El árbol magnético: Melancolía familiar bajo el sol del valle

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Por Leonardo Torres*

Muchos de nosotros hemos experimentado en algún  momento de nuestras vidas esas reuniones familiares como parte de paseos, juntas de veranos, estadías o vacaciones con abuelos, tíos, primos, pololas y todos aquellos que se reúnen en torno a la mesa, el vino, la piscina o el campo. Si es así, también sabemos cómo son estas reuniones -y no las convencionales conversaciones telefónicas, ni correos electrónicos- donde surge lo que nos une como grupo familiar, lo que nos decimos y por qué no, lo que callamos o lo que obviamos. Todo lo que compone esa tan dispar fotografía familiar.

“El árbol magnético”, de la directora Isabel Ayguavives nos presenta un honesto retrato de lo que podría ser cualquier familia en un viaje al campo, donde por medio de reencuentros, memorias y torpezas, vamos viendo el eco del retrato familiar disperso, que nos hace buscar ese lugar al cual pertenecemos, ese lugar que muta cada vez que en nuestras memorias infantiles se apaga un recuerdo vívido por otro más actual.

Simple pero efectiva en su propuesta, nos cuenta la historia de Bruno, interpretado por el español Andrés Gertudrix -uno de tantos primos de una típica familia chilena que vuelve después de pasar una temporada en el extranjero (y que experimenta  el reencuentro, con matices de despedida) de uno de los lugares en los cuales creció junto a sus cercanos. Es allí donde visitan un sector con características magnéticas que será un punto de partida para la evocación de todo tipo de sensaciones y sentimientos, tanto del lugar como de sus cercanos, más concretamente con su prima, interpretada por la actriz Manuela Martelli. Su eterna inocencia calza con la melancolía de su personaje al tener que desprenderse irreparablemente del pasado-presente y futuro de la antigua casa de campo familiar. El gran trabajo actoral encabezado por Gonzalo Robles, Blanca Lewin, Catalina Saavedra, Edgardo Bruna y Juan Pablo Larenas, entre otros, potencian la cinta con una muy natural exposición como el grupo familiar, donde si bien hay personajes que poco se desarrollan emocionalmente, es justamente lo que atrae y nos invita a indagar.

Así como José Luis Torres Leiva nos entregara su interpretación del pasado a través de un evocativo y craquelado filtro en “Verano”,  “El árbol Magnético” juega también con mostrarnos a través de su fotografía y estética, tonos y sensaciones que sólo en el campo podemos vivenciar, como una decolorada y sencilla polaroid de la memoria.

Ayguavives trabaja muy bien los planos, desde una perspectiva dinámica que favorece el ritmo de una historia personal, íntima, tal como sucede en cada reunión y reencuentro familiar donde lo que no se dice es lo importante, la incógnita presente en los silencios y las conversaciones a medias, sin terminar, como en la vida misma.

“El árbol magnético” nos presenta muchas preguntas sin respuesta, quedando abierta a muchas interpretaciones, donde justamente es esta elemental sutileza lo que hace a la película una sencilla historia, que de alguna u otra forma, nos hará reflexionar en el recuerdo de aquella mesa llena de tíos, primos y abuelos, donde la historia que no se cuenta es, absurdamente, lo que más nos mantiene unidos.

*Del Colectivo Insomnia Alternativa de Cine

 

 

 

 

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