El Osario de Sócrates: un extenso viaje en descomposición


Por Camila Landon Vío

[Escuela de Crítica de Valparaíso]


El Osario
 de Pablo Picasso es una de las obra más importante del período final de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una gran composición caracterizada por el simbolismo de la forma, el enajenamiento artístico de la realidad y la traslación del horror cotidiano de la guerra a un lenguaje plástico conmovedor pero carente de agitación directa. Picasso fue inspirado por una película española en la que toda una familia es brutalmente eliminada en su propia cocina.

A su vez, el filósofo Socrates creía que todo vicio es el resultado de la ignorancia y que ninguna persona desea el mal. La virtud es conocimiento y aquellos que conocen el bien, actuarán de manera justa.

En el Osario de Sócrates cuatro jóvenes actores representan a cuatro personajes. Todos comparten un estado en común, todos portan el VIH. La obra comienza con una cita grupal a ciegas, en un departamento intentan dialogar y comportarse como personas normales. Pues lo logran, pero solo al comienzo ya que la compostura comienza a desconfigurarse, descomponerse en fragmentos de tiempo, textos, imágenes, emociones expuestas de manera atractiva, aunque carente de una agitación interna sincera. Finalmente llegan a un pacto con la audiencia, acordando que ésta será la manera de comunicarse con nosotros. 

La muerte ronda mas que nada en el texto, por momentos en el espacio, la materialidad y sus cuerpos, cuestionándose la existencia de un dios; con diversos conflictos existenciales acerca de cómo enfrentar la vida en sus condiciones de infectados.

El director y dramaturgo de la obra, José Antonio Luer, busca ahondar “en cómo llevar los procesos de la metafísica a la acción escénica, planteamiento que aloja los problemas de la filosofía moderna, pero en el teatro”. En mi conocimiento primario sobre filosofía, entiendo que la metafísica está asociada a lo que Aristóteles llamaba la filosofía primera, que estudiaba las causas y las características del ser. Ser, en este marco, es aquello que, dejando de lado la totalidad de las características individuales de los entes particulares, continúa resultando igual en todos los entes.

Podemos entonces presenciar que estos personajes invitan a desenmascarar nuestras emociones y formas de escondernos frente a ellas, con el drama del VIH como pretexto, en una composición realista con tintes surrealistas y performáticos*. Pretenden hacernos creer que portar el VIH es convivir con la muerte cercana, escenario que en la actualidad no es real.

Prefiero pensar que todos estamos infectados de algo y que todos vamos a morir. La excusa del VIH se disuelve en el transcurso de la pieza y comenzamos a viajar por universos internos confusos y solitarios. El espacio y tiempo de la obra es cambiante: cuando pensamos que estamos en el final de la obra, eso no sucede. Esta agonía se extiende y se descompone plástica y emocionalmente cada vez más. Nos mantiene en un ejercicio de contradicción, de querer permanecer para conocer el final y al mismo tiempo que acabe pronto la decadencia del existir de estos personajes.

Aparece la muerte, la sangre de una quinta invitada jamás vista ya que desde el comienzo del espectáculo se encontraba en el baño. Con rituales concedidos a una “voz parlante” y mediante la manipulación de la materialidad escenográfica con símbolos un tanto difíciles de codificar, los personajes despiden a la muerta o reciben la muerte, procurando hacernos partícipes de este trance de sus emociones y confesiones. La naturaleza se expresa como fuerza primaria.

Luego de exponer su caos interior y representar el terror de sus sentimientos del pasado y presente, desconfigurando la materialidad y el espacio, los personajes nos ordenan. Todo vuelve a su sitio. La vida continúa en su frivolidad de cita grupal. Nos hacen mirar hacia adelante, hacia el renacimiento de estas relaciones en forma de cómplices, hasta que llegue la natural muerte inherente a todo ser. La obra por fin acaba.


*Entendiendo la performance como “un acto de dramatización en el que sus participantes no sólo representan lo preestablecido en un guión, sino que consiste en una traducción, una transformación, un desplazamiento en el que se reelabora, recrea e interpreta lo relatado o escrito” (Díaz Cruz, Rodrigo- 2008).

 

FICHA TÉCNICA

Dirección y dramaturgia: José Antonio Luer
Asistente de dirección: Sebastián Gajardo
Elenco: Paulina Erazo, Mirco Aranda, Laura Toledo, Rodrigo Muñoz
Diseño Integral: José Antonio Luer
Asistente de Arte: Laura Toledo
Producción General: La Bóveda Celeste
Iluminación: Valentina Soto
Sonido: Sol Gallardo
Diseño Gráfico: Diego Soto Luer
Multimedia: Cristian Araya
Público: +14
Duración: ¿?

 

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