En Valparaíso el tango también se baila así

En la capital del tango de Chile se practica una versión diferente de este clásico baile. En un año y medio, Milonga Queer se ha vuelto algo más que un espacio para bailar: es un reducto de defensa de identidades sexuales y de género, bailando abrazados como arma de lucha.

Por Diego Bravo Rayo

Antes que de los parlantes se oyera el violín, el piano y el bandoneón, Juan Pablo y yo nos miramos y sonreímos. Es la mitad del santo y seña para elegir la pareja de baile; la otra parte del código es abrazarnos y luego dar rienda suelta a la danza, para establecer esa primera conexión, tan requerida en el tango. Nos saludamos, nos decimos nuestros nombres y, a punto de que empiece la música, Juan Pablo me pregunta:

– ¿Me guías tú o yo primero?

– Yo te sigo ahora y después cambiamos. ¿Te tinca?

Juan Pablo y yo no fuimos los únicos en tener ese diálogo previo. Una chiquilla con otra chiquilla, un chiquillo con una chiquilla, una chica trans con un hombre. Alrededor de 25 parejas improvisadas –entre ellas, quien escribe–, con mayor, menor o nulo conocimiento de bailar tango, se bambolean en los pasillos de luces tenues de Las Cachás Grandes, uno de los bares tradicionales del barrio puerto de Valparaíso que acoge a Milonga Queer.

La Milonga es un baile emparentado con el tango al punto de ser originario de las mismas latitudes: el río de la plata, Argentina y Uruguay. Uno de sus referentes, el uruguayo Alfredo Zitarrosa, dejó una cita eterna que ilustra el origen de la música rioplatense: “La milonga es hija del candombe, así como el tango es hijo de la milonga”. Entonces, tanto la milonga como el tango poseen una innegable raíz afro, mezclada con bailes criollos e influencias europeas de los llegados en el siglo XIX. El vocablo “milonga” hace referencia a lo que los afrodescendientes definían como “enredo o lío”. Otro aspecto común que tienen ambos bailes es que emergieron de las barriadas obreras, prostíbulos ajenos al refinamiento, y en las periferias del centro urbano: los llamados “arrabales”.

Milonga se usa también para referirse al espacio de baile. Es por eso que resulta común en el ambiente del tango decir “voy a una milonga”, señalando que van a bailar o presenciar tango.

La propuesta de Milonga Queer es romper con una de las tradiciones más basales del tango: los roles heteronormados. Es decir, que los conductores o guías no sean solamente hombres y la que “sigue” no sea siempre una mujer. Incluso más: promover el intercambio de papeles en el baile.

[Me resulta algo difícil seguir la voluntad de Juan Pablo: ninguno de los dos sabe bailar tango, pero yo soy el más neófito. Como no somos los únicos así, Patricio, el fundador de Milonga Queer insiste en esto de “la conexión del abrazo y dejarnos fluir, sin presión”. Así lo entendemos Juan Pablo y yo, así que nuestra torpe exhibición tanguera encuentra su contención en la risa mutua.]

Pero por paradójico que parezca, Milonga Queer viene a reflotar una tradición: en un inicio, el tango también se bailaba entre hombres. Lo hacían para practicar y tener una buena performance a la hora de la verdad, cuando tuvieran que bailar con una mujer.

Foto de Cristián Vásquez Oyarzún

– Prefiero que me lleven, aunque dicen que soy buena conductora. Quiero aprender a bailar mejor de lo que ya lo hago. – dice Clara Sandoval. Supo de Milonga Queer cuando le llegó una solicitud a su cuenta de Instagram, pero la idea de ir sola no la animaba. Un día martes de abril, un amigo que vive cerca de ella llegó a su casa la invitó a bailar tango. No sabía dónde era.

– Me encantó. Al fin encontré el lugar donde me siento cómoda, donde puedo compartir algo que a la mayoría no le gusta que es el tango, porque dicen que es música de abuelos, que es fome, sin embargo allí había gente joven. Desde ese día no he parado de ir, ya que aprendí bastante bien y agradezco mucho por eso. – cuenta Clara con una delicadeza notoria.

La gratitud de Clara porta una historia mayor. Al lado de sus abuelos creció escuchando tango y música antigua, y le gustaba tanto que a los 13 años le regalaron una vitrola a cuerda. En una de sus adquisiciones de vinilos, fue por casualidad que encontró uno de Libertad Lamarque, una de las voces femeninas icónicas del tango. Le fascinó.

– Me volví fanática de esa mujer. Así fue como me seguí inmiscuyendo en melodías y orquestas del tango. Entonces aprender a bailar tango se volvió un sueño, pero no se daba la oportunidad, porque ¿qué iba a hacer yo metida en un club de tango con puros abuelos?, pensaba. 

La búsqueda del tango coincidió con la de sí misma: legalmente su nombre es Sebastián y desde que tiene memoria nunca se ha sentido hombre. Hoy está en el proceso de transición de género.

“UN ABRAZO ES PRECIOSO E INTERESANTE”

“Me han dicho que es importante lo que se hace en Milonga Queer, pero yo no pienso mucho en aquello”, dice Patricio Arquero (28), mientras ceba un mate en el muelle Prat y oímos el voceo de los lancheros. Patricio es el organizador e impulsor de este espacio. Es ajeno a grandes aspavientos: no se siente profesor de tango porque, dice, “me falta mucho para alcanzar ese estatus” y remarca que lo cosechado en casi un año y medio de Milonga Queer se lo debe mucho a los profesores que lo acompañaron y las personas que confiaron en el proyecto.

[Es mi turno de conducir. Ahora mi mano izquierda la poso en su zona lumbar, la de Juan Pablo, mientras mi derecha toma suavemente su zurda. Su mano derecha está suavemente sujeta a mi espalda. Suena la música. Lo que tengo que hacer es simple, se supone: avanzar con una pierna mientras mi compañero me sigue recogiendo hacia atrás su pierna opuesta a la mía. Vamos avanzando de verdad: pocos tropiezos nos dan un buen augurio en los casi dos minutos que quedan de tango].

Patricio es oriundo de La Calera, estudió Pedagogía en Artes Plásticas en la Universidad de Playa Ancha y hoy hace talleres de tecnología y murales en un colegio. Durante su época universitaria, tuvo sus primeros acercamientos al baile y al tango, aunque con experiencias dispares: en 2011 tomó talleres de danza contemporánea y cuando fue por primera vez a bailar tango -invitado por una amiga- no le gustó. “Fue en Valparaíso, una amiga, la Nichi, me llevó a su milonga. La verdad es que la encontré súper aburrida por lo que dejé de ir”.

“La gente necesita un abrazo y eso es algo a lo que no estamos acostumbrados hoy”

Luego, cuando se tituló, tuvo un periplo por La Serena y Quillota, hasta que en 2015 decidió irse a estudiar un posgrado en Arteterapia a Buenos Aires. Estuvo en la capital argentina hasta mediados de 2017 y en fue solo en los últimos cinco meses de su estadía en los que se acercó al tango… para no separarse más.

– Me gustó al toque. Primero mi acercamiento al tango era especie de misión: no me podía ir de Buenos Aires sin aprender a bailar tango. Así fui buscando centros culturales que impartieran talleres gratuitos y encontré dos. Empecé a tener clases intensivas: en uno de los centros tenía cuatro clases y en otro una vez a la semana. Así tenía cinco clases e iba a bailar tango a milongas casi todos los días. (Se ríe) Bailé caleta, carretié harto tango.

Frecuentando el barrio de San Telmo conoció el Tango Queer, que ya llevaba tiempo suficiente de existencia, así como tanguerías frecuentadas por jóvenes. Como referencias, desde el 2005 que funciona la Escuela Tango Queer en Buenos Aires y cada noviembre desde 2007, se realiza el Festival Internacional de Tango Queer.

Queer se plantea como una teoría o conjunto de ideas. Uno de sus textos basales es El género en disputa (Gender Trouble), de Judith Butler, publicado en 1990. Allí se expone que la identidad sexual responde a repeticiones de un patrón cultural esperado y construido por el poder. Butler se opone a la idea de “biología es destino” ya que el género corresponde “a los significados culturales que acepta el cuerpo sexuado”, por lo que un género no puede definirse únicamente por su sexo. El vocablo “Queer” es equivalente al despectivo “rarito, extraño” que tenían en países anglófonos para referirse a los no heterosexuales. Hoy, quienes defienden la teoría, ocupan el término de forma orgullosa.

– Claro, está muy relacionado con la comunidad LGTBI, todas las disidencias y se inserta muy bien en nuestros días ya que estamos en un apogeo de la movida feminista. El concepto seduce a mucha gente y eso hace que se detengan a ver nuestros afiches en redes sociales y vayan a nuestras clases. Pero más allá del término, lo “Queer” está asociado a este cambio de rol, esta danza extraña y fuera de lo común o atípica en comparación al tango tradicional. Esto lo aprendí en Buenos Aires, no es algo que yo inventé. – comenta Patricio.

En el Bar Cinzano, en plena plaza Aníbal Pinto, lo saben también. Óscar Aníbal es uno de sus artistas titulares: su voz de barítono y medio tenor se toma las noches del bar-restorán de jueves a sábado. Es viernes, está colmado de público quienes, con comida al frente o con un trago en mano, escuchan al intérprete de sonsonete porteño de Buenos Aires, aunque sea porteño de Valparaíso. Además de performance, lo suyo debe ser gratitud: tenía 17 años cuando viajó con amigos a Mendoza, cantó por casualidad en un bar e inició una carrera de cuatro años recorriendo Argentina, a la que va y viene.

– Todas las expresiones son válidas. Lo importante es que prevalezca la música: si tú la bailas con un hombre, un transexual, una mujer, es válido, porque los tiempos han cambiado y tenemos que adaptarnos a esta realidad. Como intérprete, me ha tocado cantar en milongas donde bailan mujeres con mujeres y hombres con hombres y ha resultado fenómeno –mirá vos–. Espero que a Milonga Queer les vaya muy bien y que sigan adelante. Si me invitan sería ideal, dice Óscar Aníbal.

– ¿Cree que Milonga Queer u otras formas similares, generen reparos y molestia en algunos sectores del tango?

– Creo que no. Es que los tiempos cambian y no nos podemos quedar en el pasado. Pensemos que hace un tiempo largo apareció Astor Piazzola y le puso jazz al tango.

Patricio Arquero, en su afán de seguir mejorando y conociendo el mundo del tango, no se ha quedado solamente en lo que vendría a ser su zona de confort. Ha ido a otras milongas con pareja hombre, sintiendo las miradas, pero sin recibir críticas u hostilidades. Una vez en La Calera fue con un amigo a bailar a una milonga; reconoce que con más ganas de ver cómo reaccionaba el público que de danzar. La organizadora del evento les pidió que bailaran para todos.

– La gente nos aplaudió, nos felicitó y la mayoría de ellas eran personas adultas. Para mí fue toda una sorpresa. Tenemos que ser capaces de darnos cuenta que con esta propuesta no ocurre nada terrible y que podemos convivir.

– Con lo que haces en Milonga Queer ¿crees que estás tomando un rol respecto a la defensa de las identidades sexuales y de género?

-No me siento un líder político en este campo. Trato de hacer lo que puedo y si aporta, me parece genial. Aclaro, a mí me interesa el aporte en estas luchas sociales: de hecho también nos hemos reunido con organizaciones como el Movimiento por la Diversidad Sexual, hemos estado en marchas y hemos hecho intervenciones con Valpo Trans. Así también creo que un abrazo entre dos personas del mismo sexo o a la mujer llevando a un hombre en el tango, no solo es precioso sino que es muy interesante de mostrar.

-En un año de Milonga Queer se ha ido sumando cada vez más gente. Aparte de tu trabajo ¿a qué crees que se deba?

-Había una necesidad. Esto no es moda: la gente necesita un abrazo y eso es algo a lo que no estamos acostumbrados hoy. La gente se enamora de abrazar, de ser contenidos, de contener. Estoy haciendo un taller de tangoterapia y estoy leyendo libros relacionados al tema. Allí se habla que el poder del abrazo está vinculado a la figura de la madre.

[Terminó el tango. Juan Pablo y yo sonreímos y nos agradecemos mutuamente. Es el momento de cambiar de parejas: yo voy con Camila y no sé con quién va él. Antes de separarnos, nos dimos otro abrazo].


Horario: Todos los martes desde las 19:00 horas, bar Las Cachás Grandes. Blanco 318 (esquina Clave), Valparaíso.
Entrada: a sólo $1.000, que corresponde al consumo mínimo.
Facebook: https://www.facebook.com/milongaqueervalparaiso/
Instagram: @milongaqueervalpo

 

 

 

 

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