Entre café y café

cafes_introRecuerdo cuando llegué a vivir a la Patagonia. El lugar de encuentro era el Café Oriente, atendido por  dos hermanas que hoy son ancianas,  pero que siguen acompañando a la concurrencia. Ahora cuando voy me preguntan por los niños, yo les comento que ya son adultos y que tienen familia propia.

Por Valparapata

Cuando vengo al Café del Poeta en la Plaza Anibal Pinto y miro el techo de madera blanca, con las líneas del tiempo marcadas en las esquinas y molduras, se me vienen los recuerdos del té con mi papá en el Café Riquet  y su recuerdo de los tés con su mamá, mi abuela. También me acuerdo del café Villareal, al lado del Teatro Oriente en Santiago, donde tomábamos chocolate caliente y comíamos pan de molde tostado con ave palta. El café donde con mi abuela celebramos alguna vez los cumpleaños.

La vida de los cafés, los cafés de la vida que construyen la historia. Y este café con este gigantesco espejo donde hoy brillan las lámparas amarillas, donde ayer probablemente,  hubo un candelabro con velas. Es emocionante que los recuerdos trasciendan lo telúrico de nuestra propia geografía y como pasan tantas cosas en este puerto fascinante, lo telúrico me lleva  a la ruptura y la ruptura me lleva a los cuarenta años, y los cuarenta años me llevan al recuerdo y a las necesidades de recuperar la memoria y recuperar la memoria me lleva al encuentro de hace un tiempo en el ex Correo de Plaza Sotomayor, ahí donde funciona hoy el centro de extensión del Consejo Nacional de la Cultura.

Porque esa anoche nos encontramos con el pasadofuturo, aunque suene raro. Marcelo Nilo y Clemente Riedemann conversando sobre nuestro querido Nelson Schwenke, y las canciones que nos unieron tanto a todos, esas canciones que no tienen nada de “industria”, esas canciones que no están en MTV, son canciones que todos conocemos y que nos han marcado la vida. Esas canciones hechas a puro amor como dice Marcelo Nilo.

Entre café y café de nostalgias, “Nos fuimos quedando en silencio” mientras el pasado nos alimenta y nos construye para continuar  con el imperativo de seguir soñando y seguir luchando para no perder la memoria y recibir respuestas. Con esa urgencia  inclaudicable , como la de la hermana del sacerdote detenido desaparecido  Miguel Woodward , que se pasea silenciosa por la plaza Echaurren  esperando que alguien, alguno de ellos  alguna vez, por fin lea su cartel,  le entregue la respuesta y le devuelva el cuerpo de su hermano para que  la justicia  no se diluya  injustamente en el tiempo.

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