El Silencio No Existe

editorialtsonamintro2La historia cuenta que John Cage, pionero de la música experimental norteamericana, por el año  1951, al momento de entrar en una cámara anecoica (espacio acústicamente asilado del exterior) en la Universidad de Harvard, escuchó dos sonidos, uno agudo y otro grave. Al preguntar al ingeniero sobre el origen de lo percibido éste respondió que el sonido grave era su propio sistema sanguíneo, y el agudo, su sistema nervioso. Luego de eso Cage declaró “no debemos preocuparnos por el destino de la música, el silencio no existe”.

Notas sobre el Festival Tsonami
Por Fernando Godoy
Director Festival Tsonami

A partir de Cage y Fluxus el sonido comenzó a pensarse en las artes, conectándose con prácticas como la performance, la instalación, la escultura, etc. Desde esos años, y aun cuando existen antecedentes desde los futuristas italianos a comienzos del siglo XX, se aceleró un proceso que derivó en lo que pasó a denominarse arte sonoro: zona ambigua e intermedia centrada en la experiencia de escucha y/o el sonido como material de especulación artística.

A nivel local entre los primeros que ejercitaron con sonido podemos mencionar a Juan Downey,
Jorge Martínez Ulloa o Rainer Krause, también proyectos colectivos como RadioRuido o Ensamble Majamama. Todos estos artistas o proyectos (a excepción de Downey) aún siguen vigentes o son cercanos en el tiempo. En este contexto de producción incipiente surge en el año 2007 el Festival de Arte Sonoro Tsonami en la ciudad de Valparaíso, como un espacio de experimentación en torno al sonido como medio.

editorialtsonamintroPero ¿qué puede tener de singular este festival? De algún modo Tsonami se ha construido a partir de un campo emergente y singular que no tiene un existencia institucional a nivel local (recién este año se han realizado los primeros intentos en dos universidades) y donde tampoco existía/existe una masa crítica alrededor de la disciplina. Esto puede considerarse una desventaja pero también es una virtud que redunda en la libertad que permite el proyecto. Es por esto, y su casi obligado carácter de experimento, de tanteo y búsqueda, que el festival constantemente se replantea.

Actualmente el Festival se piensa a sí mismo como un espacio de flujo e intercambio más que de presentación, no obstante su programa contiene ambas cosas. El flujo es entendido como un espacio de desarrollo de ideas, ejecución de investigaciones y ejercicios artísticos donde se vincule la relación entre territorio, lugar y sonido. Esto es posible mediante instancias como la residencia o como el trabajo con encargos específicos, que vinculen estas temáticas hacia la obtención de un ejercicio de producción. En este sentido, los artistas en residencia deben elegir lugares, delimitar y proyectar su investigación tanto como acontecimiento y narración especulativa del sonido en cuanto pretexto.

El sonido es el medio más etéreo, espectral y temporal, pero a la vez tiene una potencia física y afectiva enorme. Tal vez por eso nos parece que un festival sobre arte sonoro debería convivir mejor con la dinámica de los procesos. Por nuestra parte, esperemos que así resulte en la próxima versión que ya se acerca.

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