantemente. Los políticos también. Usando o propagando una historia digerible, manipulada, halagadora, y no la historia con toda su complejidad y sus incomodidades. Una historia falsificada.

Las épocas doradas de producción artística en España han coincidido con momentos de poca estabilidad. El mejor ejemplo es Cervantes inmerso en la decadencia de esa vieja añoranza beligerante para crear El Quijote, la mejor obra de la lengua española. ¿Te sientes parte de esa tradición?

-Yo no creo las épocas convulsas correspondan con un arte mejor. No hay una correspondencia. No existe estabilidad en la historia tampoco. Está hecha de decadencias, de apogeos, de cambio. La historia es cambio. Ahora nos parece que Cervantes vivía en una época de decadencia del imperio, pero lo cierto es que el imperio sigue siendo imperio. Se supone que Cervantes creía y luego ya no cree en él, en fin. ¿Ahora vivimos una época de estabilidad? No creo que sea el caso, no existe la estabilidad y cuando las crisis son tan fuertes como una guerra, no hay creatividad posible. La tranquilidad y el sosiego están muy bien para un escritor (risas).

Entonces, ¿por qué te llama la atención relatar aspectos de la Guerra Civil Española?

-Sólo lo he hecho una vez. Ahora aparecerá otra en febrero (El monarca de las sombras), que en cierto modo es complementaria.

¿Por qué persistir en esta coyuntura?

-Puede que haya faltado algo. Ahora noto que faltó. Soldados de Salamina era la reivindicación de una tradición republicana. Aquí hay una asunción de toda la tradición, del pasado.

También has mencionado que en España son incapaces de afrontar el pasado.

-Es verdad. El pasado es muy difícil de afrontar. No solo en España. Hay una manera correcta de hacerlo y no hemos llegado a eso con toda su complejidad. Lo que hemos hecho es simplificar el pasado para hacerlo útil al presente y para servir a nuestros propios intereses. Creo que estamos en un momento parecido al de los años ´30 con un repliegue a los nacionalismos, un momento muy peligroso. Que los políticos no se hayan preocupado de explotar la mayor fuente de prosperidad que tenemos, la lengua española, delata su necedad profunda.

¿Qué mensaje le darías a los escritores que están recién comenzando?

-Muy fácil. Para ser escritor hay que leer, escribir y no tener prisa por publicar. Son las tres mejores cosas que puedo decir.

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