El mito de la ‘autonomía’ de la obra de arte

Generalmente se nos ha hecho creer, desde los principios de la imposición de la ideología hegemónica actual, que el arte tiene una autonomía social, que responde solamente a la creatividad del artista y que no responde a una situación social en particular en que el artista vive, percibe su naturaleza (social) y expresa opiniones o sentimientos acerca de ella.

Por Luis Salvatierra

Se asevera continuamente que el arte es independiente de cada sociedad y que se trata de una expresión universal tanto a nivel geográfico como temporal: así podemos gozar todavía del arte griego -cultura muerta- de la misma forma que gozamos del impresionismo –cultura de comienzos de la época imperialista, globalizada- o que de las obras del grabador local de mediados del siglo pasado, Hermosilla –expresión de una cultura dominada dentro de las relaciones imperiales.

En alguna medida esto es cierto ya que cada artista, como persona, adquiere una personalidad artística gracias a sus experiencias de gusto y emociones que le son propias solamente a ella; pero por otra parte, esa misma persona nace dentro de una sociedad específica que le impone ciertas experiencias que son también exclusivas de la persona individual dentro de la articulación con las otras personas que componen su entorno. Ese entorno no solamente incluye sus relaciones con otros para conseguir su subsistencia, sino le impone una metodología para expresar sus emociones y gustos para proyectarlos nuevamente a una realidad que es ideológica.

Así, en su trabajo, cada artista propone diferentes formas de expresar sus utopías de vida: la manera de expresar sus ideas sobre el futuro en el que participa como creador. Algunos lo expresan directamente en su arte. Otros esquivan la expresión de sus utopías y hacen arte que no tiene relación con la sociedad en que viven y nada más se apropian de ‘su’ sociedad en aspectos formales que no corresponden a sus experiencias de vida ni a las de quienes les rodean (como naturaleza).

2Roberto Matta pintó inmerso en la sociedad en que vivía así fuese aquella sociedad que experimentaba diariamente en París como la sociedad que le afectaba desde lejos, el Chile pre y post 1973. Matta no entendía su arte como separado de su vida en sociedad, sino que lo entendía como animal humano inmerso en su humanidad. Se hace fácil de comprobarlo cuando se observa una tercera parte de la exposición instalada en la Sala El Farol por este mes de octubre, donde hay una pared entera que hace referencia a su positividad con respecto a los acontecimientos de cambio reflejados por las actividades de los proponentes de la Unidad Popular, el pueblo. (No las muestro aquí, solamente les invito a visitarlas). A pesar de ello, como comparación ideal, se pudiese haber también incluido las imágenes que representan su rechazo a la etapa histórica que vino después. Esto hubiera completado su visión o su compromiso con la vida y descartado (creo que definitivamente como muestra de uno de los pintores más respetados de fines del siglo XX) la posición de que el arte es autónomo de toda sociedad.

El artista vive y experimenta la naturaleza que le rodea y esa naturaleza hoy en día es netamente social. No debe haber nadie que viva en soledad alejado de otro contacto humano. De esa experiencia rural o urbana el artista entiende a esa naturaleza de una cierta manera adquirida por su aprendizaje y como heredero de otras generaciones anteriores a él… y eso le lleva a expresar de una cierta manera, con una cierta técnica, con una cierta destreza.

3Precisamente lo opuesto es lo que ocurre en la Sala Valparaíso donde, como arte, se muestra por ejemplo un espacio lleno de tierra encerrado entre paredes blancas. En algún lado vi la firma de Justo Pastor (Mellado) y eso explica lo mucho o lo todo. Allí se esquiva el tomar posiciones frente a la vida o expresarse (con destrezas artísticas) positivamente la relación de los artistas con la vida. Se trata de una especie de cobardía para vivir a pesar de estar ganando ingresos por expresarse y porque el público lo consuma: es como vender aire sin envase: un sinsentido. Habría sido interesante convidar a la gente de los cerros afectados por el incendio a visitar esta muestra para escuchar sus opiniones.

Si la exposición de Matta tiene un sentido tanto estético como cultural dada su estrecha interacción con su experiencia de vida, esta otra obra de ‘instalaciones’ tiene el sentido de ir a verla para comprender solamente el trabajo que tendrán los encargados de la sala (don Juan y sus colegas) para limpiar lo que estos ‘trabajadores’ culturales dejarán en su sitio.

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