El equilibrio de Javier Barría

Fotografía de Jorge Severino. Locación: Parque Cultural de Valparaíso.

Hace algunas semanas ya anticipamos en LJM el regreso de Javier Barría a Valparaíso. El cantautor ha sido disciplinado y productivo, lanzando en la última década un disco cada dos años. Su último álbum, Estación Pirque (2016) cumplió recientemente un año y en sus palabras constituye una “bisagra”, un punto de inflexión entre el consagrado Javier guitarrero, a uno nuevo e incierto, que abandona el confort de las cuerdas para dar un creciente protagonismo a los teclados y que incluso prescinde de las percusiones.

Durante un receso de tres meses a fines del año pasado el cantautor estuvo de gira junto a una compañía de teatro y en 2017 ha retomado su carrera, más no se encuentra componiendo. Hoy se dedica a la producción de proyectos de otros artistas y desde ese sitial explora las posibilidades del trabajo en estudio.

Si pudiésemos resumir el momento actual de su carrera en un concepto, sería el equilibrio. Equilibrio entre un robusto repertorio y la fiel reproducción del correlato de cada grabación junto a su banda en vivo, como también entre las imposiciones de la industria y la búsqueda de un sonido propio y atemporal.

A lo largo de treinta minutos en el Parque Cultural de Valparaíso, lugar en donde tendrá lugar su concierto el próximo miércoles 9 de agosto, hablamos con el artista sobre su presente, de Estación Pirque y del momento actual de la música popular que, pese a su omnipresencia, carece de referentes y del protagonismo que tuvo en décadas pasadas.

Por Poirot Escovedo

El año pasado estuviste desconectado de tu carrera por tres meses y te fuiste de viaje junto a una compañía teatral por México y Colombia. ¿Cuál es tu balance de esta pausa?

-No fue tan largo, pero sí fue un quiebre grande en varios aspectos. En lo profesional, en lo personal… Si bien yo ya tenía algunos discos producidos de otros artistas, al volver de este viaje es a lo que me he dedicado casi a tiempo completo. Ya estoy embarcado en cuatro proyectos y espero incluir otros dos más a fin de año. Además retomé Estación Pirque con varias presentaciones exclusivas de ese disco. Lo que se ha modificado es mi parte creativa a futuro, no estoy haciendo música nueva desde hace un año, solo me he dedicado a tocar lo que ya tengo hecho y a producir.

¿En qué proyectos estás involucrado actualmente?

-El viernes (28 de julio) se publicó el tercer disco del cantautor Benjamín Walker (Brotes, 2017), quien era parte del elenco de la compañía. Estamos súper orgullosos del resultado y hemos recibido súper buenos comentarios. Es el primero de -en teoría- seis discos que produciría este año. De momento estoy trabajando en el disco debut de Daniela Medel (tecladista de su banda), con Diego Istúriz (cantautor argentino) y con la banda Planta.

Respecto de Estación Pirque, tu último disco, has mencionado en entrevistas que se trata de tu álbum “más complejo y colectivo” de tu carrera. Además no tiene percusiones, incorpora otros sonidos y es muy distinto a su antecesor Folclor (2014)

-Viéndolo en perspectiva, no se si sea tan distinto. La voz es más bien la misma, incluso en las letras noto varios puntos en común. No hay un quiebre tan grande, más bien es un continuo, pero sí en el sonido hay una apuesta por por una mayor sofisticación y también minimalismo. La decisión de quitar un instrumento deja al desnudo muchas más cosas. Es algo que antes no me había interesado o no me había permitido hacer. También tiene que ver con la música que me gusta, no estoy escuchando siempre lo mismo.

¿Cuál fue la banda sonora de ese período?

-Es extraño porque es un disco que suena atemporal, pero inspirado por mucha música de los años cincuenta y sesenta, discos de jazz, cantantes como Nina Simone o Chet Baker. Otras bandas de rock progresivo como King Crimson. Son referentes, como la paleta de colores que usa un diseñador para un afiche. Mi idea siempre fue crear algo distintivo, bien único, único dentro de mi propia discografía y dentro del panorama actual de lo que se produce en Chile. No está mirando mucho el presente.

También has hablado antes de la “guerra de los volumen” como problemática de la música actual, pero este disco hace precisamente lo opuesto al ser tenue y con relieves.

-Es una lucha personal también. Desde hace varios años ya estoy metido en un medio que te exige ciertos estándares de audio para la radio, por ejemplo. En particular lo vi reflejado cuando empezó a regir la Ley del 20% de la música chilena, que fue cuando vi que pasaban mis temas. Fue como “oh, chucha, eran temas radiables”, aunque nunca fue mi motor hacer eso. Estos temas que gustaban tenían todo lo que se exige a las grabaciones actuales, pero a la hora de hacer este disco fue como “a la mierda todo eso”. Quise hacer un disco como se hacían antes, cuando no tenían esas exigencias ridículas de masa sonora. Pero es una lucha en que varios están. Gente como Bob Dylan se ha pronunciado al respecto, Elvis Costello. Todo se ha estandarizado gracias a Spotify, que es la principal plataforma para escuchar música. Con Estación Pirque tratamos de lograr un equilibrio entre ser delicado, elegante y competitivo a la vez con lo que suena actualmente. En las voces puede tener cosas bien actuales, pero suena a no se sabe qué tiempo.

¿Cómo se consigue concretamente ese equilibrio que mencionas?

-Haber logrado que mis temas sonaran en la radio es un logro, pero ya no es lo que más me mueve. Me mueve mucho más hacer música original y llamativa en cuanto a términos sonoros. Actualmente me dedico cien por ciento al sonido y todo lo que voy haciendo está al servicio de lo que haga en mi música más adelante. Supongo que eso me da cierto pie para hacer que las cosas suenen entendibles con un estándar mínimo de calidad, pero ahí es cuando están las reglas para romperlas. Tengo libertad para hacer lo que yo quiera y siempre quiero que sea un aporte y que llame la atención, sobre todo en esta época que es súper plana y poco riesgosa en la música. En particular la escena chilena termina sonando bastante similar. Es algo que he hecho el los últimos dos o tres discos.

MÚSICA COMO ACCESORIO

Como oyente, me da la sensación de que toda esta música estridente y de volúmenes altos guarda relación con lo dispositivos materiales desde donde se escucha actualmente. ¿Dónde imaginas que debería sonar Estación Pirque?

-En un lugar cerrado, sin la construcción al lado (risas). Siempre pruebo las mezclas en la micro o en la calle, que es donde la gente escucha más música y por la cantidad de ruido de ambiente que hay. Los trayectos en metro, a la casa, en fin. Este disco fue bien difícil apreciarlo en ese contexto. Nunca intenté que lo fuera, pensé que si en la calle se me perdían algunos detalles, iba por el buen camino. Si te fijas la música está omnipresente en diversas tareas, la costumbre es que sea un fondo y pareciera ser que la costumbre a escucharla a puertas cerradas y sin otros estímulos es de poca gente.

La memoria, el olvido, lugares geográficos y construcciones inexistentes son parte del imaginario de este álbum. Sin embargo has dicho que no es un disco conceptual. Con todos estos elementos presentes ¿Cuál es el umbral para que deje de serlo?

-Siempre he encontrado pretenciosa la idea del disco conceptual. Más bien yo tomo directrices o cosas que me van guiando. Prefiero hablar de mapa más que de concepto. El disco nació de un título, yo mismo me fasciné con la historia de la Estación Pirque y sentí que sería el punto de partida de algo para mí. Este marco hizo que entraran más fácilmente todos lo demás títulos, pero la canción homónima es de corte romántico, pasional, la adaptación es una metáfora a un lugar perdido y que duró muy poco. Leí mucho de la historia de Santiago y anoté algunos lugares geográficos como Cajitas de agua, Camino Cintura (ex Vicuña Mackenna), la antigua Plaza Italia. Las canciones tienen otras fuentes, otros rumbos, no necesariamente están conectadas.

La última canción que escribí para el disco se llama Campo Quemado y es una canción de autoayuda para mí mismo, de mi propio hastío y de ver mi propia obra y hacer como si hubiese quemado todo lo que he hecho para atrás. Santiago fue quemado como dos o tres veces, esa es la sensación, como de haber quemado toda una ciudad.

Percibo que este trabajo se parece mucho más a tus referentes confesos, como Jeff Bukley. Pudiese ser una vuelta a las raíces de lo que siempre has escuchado…

-No sé si tengo raíces. Mis verdaderas raíces estarían en el rock argentino, que es la música con la que me crié de adolescente cuando empecé a escribir. Era la única música en español que me conmovía. También los Beatles, The Smiths, aunque yo creo que este álbum es más bien un reflejo de mi presente y una puerta hacia un futuro incierto, una bisagra de lo que hice y lo que voy a hacer. Apareció el piano como instrumento principal y actualmente sólo estoy componiendo desde ahí, porque yo siempre venía de la guitarra. Estoy enfocándome en artistas como Charly García, Elton John, es otra cabeza y otra forma y eso es causa de este disco.

The Washington Post escribió hace poco un reportaje sobre la “lenta muerte de la guitarra eléctrica”, argumentando que la gente ya no las compraba, que ya no hay héroes del instrumento y que los niños ya no querían ser John Meyer o quien fuera que hoy esté tocándola. ¿Tu transición responde un poco a eso?

-Es un proceso personal, son años ya de una forma de imponer el cerebro y las extremidades que ya no me plantea cosas nuevas. Siempre he tocado ambos instrumentos. Actualmente estoy tratando de hacer un equilibrio entre ambos instrumentos y me siento mucho más entusiasmado con algo nuevo en las teclas. Son cosas cíclicas, te aseguro que en cinco años más me voy a comprar dos guitarras nuevas y voy a volver a estar fascinado.

Entonces, ¿el próximo disco será sin guitarra?

-Ah bueno… Si hago nuevamente el ejercicio de suprimir un instrumento, seguramente será la guitarra.

Ante la ausencia de héroes icónicos como los del siglo pasado, ¿quiénes trascienden hoy?

-La música actualmente es un accesorio. Es una cosa de fondo, una marea, incluso una herramienta de estupidización como lo fue la televisión en la década pasada. La televisión está muerta ya. La música invade todos los ámbitos, pero está en segundo plano. Escucho poca música actual y no se si hay una figura gravitante. Una banda como Radiohead está celebrando veinte años de un disco (Ok Computer) que sacó en 1997, que sí fue importante pero que hoy sirve como ejercicio conmemorativo para ganar plata nada más. Entonces hacen un súper show en vivo, pero su discurso no tiene ningún peso actualmente. Todo se trata de los festivales, todo lo superficial que conlleva. Estoy súper desencantado del presente de la música.

Pero tú también eres parte de ese circuito…

-Obvio, no tengo ninguna ambición de ser el héroe de la generación, no nací para eso. Me gusta hacer música, me gusta vivir de esto y para esto, pero no me impide ser crítico.

Steven Wilson ha dicho que hoy el Rap es más novedoso que el Rock

-Totalmente de acuerdo. Aunque siempre he sido medio desconfiado de esta discusión “Pop v/s Rock”, es un absurdo porque el Rock es un tentáculo más de la música popular. Todo se retroalimenta. Una banda como Depeche Mode tiene mucho más Rock que un montón de bandas que hoy se hacen llamar del género. La configuración clásica del Rock está en un estado de estancamiento y claramente el Hip-hop y la Electrónica están en su estado de ebullición y todavía pueden evolucionar mucho más.

 

Comenta desde Facebook

Comentarios