Emilio Gallón, psicólogo y terapeuta Gestalt colombiano: “Hay gente que es muy leal a su bloqueo”

“Desde muy chiquito siempre tuve una búsqueda. Yo fui un niño traumado. No sé por qué, pero a los 6 años ya tenía traumas. A los 8 iba al consultorio de psicología porque tenía unos miedos muy sofisticados: a la muerte, a la infección… Luego, en la adolescencia, tuve rebeldía y ganas de ser más fuerte que ese miedo. Eso me llevó a lugares de mucho riesgo. Ya más adulto, decidí estudiar psicología. A los 18 años vivía en otro país y buscaba mi alma ¿Dónde está? ¿Quién soy en este mundo? Nunca entendí mucho eso de adaptarse y seguir un guión. No podía con eso. Esa inquietud me llevó a pasar por muchos escenarios y fue lo que realmente me enseñó. Si yo me hubiera adaptado al modelo de persona que debería haber sido, según mis condiciones sociales, jamás estaría acá hablando de esto”.

 

Emilio Gallon - Valpo

Entrevista: Niza Solari / Transcripción: Daniela Frick / Edición: Ale Delgado

Emilio Gallón se formó como psicólogo en la Universidad de la Sabana, en Colombia. Es  Terapeuta Gestaltista graduado por la Asociación Colombiana de Terapia Gestalt, egresado del Programa SAT (Seekers AfterTruth), alumno y colaborador de Claudio Naranjo y co facilitador de Jorge Llano del mismo programa. Se  especializó en Terapias Expresivas en el Instituto Esalen, California, y en el Teatro Varasanta y Teatro Nacional, Colombia. Además es terapeuta y docente en Transformación Humana de dicho país. Ha dirigido y facilitado procesos individuales y grupales en Colombia, España e Italia.

Niza Solari, bruja y chamana, habitante de Valparaíso y co creadora del Círculo Social de Terapeutas lo entrevista aquí para La Juguera Magazine. Con  12 años de experiencia como terapeuta, Gallón viene al Puerto a ofrecer un Taller de Teatro Psicoactivo los días 7, 8 y 9 de julio. ¿Qué vino antes? ¿Por qué lugares de la psiquis y el alma transitó y sigue transitando?

El diálogo discurre así.


Después de terminar la carrera, a los 24 años, tuve una crisis fuerte, parecida a una psicosis. “Uy está raro, me siento escindido”, fue lo primero que sentí. Y luego, a los 26 tuve un brote psicótico importante. Un año entero tratando de sanar. Ha sido un camino donde una y otra vez he tocado depresiones, brotes psicóticos. Después de los 30, sensaciones esquizoides fuertes”…

¿Y qué te pasa ahora?

–Que eso no ha dejado de pasar, pero ya no hay angustia. Estoy experimentando mucho en este momento de mi vida que a veces me siento en ese lugar esquizoide, pero estoy contento. Le sonrío a esa locura. Es el lugar más completo, porque realmente lo esquizoide era una respuesta a no saber cómo comunicar algo que me pasaba. Entraba como en una parálisis esquizoide y eso ya comunicaba. Ahora entro en esa división, pero lo bonito es que ya he aprendido a comunicar, a bailar en ese lugar. Y ahorita estoy dando mis pasos y me lo estoy disfrutando mucho.

¿Qué dices cuando dices “ezquizoide”?

–Digo que es esquizoide porque ese lugar dividido es como un abismo donde hay muchas verdades. Donde uno puede volar realmente. No es ni en un lado de la montaña, ni en el otro. Es en el abismo donde yo necesito estar para volar. Desde ahí me he podido comunicar con la gente que va a mis talleres. Provocar un poco esto: “¡Láncese al abismo, láncese! no es grave”. La gente le tiene mucho miedo al abismo.

Hay mucho miedo a perder el control…

Se pierde el control, pero se gana dominio de sí, porque se aprende a mover las alas para que el vuelo se mantenga. Y la gente necesita a alguien que le guíe. Yo necesité a muchas personas que me guiaron y me dieron contención. Y todavía las necesito y las llevo en mi corazón cada vez que siento que aparece alguna mínima sensación de angustia. Me sirve mucho porque me ayuda a explorar nuevos horizontes en ese abismo que es infinito. Es re bonito y ahí uno se construye muy bien. Ahí aparece el mundo arquetípico. He descubierto de este mundo que es como el software de un computador: yo puedo entrar ahí y cambiarlo, tejer nuevas órdenes. Yo, como ser humano, tengo el poder, tengo la magia para transformar mi realidad interior. Yo puedo tejer mi realidad. Si estoy depresivo y triste, es algo que yo he tejido porque no he visto otra opción, pero si la veo, tengo el poder de transformarlo. Eso es lo que me gusta transmitir y enseñar: esa alquimia que todos tenemos. La alquimia es poder construir en el éter. Y la alquimia nunca es sola, yo construyo contigo, necesito un testigo.

Esa dimensión que llamas “abismo” es una expansión, y le tememos pues no hay control sobre ella ¿Cómo convives con eso en esta realidad multidimensional, trayéndola al presente? ¿Cuál ha sido el aspecto más complejo en tu trama personal? ¿Cuántas veces sientes que hay un nudo que te chupa otra vez y te saca del abismo y te devuelve a la opresión?

–Cuando dices eso, yo me imagino un águila en el abismo, volando. De vez en cuando, el águila tiene que aterrizar en algún lado y aterriza en el 3D. Necesito aterrizar porque es un lugar de calma, de foco, de: “Ok, ya volé ¿Ahora para dónde sigo? ¿Qué alimento necesito?” Es decir, necesito aterrizar y volver a volar siempre. Pienso que es un proceso de autoconocimiento y la metáfora permite un conocimiento de lo multidimensional porque te abre la posibilidad de que el guión, la vida lineal, lo establecido a seguir socialmente, sea mucho más amplio que unas líneas marcadas por la cultura que es por lo general donde nos perdemos. La salud mental y emocional tienen que ver con la inclusión total de todo lo que soy, de todos mis arquetipos. Y si inicialmente debo luchar, es para incluir finalmente. Como el niño o el joven que pelea con su padre o con su madre porque necesita salir de casa. Ese es apenas el primer movimiento. El siguiente es honrarlos y el siguiente es realmente irse, habiéndolos amado. Son varios movimientos. La pelea no deja que suceda el vuelo mayor. Yo no me puedo quedar peleando. Hay que pelear primero, después, hacer una tregua, un proceso de paz. Listo. Yo necesito esto de ti, tú necesitas esto de mi, y yo estoy dispuesto a ceder esto y tu también esto otro, y ahora yo soy libre, y vienen otras batallas.

Siempre hay otra capa que develar ¿no?

Siempre hay oposición, porque la oposición es lo que nos ayuda a crecer. Si yo no acepto la oposición, me voy a quedar niño o niña. Si la acepto y bailo con ella, juego con ella, estoy creciendo.

La metáfora del águila que utilizas tiene la posibilidad de la visión, de la observación. En ese mirar desde afuera pudiste darte cuenta de que el cuerpo era parte fundamental de este trabajo de autoconocimiento que querías hacer. ¿Por qué el cuerpo?

–Sí. El cuerpo es lo más objetivo y tangible que tenemos. El éter es intangible, existe, es muy fuerte, pero no lo puedo tocar. Yo lo puedo hablar contigo y los dos vemos la misma imagen, pero lo que necesitamos fortalecer es mi cuerpo y tu cuerpo que son capaces de comunicar ese éter. Mi cuerpo es mi vehículo. Si está bloqueado, los seres humanos que somos átomos, también nos bloqueamos, a nivel de garganta, de plexo solar o arriba de la pelvis. Eso es bioenergética, mejor dicho eso es Wilheim Reich, y Lowen. Al desbloquear mi cuerpo permito que las alas salgan y vuelen. Si mi cuerpo está bloqueado, el águila no puede volar. Va a sentir miedo del abismo. Tal vez va al abismo y se cae, porque no tiene la fuerza. El cuerpo debe bailar primero, despertarse, abrirse al espacio, poder relacionarse con los otros. Sentir eso que siente el cuerpo cuando está vivo, como un hormigueo en todo el organismo. Como una capacidad de expansión muy bonita que todos los humanos buscamos constantemente. Es una sensación de amor, creo yo.

Eso creo también. Esa es la pulsión, la frecuencia del amor…

Sí, el amor alguien lo va a sentir y es contagioso, es como un virus.

Es una vibración, se expande…

Sí, y hay gente que es muy leal a su bloqueo, por lo que estos movimientos pueden ser amenazantes para ellos. Hay que ayudarles a que poco a poco abran y sientan. Muchas veces es como traicionar unas creencias de la línea paterna o materna, lo cual es complejo. Pero ahí es donde entra la terapia a ayudar a la persona para que sea leal a su alma, incluso a veces traicionando un mandato familiar muy profundo del tipo: “Tú debes ser así” o “debes ser un hombre de bien”. Son mandatos familiares que tienen mucha fuerza en la psique, son transgeneracionales. Y es una situación muy difícil. Hay gente que prefiere suicidarse antes que hacer una gran traición. Es como decir: “mi sistema nunca lo va aceptar”, entonces la persona se suicida. La terapia entra ahí a negociar para ver cómo ir abriendo poco a poco.

¿Cómo puede llegar a ser tan fuerte no traicionar el mandato familiar para llegar a suicidarse? ¿Lo has conocido de cerca?

–Sí pues en mi proceso personal ha sido un tema. Yo mismo he visto esa opción. Pero gracias a dios -sea lo que sea que eso signifique- o a una fe muy grande, he tenido la paciencia para saber que tarde o temprano iba a encontrar una manera de negociar con mi antiguo sistema de creencias. Y en este momento, como dije, no necesito estar en el lugar esquizoide para comunicar algo, sino que puedo comunicarlo con todo mi cuerpo y ha podido ser adaptativo. Es como la gran misión de un comediante: Haz el chiste más negro y más oscuro y logra que todo el mundo se ría. Esa es la alquimia, lograr poner y validar mi mundo interior ante el mundo exterior, porque sí, es muy importante para todos pertenecer, somos seres sociales.

Tuve el caso de una persona que decidió suicidarse porque estaba desesperado. Él era muy loco, muy libre, pero el mandato de ser como debía ser ante su padre y madre era muy fuerte, y él era muy leal a eso. Era esquizoide, súper esquizoide, brillante, amorosísimo. Y en algún momento voló, voló, voló alto y después, cuando tenía que hacer el gran movimiento, el gran acto de separación, él se regresó, se entumeció, su cuerpo se puso rígido. Su tristeza era gigante y no lo pudo aguantar. Y él decidió conscientemente volarse. Era una lucha muy grande. Y bueno, la idea es ayudar a la gente a tener las diferentes opciones para que no sea solo morir la única opción.

 

Teatro Sicoactivo

 

TEATRO PSICOACTIVO

Es difícil habitar la polaridad, se requiere crear puentes que nos ayuden a transitar nuestras partes, que las integren. A ese puente que tú vas creando y tejiendo luego de mirar y de darte cuenta le llamas Teatro Psicoactivo ¿De qué se trata?

Es fundamental tener unos “aeropuertos” para que estas personas puedan comenzar a entrar en este espacio que llamamos “el abismo” y comenzar a volar. Y estos aeropuertos están llenos de personas que están convencidas de esto. En Bogotá yo pertenezco a uno de esos aeropuertos: se llama Transformación Humana. Es el lugar que me ha permitido crear. Yo he podido llegar allá loco y también neurótico, y tejer con otras personas que están en la misma búsqueda y en el mismo camino. Y es lo mismo que ustedes tienen en Valparaíso, el Círculo Social de Terapeutas. Es un lugar donde yo puedo construir con otros. Ahí entra el Teatro Psicoactivo. Para que haya teatro debe haber por lo menos dos personas, así dice Peter Brook, dos personas y un tablado. Yo necesito encontrarme con alguien. Teatro implica un encuentro, una relación con otra persona. Y juntos podemos elaborar un montón de situaciones que están instaladas en la historia etérea de cada uno y podemos construir relaciones y soluciones o lo que sea. Es ahí cuando se vuelve psicoactivo, que hace referencia a una expansión de la conciencia, a algo que me permite tener una mayor experiencia de mí mismo, de mis emociones, sentimientos, ideas, movimientos.

Lo que hacemos en Teatro Psicoactivo es provocar experiencias educativas para el ser, experiencias que magnifican mi sensación de mí mismo y que posibilitan la comunicación de eso que necesita comunicarse. Son como laboratorios donde simulamos lo que la persona necesita para volar. Es un lugar donde ayudamos a la gente a que descubra sus alas y vuele. Y a que descubra también o reconozca su necesidad de aterrizar de vez en cuando.

¿Cómo te ha ayudado a ti esta medicina psicoactiva? Yo recuerdo mi experiencia clown y siento que es un desparpajo, un entregarse. En lo personal fue una experiencia de quebrarme de manera permanente, de enojarme mucho con mi profesora, de sacar afuera la violencia, de vivir mi rabia, frustración, negación. El trabajo del teatro me atravesó profundamente y me descascaró íntima y socialmente…

El teatro es un lugar de exposición. Yo soy psicólogo de profesión. Yo no vengo de las tablas, yo vengo de las calles. En los talleres de teatro en que me he formado he tenido toda clase de experiencias, algunas que me han servido mucho y otras que me han herido mucho y no han servido para el propósito. Y eso también ha sido parte fundamental de lo que yo quiero proponer con el Teatro Psicoactivo. Me interesa mucho que la persona no salga herida ni excluida. Me interesa mucho la inclusión, es un tema que me mueve. Hay directores y profesores de teatro muy rudos, les importa la historia, el acto y la actuación y hay veces que hieren a la gente. El clown es muy delicado, la improvisación es muy delicada porque puede tocar las heridas más profundas de la persona. Y por supuesto que implica una gran transformación. Yo me dedico mucho a que cada ejercicio ayude a la persona a sentirse un poco más segura de sí, tocando lo auténtico de sí misma. Entonces, hay confrontación, pero con contención. 

Tuve una experiencia de teatro que me marcó mucho y por eso elegí profundizar aquí y fue pararme en escena por primera vez, frente a un público en un taller que hice en California con Paula Shaw a quien considero mi maestra del teatro. Ella me ayudó a expresarme totalmente, a no negar nada de lo que me estaba pasando. Y la experiencia que eso trajo en mí fue de sentirme muy muy vital. Es como si el átomo estuviera completamente desbloqueado. Y además aceptar que eso estaba bien. Para mi enseñar es una manera de entrar ahí. Si yo me abro y entro en eso, la gente lo recibe. Entonces estoy transmitiendo, siendo leal a mi alma, tocando otras almas. Suena un poco cristiano, jajaja.

Es que hay que deconstruir también los discursos, suena de esa manera porque no tenemos otros recursos epistemológicos para explicar lo que estamos viendo. Nos falta todavía una conceptualización para la metáfora. Yo trabajo en eso. Ese es mi cuento, el lenguaje, la semiótica, la semántica, y cómo atraviesan también el cuerpo, generando bloqueos o aperturas o explosiones. Entonces, en ese cruce de cuerpo – voz ver cómo vamos haciéndonos conscientes del sentido de la palabra ¿Cómo ha sido para tí ese proceso?

–Que bueno que digas esto porque la narración y el discurso son muy importantes dentro del proceso de hacerse a uno mismo. El ser humano tiene varias conquistas. Una es ponerse en pie. Y la segunda -que es una multiconquista que no para- es el lenguaje. Nosotros creamos historias y vivimos las historias que creamos. Vivimos lo que narramos y narramos lo que vivimos. Ahí está el poder que tenemos de transformación: entender el poder de una narrativa profunda y compleja que involucra el cuerpo. Entender el poder que tengo yo de transformar la realidad. Porque si yo elijo una narrativa que se basa en la queja, pues eso es lo que yo voy a recibir. Si alguien me ayuda a transformar esa queja en algo…

Constructivo, creativo …

…Y si es constructivo, primero voy a activar un montón de sustancias en mi sistema nervioso que van a producir un efecto beneficioso. De la manera en que yo hablo, comienzo a activar toda mi farmacia interna. Si yo hablo en dolor, voy a sentir dolor, mi cuerpo se va a agachar. Si yo construyo una narrativa más amplia, más optimista… No significa que ahora todo lo hablo en positivo, no, pero hacer una danza con la oposición a través de un discurso que sea mucho más amplio y mucho más abarcante que la narrativa limitante, quejumbrosa, víctima o victimaria. Es como trascender esa polaridad y poder entrar en un discurso que está basado más en la inspiración, en la conexión, en la sintonía, en el alma.

emilio gallon claudio naranjo

ANARQUÍA

Es interesante también ver cómo vamos así derribando las polaridades, tratando de explicarnos un nuevo sistema de conocimiento -que en realidad no es nuevo sino que es un despertar de un conocimiento muy antiguo-, intentando establecer nuestra relación con el mundo y entre los seres humanos, entre la raza humana. Cómo vamos deconstruyendo también esos discursos dominantes dentro de la corporalidad…

Sí, y eso es muy bonito y yo no sé cómo es que sucede cuando la experiencia de la persona comienza a crear un discurso. La experiencia de trascender esa polaridad, lo que da como resultado es que la persona entra en una inspiración y comienza a mandar unas perlas y a estar conectada con el universo y a construir metáfora. Y es que cuando la persona está muy conectada se vuelve maestra. Entra en un lugar que es totalmente generoso. Es un lugar de servicio total.

Amor…

Es un lugar de amor. He visto mucho en los estudiantes y en los pacientes que cuando entran ahí se vuelven maestros. Y me enseñan y nos enseñan a todos, no desde lo jerárquico patriarcal, sino desde lo horizontal. Porque están conectados y se muestran.

Y lo interesante es mostrar que esos espacios psico-emocionales de alegría, gozo, pena, enojo… son orgánicos, son dinámicos. Entras, sales. Te iluminas, te oscureces. Tienes que ir a la oscuridad para después entender lo que hay en el otro lado. No hay un lugar al que llegar. Es un teatro…

Es un teatro. Es cuando estoy entregado al momento, a la verdad, y la acepto, y doy lo mejor de mí. Esa es la persona empoderada. Que bonito es ver a la persona empoderada, ahí donde esté, donde le toque. En cualquier lado.

Ocupando su lugar…

Su lugar de poder, sin nada que lo oprima y sin oprimir a nadie. Esa es la política que necesitamos, la política del arte. Esa es la educación que necesitamos: ayudar a que las personas conquisten ese lugar una y otra vez. Porque es como el jazz, nunca va a sonar igual. Siempre depende de lo que está pasando. Me tengo que conectar con lo que está pasando para dejar que esto suceda. Y esta vez sucedió así y es único. Nunca más va a volver a ser igual. Habrá otro escenario y otra vez entrar y expandirse ahí… Y contraerse, descansar, reflexionar y seguir en este camino. Es ser uno su propio Gobierno, su propio Estado. Ser uno su propio Presidente.

Eso se llama anarquía…

 

taller teatro psicoactivo

 

 

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