El hechizo de Anneke

Foto: Fernanda Reyes C.

Por Poirot Escovedo

Nueve de la noche y fracción. Las luces se apagan, comienzan los gritos del público y luego un resplandor. Un foco circular señala el centro de las tablas del Teatro Municipal de Valparaíso, en donde están los cables, retornos y micrófono dispuestos para el debut de una de las voces femeninas más virtuosas que ha tenido el rock de los últimos veinte años.

Podría decirse que Anneke Van Giersbergen, holandesa, incombustible a sus casi cuarenta y cinco vueltas al sol (de cumpleaños el 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora), ha jugado de local en sus reiteradas visitas a Santiago. Ciudad que es mencionada en la canción Sail Away, incluida en su último álbum con Vuur, In This We Are Free – Cities (2017).

En sus pasos por Chile, nunca salió de la capital hasta el pasado 2 de marzo, cuando el Puerto abrió sus brazos a un paréntesis acústico de anécdotas, chistes y melancolía. Hechizo acústico, suspendido en el espacio-tiempo, que se distancia del momento actual de su carrera, más cargado al metal progresivo.

La pelirroja ingresa a paso lento. Es ovacionada por quienes estamos ahí para verla y oirla. Hace un primer gesto silencioso: entre silbidos, sitúa su mano extendida sobre su frente para evitar sofocarse con la iluminación, observa detenidamente a sus seguidores y saca a relucir su sonrisa característica.

El hielo lo rompe con Beautiful one, reverberante sencillo de Air (2007) bajo la mirada atónita de los presentes. “Ojalá nunca me hubiera ido”, corea entre versos para marcar el inicio de aquella hora y media que seguramente dejó un gusto a poco en muchos espectadores, en el mejor sentido del término.

Con un repertorio bastante similar al de su última visita en solitario en 2016, cumplió cabalmente con las expectativas que generan su técnica vocal, capacidad interpretativa y empatía con el público.

Repasando rápidamente algunos hitos; la presencia de covers como Songbird, de Fleetwood Mac; Sex On Fire, de Kings of Leon; el ochentero Broken Wings, de Mr. Mister; Who wants to live forever, de Queen; y Wasted Years, de Iron Maiden, como también su interpretación desenchufada de Circles a una orilla del escenario; dan cuenta de su versatilidad y amplio abanico de recursos en este sencillo formato.

Infaltables fueron algunos temas de su ex banda insigne, The Gathering, con quienes compartió trece fructíferos años, repasando Locked Away, y Saturnine.

Entre gritos y aplausos, Van Giersbergen cerró con Wish You Were Here de Pink Floyd, el significativo tributo al difunto Chris Cornell con Like a Stone, Jolene de Dolly Parton y el clásico de 1998, My Electricity.

Al cierre del show se especulaba entre la gente sobre el cansancio de la artista tras, supuestamente, haber perdido su equipaje en su arribo a Chile, motivo por el cual habría visitado rápidamente el Mall Paseo Ross de Avenida Argentina para comprar el vestido negro que la vistió durante la presentación. Lo cierto es que pese a ser un número contenido, la tesis de “menos es más” aplicó a lo expuesto por Anneke, de quien esperamos seguir disfrutando durante mucho más. En Valparaíso siempre habrá espacio para un regreso.

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