El largo desexilio de Omar Saavedra

En 1974, Omar Saavedra partió al exilio desde su natal Valparaíso donde hasta el Golpe Militar trabajó como Jefe de Redacción del diario El Popular. Radicado en Alemania (RDA), desplegó una fecunda carrera literaria publicando novelas, cuentos, obras dramáticas, guiones de cine y televisión. Galardonado, su teatro se sigue representando en Alemania y sus obras han sido traducidas a varios idiomas. Sin embargo, su retorno a Chile después de 35 años lo convirtió en “un perfecto desconocido”. En sus palabras, que su trabajo se conozca poco en su propio país es resultado de un desinterés generalizado, provocado por el consumo como instrumento de poder. Pero Saavedra persiste en su oficio. Por estos días termina de escribir el montaje teatral Fausto Sudaca, adaptación latinoamericana de la tragedia de Goethe, que dirigirá Alejandro Quintana y tendrá en su elenco a su hija, la actriz Catalina Saavedra.

omarljm1

Por Alejandra Delgado / Fotografía de Nelson Campos

Las luces de la Sala Upla se encienden tenues. Omar Saavedra introduce con voz clara la lectura dramatizada de su comedia Borges mata a Jünger, aparentemente sin motivo. En escena vemos a Arnaldo Berríos, Naldy Hernández y Silvio Viancos, destacados actores porteños, miembros fundadores de ATEVA (Agrupación Teatral de Valparaíso), el grupo de teatro independiente más antiguo de Chile y del que Saavedra también formó parte en los ’60.

La obra mezcla teatro y literatura con mordaz ironía, ficcionando un encuentro entre el argentino Jorge Luis Borges y el alemán Ernst Jünger en el ocaso de sus vidas. En realidad, ambos escritores sostuvieron una sola cita en octubre de 1982 en casa de Jünger, en esta pieza, la cual quedó documentada. En ella Saavedra se inspira para construir un segundo acercamiento imaginario que señala atractivamente los puntos de unión y conflicto entre estos dos relevantes personajes de las letras.

Hay algo de Borges en Omar Saavedra, piensa el académico y crítico teatral Agustín Letelier. “Sin haber sido bibliotecario como él, Omar Saavedra pasó mucho tiempo yendo prácticamente todos los días y todo el día a la Biblioteca Estatal de Leipzig, mientras hacía sus estudios de literatura. Su manejo de la literatura universal de todos los períodos debe haberse cimentado allí. En sus historias intercala citas o hace paráfrasis de cientos de obras que normalmente no identifica pero que el lector puede reconocer o, en algunos casos, al menos darse cuenta de que pertenecen a fuentes clásicas. También como en Borges se puede pensar que tal cantidad de textos no puede estar en su memoria y que algunos de ellos son apócrifos. Pero también puede ocurrir que sean verdaderas. Por tal afinidad resulta natural que Omar Saavedra haya escrito una obra en que su personaje central es Borges, a quien acompaña una secretaria japonesa que aunque se llame Fukusawa no puede ser sino una paráfrasis de María Kodama”*.

-¿Por qué no llevar este texto completo a escena?
-Porque es muy largo.

-¿Qué hay del Fausto Sudaca?
-Estoy terminando de escribirlo. Tuvimos la suerte de ganarnos la loteía del Fondart. Es un proyecto de “excelencia” que le llaman, lo cual suena bastante rimbombante. Es un espectáculo teatral, una lectura latinoamericana de la saga alemana del Fausto, la obra de Goethe.

-¿Cómo abordaste esa lectura latinoamericana?
-Vamos a ver lo que pasa, está todavía engendrándose, estoy terminando el texto. La pregunta que ronda la obra es qué hemos hecho con el progreso, para qué lo hemos usado. Los ensayos empiezan en octubre y el estreno está fijado para fines de diciembre. Tiene un elenco bastante top, como se diría, está Pancho Melo, María Izquierdo, Daniel Alcaíno, Catalina Saavedra, mi hija, y muchos más.

-¿Por qué escoger el Fausto de Goethe?
-Es una forma de presentar una de las obras fundamentales de la lengua alemana, una piedra angular de la literatura alemana que se ha hecho muy poco en América Latina. Existe el Fausto Gaucho (Fausto, Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de esta Ópera) de Estanislao del Campo de 1866, pero más nada. Es un homenaje nuestro a lo que es la cultura y las letras alemanas con las cuales yo me siento absolutamente agradecido y comprometido.

-¿Por qué piensas que tu amor por el teatro no es correspondido?
-Tiene que ver con mi relación con el teatro alemán que no fue buena. No es un teatro que me entusiasme particularmente, salvo algunas excepciones. Es de un alto grado profesional y de institucionalidad también, pero hacen un teatro que por lo general a mí me interesa poco. Y acá, desgraciadamente, ha ganado mucho terreno, hay una exacerbación de determinadas formas de hacer teatro que no me terminan de gustar…

-¿Cuáles?
-El Teatro de Dirección, en el que se ha divorciado el texto literario del suceso teatral o donde se obliga a la palabra literaria a desaparecer del teatro, lo que me parece un exabrupto porque, en mi opinión, teatro y literatura están unidos por la sangre. No se puede hacer teatro sin literatura y la literatura también necesita del teatro. De otra manera, no terminaríamos de explicar un fenómeno como Shakespeare en Inglaterra, o un fenómeno tan popular como Molière en la literatura francesa. Se ha llegado a un estadio en la producción del espectáculo teatral en que el autor fue relegado a una calidad de mucama de cocina. No tengo nada en contra de los experimentos teatrales, pero tienen que tener un grado de respeto frente a los que hacen teatro. En este caso estoy hablando como autor.

omarljm2

La flojera de pensar

El poeta porteño Juan Cameron escribe en su reseña sobre El último, novela de Saavedra publicada en 2005, que estamos ante “uno de los escritores más prolíficos entre los nacidos en Chile”. Referente para él de la narrativa nacional, este “astronauta retornado a destiempo”, como lo llama, “nos trae la memoria y nos advierte que la imagen de país que nosotros en este país hemos construido de nuestro país, no existe; que no es la misma allá afuera; que se ríen de nosotros; que ya no nos quieren, que debemos recobrar la memoria antes que sea demasiado tarde”.

-Has dicho que el exilio es parte activa de la desmemoria chilena. ¿Cómo ha sido tu desexilio?
-La verdad es que después de un tiempo tan largo en el exilio, uno no termina de regresar definitivamente, de la misma manera que uno no termina por quedarse en el país que lo alojó. Es una especie de limbo. Somos muchos los chilenos que hemos vivido tanto tiempo fuera por este motivo, que no podemos negar nuestra biculturalidad. No somos solo chilenos, sino que nos hemos apropiado de otra lengua y de otra cultura. Repito lo que digo siempre: desgraciadamente el exilio chileno es la provincia más grande, más extensa, más variopinta de Chile y es la más desconocida. Chile tiene, por razones muy precisas, poco interés por lo que significó y significa el exilio hasta el día de hoy.

-¿A qué se debería ese desinterés?
-Yo creo que hay cálculo político ahí. El exilio pertenece a una parte de la historia de Chile que a los chilenos no les gusta recordar y se hace todo lo posible para que la olviden. Por eso digo que el exilio es parte activa de la desmemoria chilena.

-¿Por qué no querríamos recordar eso?
-El Golpe militar fue algo más que un golpe, fue también una amputación de una cultura que estaba en ciernes. Fue una lobotomía a la cultura nacional. Nos educaron en el olvido. La dictadura nos educó en el desinterés, en la flojera de pensar.

-¿Con qué imagen te fuiste de Chile y con cuál te encontraste al retornar?
-Yo no venía con ningún recuerdo ideal, no esperaba encontrarme con ningún paraíso perdido, no, no, no, no. Yo era muy consciente de a lo que regresaba, porque había estado en Chile algunas veces antes, de paso. Ya no somos los mismos y uno mismo reconoce su propia edad, sus defectos, su propia experiencia en el rostro de las otras personas con las cuales conversa.

-Tu retorno está más relacionado entonces con las personas…
-Es que no concibo otra forma de país que no sea una hecha de personas. Una sociedad está hecha de personas, no de problemas. Y yo creo que eso es lo que hace falta mucho acá. Hay un desinterés no solamente por el exilio, eso es una de las tantas cosas por las que Chile muestra un absoluto desprecio y una indiferencia catastrófica. Hay desinterés por la literatura, por ir a un espectáculo. Hay que mirar la vida con un ojo diferente al que ofrece la televisión chilena, pensar que existe algo más allá del consumo. Eso no está y eso se nota, lo notamos todos.

-¿El consumo ganó?
-El consumo es una señal de algo, no es consumo en sí. El consumo es una señal de que no se está pensando. El consumo es una señal de que están manipulando tu forma de pensar. Eso es el consumo. El consumo como instrumento de poder de una determinada clase, de un determinado deseo político de que la gente no haga otra cosa más que consumir.

-¿Eso se observaría también en el mercado literario?
-¡En todas partes!

Un gozne llamado Chile

omarljm3-Toda tu obra gira en torno a Chile, sin embargo, las grandes editoriales acá te son esquivas…
-O sea, yo soy un escritor perfectamente desconocido en este país. Aunque, como dices, toda la obra mía gira en torno a un gozne que se llama Chile, porque uno no puede saltar por encima de sus propias sombras.

-¿A qué crees que se debe el poco conocimiento de tus obras en nuestro país?
-Yo creo que hay varias razones, algunas de ellas ya mencionadas. Una cifra estadística que me aterra y que me entregó gente que trabaja en la Cámara Chilena del Libro: se venden al mes 1.000 libros de literatura, de prosa, en una ciudad como Santiago de Chile de 8 millones de habitantes. Y en esa misma ciudad de Chile se venden al día 1.000 autos nuevos. Esa es la relación. Entonces, yo creo que es parte del desinterés por la cultura, el desinterés por el devenir de la literatura. Yo no estoy defendiendo la literatura lectura de los libros a ultranza, pero es una señal muy significativa de que algo NO está pasando.

-Tú mismo has dicho que el libro que no se publica, no existe…
-No existe. Y el libro que no se lee tampoco, porque para que exista un libro tiene que existir alguien que lo escribe y alguien que lo lee. Y el mediador también tiene que existir, que es el editor.

-¿En que están los editores en Chile?
-Se ha publicado mucho libro, pero son editoriales pequeñitas, con ediciones tan pequeñas que llegan a dar pena. Los editores pequeños sobreviven. Acá, y como en todo el mundo, el mercado está dominado por los consorcios, que ya sabemos cuáles son.

-Tus derechos de autor te permiten dedicarte a tu vocación de escritor…
-(Sonríe) Sí, me puedo dedicar a escribir. Yo escribo porque vivo. O, como decía Lihn, porque he escrito no me he muerto.

* En Dramaturgia de Omar Saavedra de Agustín Leteler, Anales de la Literatura Chilena, Año 15, Junio 2014, Número 21.


Entre las novelas y libros de cuentos publicados por Saavedra destacan: Prontuarios y Claveles, (Ed. Simplemente Editores, Santiago, 2011); El legado de Bruno, (Ed. Alcalá, Madrid, 2010); El último – Sumarísima relación de la historia de Samuel Huerta Mardones (Ediciones del Escaparate, Concepción, 2004); Erótica de la Resistencia y otras historias de resentidos, (Ediciones del Escaparate, Chile, 2003); Magna Diva – Die Oper der Mörder (Ed. Rhinoverlag, Weimar, Alemania, 2003); Die Große Stadt (Ed. Schwarzdruck, Berlín, Alemania, 2001); Spätes Wiedersehen (Jahrbuch f. Literatur, Husum, Alemania, 1992); Frühling aus der Spieldose (Ed. Aufbau Verlag, Berlin-Weimar, Alemania, 1990).

**Entrevista publicada en La Juguera Magazine nº 11

Comenta desde Facebook

Comentarios