Emergencia narrativa presenta novela inspirada en los crímenes de Alto Hospicio

Rodrigo Ramos2Entre 1998 y 2001, la localidad de Alto Hospicio, en la I Región, se vio sacudida por la desaparición de numerosas adolescentes de la comunidad. Sólo luego de una indignante y dolorosa procesión, que incluyó una deleznable sucesión de prejuicios e indiferencia, las familias conocieron la verdad sobre el destino de sus hijas: todas habían sido víctimas de Julio Pérez Silva, “el sicópata de Alto Hospicio”, condenado en 2004 a cadena perpetua por el homicidio de 14 adolescentes.

Testigo de este horror fue el periodista y escritor Rodrigo Ramos Bañados, quien por ese entonces trabajaba en el diario El Nortino, de Iquique. Observador detallista de las diversas realidades que se viven en el norte grande minero, Ramos Bañados se inspiró en este impactante caso policial para escribir “Alto Hospicio”, su primera novela, libro que mezcla realidad y ficción para construir una historia perturbadora acerca de la marginalidad. El libro será presentado este domingo 11, a las 21.00 horas, en la Feria del Libro de Viña del Mar.

Publicada inicialmente en 2008 por Editorial Quimantú y reeditada hoy por Emergencia Narrativa, “Alto Hospicio” relata la historia de un periodista decadente que teclea en sórdidos cibercafés los fragmentos de un historia perturbadora. Como autor de una serie de reportajes sobre famosos asesinos en serie, ha logrado cierta fama en el diario local en que trabaja. Y uno de sus fervientes lectores es un conductor de colectivos que terminará siendo conocido como “el sicópata de Alto Hospicio”. Sin adornos ni prejuicios, el narrador va relatando, a modo de posteos en una novela-blog, sus andanzas con Pérez Silva por Iquique y las tomas de Alto Hospicio, los sórdidos personajes que circulan en torno al puterío “La Ponderosa” y el funesto destino de las chicas que han caído a manos del sicópata. ¿Victimario, cómplice o testigo? Esa es la duda que acecha al protagonista de estas crónicas, que tienen como telón de fondo el total abandono que se vive en las tórridas poblaciones marginales del norte grande y la corriente de drogas y prostitución que circula por las capitales mineras de la zona fronteriza.

EN EL PATIO TRASERO

ramos bañadosRodrigo Ramos Bañados es periodista y escritor, autor de las novelas “Alto Hospicio” (Emergencia Narrativa), “Pop” (Cinosargo) y “Namazu” (Narrativa Punto Aparte). Actualmente se encuentra radicado en Valparaíso, pero durante toda su vivido ha vivido y trabajado en las ciudades del norte grande, especialmente Antofagasta y Arica, por lo que ha sido testigo de las profundas transformaciones que ha vivido esa zona a propósito del desarrollo minero y la inmigración.

Para la época de los asesinatos, Ramos Bañados hacía su práctica profesional en el diario El Nortino, en Iquique. “No me tocó cubrir, más bien fui testigo de las idas y vueltas de las familias de las desaparecidas al diario para hablar con el periodista que hacía policial. Mario Vergara, el periodista de policial que había estudiado en la universidad de la vida para el oficio, comenzó a creer en la posibilidad de un sicópata mucho antes que explotara el caso. Un día, por otra nota, a meses que se supiera la verdad, me tocó entrevistar al jefe de la PDI regional y el tipo, suelto de cuerpo, me dijo de manera extraoficial que las niñas andaban prostituyéndose en Bolivia y que había mandado a policías a ese país en busca de las pistas… Imagino que los policías tienen que haberla pasado bien en Santa Cruz de la Sierra”, apunta.

-Este libro nació inicialmente como un blog. ¿Era tu intención construir una novela o se fue armando a partir de los posteos?
-Partió como un blog cuando no había ni Facebook ni Twitter, con la idea de hacer una mentira lo más creíble. Lo extraordinario es que, al cuarto post, me creyeron. Eso me incentivó a continuar. Si se lee el blog, hay varios posts que incluso piden que siga adelante. Al final fue como una novela por entregas. Reconozco la influencia de Bolaño en ese entonces, también con “Detectives salvajes” y después “2666”.

-Tú vivías en el norte en la época de los crímenes, ¿qué huella te dejaron esos sucesos? ¿Cómo impactaron en la sociedad entonces?
-En ese tiempo vivía en Iquique, donde Alto Hospicio se armaba como el patio trasero. Los crímenes marcaron un antes y un después en Alto Hospicio. Antes, digamos a finales de los años ‘90, nadie tenía muy claro hasta dónde podía llegar el caserío. Muchos arribaron de la zona central atraídos por la baratija de la zona franca y el buen clima, o sea, en Alto Hospicio la función del techo era dar sombra y no cubrir de la lluvia, así cualquier cosa servía de techo. Alto Hospicio creció de manera explosiva. Tomas de terrenos se transformaron en poblaciones de un día para otro. El sicópata aprovechó el contexto de desorden para actuar. Después del sicópata el asunto se ordenó, hubo más seguridad y la ciudad fue tomada en serio por las autoridades. Hoy es una comuna. Al final se cumple la premisa de que las autoridades son más de reacción que de acción.

-Más que buscar el sentido del mal, la novela apunta a que la marginalidad propicia las condiciones para que el mal se exprese sin mayor contrapeso. ¿Crees que esas condiciones son repetibles en otros lugares?     -De todos modos. Latinoamérica es un continente violento por la marginalidad y no una marginalidad de pobreza dura, sino por falta de compromiso de las autoridades con sus pueblos. Vivimos en países corruptos, en nuestro país la corrupción es más fina que en Paraguay, por ejemplo, pero la hay. Las policías no funcionan o no dan abasto porque están en el día a día. No proyectan escenarios, nadie proyecta escenarios salvo en las campañas políticas. Ya vimos cómo el Metro falló de repente. A eso hay que sumarle la brutalidad del sistema y el deseo de posesión a toda costa que provoca. Las crónicas rojas hablan solas.

-¿Quiénes son los protagonistas de tu novela: el sicópata, el periodista que lo acompaña, las víctimas, la sociedad?
-En lo formal hay una historia donde el protagonista es el periodista y la manera que tenemos de influenciar a la gente. Aquí el periodista influencia al sicópata de algún modo, aunque al final es el sicópata quien ejecuta.

-No hay muchas novelas inspiradas en crímenes o criminales chilenos. ¿Cómo trabajaste la realidad y la ficción en tu novela? ¿Crees que la literatura podría explorar más este nicho?
-De todos modos. Leí hace poco la novela “El río”, de Gómez-Morel, y me pareció buenísima, y uno se pregunta por qué esa novela, como las de Rivano, por ejemplo, se hacen populares por el boca a boca. En Chile no se publican demasiadas novelas negras, teniendo una crónica roja abundante. Es raro. Quizás los escritores le hacen el quite porque un crimen siempre tiene un final, sin embargo, hay mucha espesura sicológica en los criminales.

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