Ejercicio Cuatro

mundial72introDentro del Laboratorio de Crítica Cultural nos llegaban esporádicas colaboraciones de sus participantes año 2013: uno de ellos nos entregaba sus reseñas literarias, las que configuraba yendo a la biblioteca, al parecer la Severín, tomando un libro guiado casi por el azar y luego escribía tanto sobre su lectura como sobre el trámite de pedir el libro. Este es su cuarto ejercicio de tal modo.

Por Gabriel Ribet

Para este ejercicio me di un tiempo holgado. 30 minutos busqué algo que resaltara. Un título, un lomo, alguna contraportada, algún autor de nombre divertido… cualquier brillo era permitido. Me paseé de lo lindo, pero esta vez, los astutos bibliotecarios pasaban junto a mi sin observarme. Me asusté, pensé que ya me reconocían y que esto proyectaría alguna relación extra trámite… pero estaban ocupados en asuntos burocráticos, esos asuntos que -probablemente- poco a poco los alejan de la vocación.

Luego de escogido el libro –al final uno sin brillo alguno: chico, desvencijado, no leído, colores borrados por el polvo, nombre sin gracia, y autor no loado en la contraportada- me fui a dar la última vuelta, y ¡lo encontré! Un libro de más de 190 páginas con la mitad de ellas de imágenes. Fotos b/n que se supone ilustraban la novela, la hojee y claro que si, todas las hojas anteriores al texto traían su imagen ilustrativa. Dejé a un lado el rojo libro de título olvidado, y me encaminé al mesón.

mundial72intro2Y aquí viene lo bueno. El caballero de lentes en la punta de la nariz, me atiende con amabilidad. Me pregunta que necesito, le pido renovar uno que llevaba en la mochila, y le entrego el seleccionado para préstamo. Él -mecánicamente- toma la renovación, me pasa un papel, me dice una fecha memorizada desde las 8:30 y ¡zas! Mira el seleccionado, el áspero funcionario se ríe, me dice que es un muy buen libro y se me queda sonriendo. Lamentablemente ya estoy atrasado, me asaltan dudas, pero el tiempo apremia.

Bajando las escaleras, abro el libro para notarle alguna lectura previa, algún subrayado, alguna hoja doblada, o qué sé yo qué marcas dejará un bibliotecario, y no… el libro está como nuevo, como de librería… observo con detenimiento las primeras hojas, y reluce un fantástico 7 de mayo 2013. Ese es el día que ingresó a la biblioteca.

Pendiente: preguntarle al mesonero sí lo había leído antes que llegara a la biblioteca, de ser así, ¿él lo recomendó?. De no haberlo leído antes ¿lo leyó en sus horas de trabajo? De no ser así y sí eventualmente se demora en leer ¿se da más plazo? Preguntémosle a los caseros de lentes y plumeros sobre sus lecturas, acuérdese que para ser bibliotecólogo se estudia.

mundial72intro3Reflexión en torno a CH 863 TEJ 1996
Más de ochenta fotografías ilustran las páginas de este libro. Fotografías de la época, a personas, calles, techos, murallas, diarios, revistas, arte, caricaturas, y un largo etcétera, tantos tipos de imágenes como soporta un año. A pesar de ser un libro objeto pulcrísimo, esta es una nouvelle que no relampaguea en ningún párrafo, no deslumbra por usos del lenguaje, no golpea con ningún giro de tuerca, ni fascinan intertextualidades. Por el contrario, El mundial del 72 es el relato anecdótico de casi un año de Miguel Álamos “…ese último año de la antigua democracia…” Como predice la contraportada, esta novela nos enfrenta a “la sensación de omnipotencia juvenil” lo que nos mueve rápidamente de un prostíbulo a la casa familiar de una polola muy formal, de una casa comunitaria al taller de pintura de un amigo, de una a la entrepiernas de una belga, desde una industria colectivizada a una cena con un padre bien posicionado o a una cátedra de filosofía. El acierto es lograr empalmasucesos sin trascendencia sin que se note el fragüe.

Álamos es fotógrafo, se rodea de la diversidad propia de los veintitantos en los 70’s: europeos revolucionarios, hippies, latifundistas, pintores, teatristas y demases entes que gravitaban en torno a la UP. Pero él pasa como un testigo sin intenciones de involucrar más que el pellejo, sus militancias -monogamia, amor libre, revolución, la revista, la academia- son tibias, más que cualquier otra cosa su compromiso es la observación. Pero no hay que desmerecer, no es la idea ‘amarillear’ cualquier posición no extrema, ya que como buen fotógrafo nos presenta una muestra representativa del contexto juvenil- acomodado pre-golpe. Este anecdotario nos enfrenta a un engranaje que se perdió 9 meses después, es una última mirada de la diversidad ‘libre’. Más tarde vendría el caos, se masificaría el desabastecimiento, la afrenta armada y revoluciones fallidas. El objetivo de El mundial del 72 es enmarcar el último bufido del joven novillo que pudo ser, pero quedó mancillado.

Extracto: “En el colegio los profesores hablaban mucho a favor de los pobres pero nunca vi a ningún pobre dentro del colegio ni cerca de él, salvo los mozos del aseo o de la cocina, siempre de mirada baja (…) Nada más arribista y asqueroso que uno de los curas del colegio yendo detrás de los papás de mis compañeros que tenían fundo o apellidos elegantes”

Recurso: Monografía
Código Pedido: Ch863  TEJ  1996
Autor: Tejeda, Guillermo.
Título:El mundial del 72.
Edición:Sudamericana; Santiago; Chile.
Características:193 p. Libro en Español
Temas: NOVELAS CHILENAS. LITERATURA CHILENA.

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