Dos creadores teatrales hablan sobre su imaginario desde Valparaíso

El Parque Cultural de Valparaíso, en un acto que algunos tachan de histórico, convocó de manera abierta a artistas a presentar propuestas para nutrir su programación en cuanto a espacios destinados a la especialización en distintas áreas y disciplinas artísticas. Este gesto (qué esperamos sea el inicio de una etapa nueva, algo realmente histórico y no otro asunto anecdótico), permite que, entre otras, las propuestas formativas de Danilo Llanos Quezada, y la de Cristián Figueroa Acevedo, se realicen en nuestra ciudad. El trabajo de ambos en las artes escénicas es de amplio conocimiento en la ciudad, región, país y hasta más allá de las fronteras nacionales. ¿Cómo enfrentan sus disciplinas ambos creadores? ¿Cómo observan Valparaíso? 

Por Cristóbal Valenzuela 

Cristián Figueroa Acevedo: «Me interesa y trabajo por conciliar tanto los aspectos ideológicos como los poéticos, estéticos, sin perder la capacidad de juego»

¿Cómo han sido para ti los procesos en los que participas de talleres con otros maestros? ¿Recuerdas alguno en particular?

-Los talleres tienen una gran virtud, generalmente son breves e intensivos, capaces de convocar a personas realmente interesadas en el tema o contenidos que trata, así como participantes de muy variadas procedencias, experiencias y edades, los que los hace muy enriquecedoras estas instancias. He compartido con diferentes participantes de talleres que luego han sido grandes colegas y muy buenos en sus disciplinas. El taller da la oportunidad de profundizar en una experiencia nueva, de trabajo generalmente muy compartido y más alejado de lo formal. Taller en cuanto lugar de trabajo, intercambio, crecimiento colectivo, experimentación, etc. De talleres en que he participado el que más destaco, sin duda, es el que se dictó en la Biblioteca Nacional, a fines de los años ’90 (Talleres Literarios José Donoso), que tenía como profesor a Marco Antonio de la Parra, él fue extremadamente generoso y fundamental no solo en mi formación como autor, sino como una especie de padrino de lo que luego se llamó la nueva dramaturgia chilena, pues de ese taller emergieron grandes autores de esa generación (Juan Claudio Burgos, Benito Escobar, Daniela Lillo, Lucía de la Maza, Ana María Harcha, Francisca Bernardi, Chato Moreno, etc.)

La dramaturgia en Valparaíso ha tenido diversas iniciativas que buscan siempre darle aliento ¿Cómo ves la vinculación de esta disciplina con la ciudad, en los distintos contextos presentes en un puerto en el que hay dos carreras de actuación para teatro (una de ellas con mención en dramaturgia)?

-En primer lugar, creo que en Valparaíso (y ciudades aledañas) se está desarrollando una generación importante de autores y autoras, reflejado en el aumento de compañías y estrenos propios. Lo valioso, más que la cantidad, es la calidad de las propuestas que aparecen. Han mejorado mucho en estos años los aspectos estéticos de los montajes, los sistemas de producción y sobre todo el contenido y forma de esas obras. Por cierto se genera un vínculo con el acontecer de la ciudad o de la región, hay conciencia del territorio. No se trata de un territorio idílico o de postal, si no de asumir -los artistas- su condición de ciudadanos y agentes críticos de su entorno. Las compañías o agrupaciones teatrales jóvenes de la última década -básicamente de artistas formados en las escuelas de la Región- están forjando una generación sólida, yo les tengo mucha confianza en lo que logren realizar. Es ideal, más que de hablar de la ciudad, es que se vinculen con ella, que construyan un teatro con fuerte acento local, aunque no «folclórico», ni «localista». Hablo de la importancia de forjar una identidad y comunidad teatral. El aporte de las Escuelas de Teatro en la zona (hablo de las tres: UPLA, UV y DUOC, porque esta última también tiene una nutrida generación de egresados trabajando en Valparaíso), más el aporte de generaciones de artistas inmediatamente mayor, implica un acento en los aspectos más estéticos e ideológicos, que se equilibran con la creatividad, la calidad actoral y el imaginario de nuevos/as directores/as y dramaturgos/as que van adquiriendo experiencia y consistencia en sus creaciones teatrales.

¿Qué has encontrado y qué sigues buscando en la dramaturgia?

-En la dramaturgia, que considero mi principal oficio, he podido canalizar mis inquietudes, inquietudes personales, colectivas, políticas, sociales, emotivas, etc. Me interesa y trabajo por conciliar tanto los aspectos ideológicos como los poéticos, estéticos, sin perder la capacidad de juego. El teatro, la dramaturgia, el arte en general es un juego, a veces un juego crudo, descarnado, violento… pero juego al fin, en que uno propone una dinámica que comparte con otros artistas (directores, actores, actrices, diseñadores, músicos, etc.) para compartir y dialogar con un público, que son nuestros pares. Aunque parezca cursi y ya tan usado, para mi la dramaturgia debe proponer una ceremonia de comunión social, laica, que nos despierte un interés como ciudadanos, que nos convoque a apreciar, admirar, criticar y/o cuestionar, las realidades o temas que se plantean. La dramaturgia (y no me refiero solo a la escritura teatral), es un oficio que debe intentar ser convocante, dialogante, inteligente atractivo para la comunidad a la que se dirige. El teatro y su dramaturgia, más que estar dando respuestas o espacios de entretención burguesa, debe atraer con su capacidad crítica, con mirada oblicua, levantando preguntas, inquietudes y otras capas de comprensión mediante sus relatos. Busco en la dramaturgia un territorio de eminente relación entre seres humanos en que experimentemos diversos paisajes y sensaciones que despierten nuestro percepción y condición de mundo.


Danilo Llanos Quezada: «Derribar las paredes del hermetismo fascista del ensayo a escondidas»

¿Podrías hablarnos acerca de lo relevante que resulta, para la dirección teatral, el ejercitar, entrenar o desarrollar el imaginario?

-Hay que estar siempre imaginando. Siempre debe estar algo pulsando para mantenerse inquieto y lleno de preguntas. Complejizar(se) cada vez más (en) nuestro quehacer. En este sentido poder desplegar acciones que permitan detonar el imaginario para volcarlo hacia lo directorial me parece que son absolutamente urgentes, tomando en cuenta que ese territorio – el de la dirección- debe estar por sobre todas las cosas: alerta. Atento siempre  a lo que pueda suceder, aparecer y/o desaparecer. Poder comprender el espacio de la dirección como un misterio en el que hay que indagar día a día. Nuestro principal material es el imaginario. Lo que nos perturba y obsesiona. Lo que soñamos. Lo que perdimos y buscamos. Nuestra historia. Lo que nos incomoda y lo que nos conmociona. Todo eso lo tenemos que interrogar permanentemente y, desde el ejercicio de la dirección, esa búsqueda de preguntas se materializa poniendo en crisis nuestros procedimientos. No hay metodología posible (odio las metodologías en el arte). Solo procedimientos que hay que encontrar. El entrenamiento de ese imaginario del que hablas, lo cambiaría por el concepto de estimulación y deseo. Estimular ese «Deseo del Imaginario».

Hay un apartado importante que es la reflexión teórica sobre las prácticas, el ejercicio de publicarlas para poder sostener discusiones, diálogos, provocaciones y darle dinámica a una disciplina. Me parece que tenemos una tarea pendiente respecto a este ítem en tanto creadores y (ahora que estás afiliado a Sidarte Valpo) trabajadores de las artes escénicas. Agradecería un pequeño comentario sobre el panorama que vislumbras respecto a lo anterior y luego que puedas referirte al Deseo, a cómo este juega en la creación de teatro, a propósito de Proyecto Vitrinas. Una espacialidad que determina un hacer directorial, texto en el que aludes al deseo, la capacidad del teatro (y también de las vitrinas) de generarlo, y cómo esa idea ha ido madurando en tu trabajo en el transcurso de estos años.

-Creo que en Valpo no se habla de Teatro. Siempre toda discusión o reflexión se centra en llanto eterno –estando al tanto de históricas precariedades, porque las he vivido- y eso me aburre, me cansa, me da una profunda y enorme lata. Necesitamos espacios en donde pensemos nuestro quehacer desde las prácticas escénicas. Nos interroguemos. Nos miremos en esas prácticas. Claro, hay una necesidad de teorizar sobre lo que hacemos, lo que me parece bello y necesario en función también de sistematizar, escribir, documentar. Pero también me refiero a algo mucho (más) directo, creo yo; Juntarse a hablar de teatro.  Mirarnos en el hacer. Creo que la instancia de los ensayos abiertos me parece alucinante porque democratiza un lugar que es como sacro, como intocable. Que bella posibilidad la que se genera para que el espectador(a) pueda (acercarse) también al fenómeno de la creación cuando esta se está concibiendo. Se genera allí un convivio en el que el público también puede ser parte. También, por cierto, los y las compañeros y compañeros de trabajo. Derribar las paredes del hermetismo fascista del ensayo a escondidas. Creo que esta ciudad le falta ponerse en crisis respecto de las prácticas escénicas. Nos dejamos de interrogar y ya nadie quiere que le digan nada y nadie dice nada. Hay mucho profesional interesante entre nosotros y nosotras. Gente que puede entregar muchas herramientas. A veces no se necesita necesariamente un espacio formal como el seminario que yo dictaré, sino que, no sé: Juntémonos a tomarnos un café, una chela, y dale, háblame de mi obra, déjame hablarte de tu obra. ¿Qué estás ensayando? Invítame. Te invito. ¿Qué estás leyendo? ¿Qué película ocupaste como referente? Que se junten la gente que diseña, que dialoguen entre ellos y ellas. Preguntarnos sobre lo que estás leyendo que no sea vinculado al arte y ¿cómo lo ocupamos para tu obra?  ¡Por favor, hablemos de teatro!

Ahora bien. Si creo que deben articularse espacios formales de especializaciones. Allí también se pueden establecer espacios de discusión profundos. Es lo que intentaremos hacer en el Seminario. Una de las cosas que hace diferencias a todo nivel, es la especialización en las prácticas. Por lo tanto generar estos espacios me parece tremendamente interesante y necesario. También, dejarse modificar por referentes que no son directamente vinculados al Arte. Ciencia, Biología, Física, etc. Hay preguntas que ir a buscar que están más allá del territorio del Arte.

Respecto del Deseo. Hablaremos bastante sobre este punto en el Seminario. Y creo que tenemos que dejar de preguntarnos esa idea reducida de: “¿Qué quieres decir con esta obra?” o “¿Qué quiero decir?” (Además, ¿por qué necesariamente tengo que “decir algo” en una obra?). Es un proceso intelectual reducido que se agota y termina cuando respondes esa pregunta. A mi parece mucho más seductor hablar de Deseo. ¿QUÉ DESEO? Al plantear la idea del deseo se instala una pulsión más visceral, más animal, mucho más centrada en lo irrefrenable, en lo extremo que puede llegar a manifestarse un deseo, a tal punto que este no puede ser aguantado ni soportado. Debe, por lo tanto, ser satisfecho. En el caso de Proyecto Vitrinas, existió allí un Deseo que respondió a ESOS espacios (las Vitrinas del Comercio Tradicional de Valpo) y, desde allí se desprendieron ciertos procedimientos. En ese momento el espacio determinó el quehacer directorial. Estudié eso, me obsesioné. Fue mi Investigación para el Magister. Pero fue para eso. Fin. Lo interesante es que según el DESEO son los procedimientos que se proyecten. Hoy tal vez aplico otros procedimientos, que no son los mismos de ayer y tampoco serán los mismos que los que desplegaré mañana. Hoy no es solamente el espacio lo que me condiciona, tal vez es Lo Abyecto, lo Feo, Lo negado. La Otredad. También me está seduciendo mucho los espacios de Humor, Cagarse de la Risa. De uno de Mismo. De todos.  En esos lugares me gusta estar hoy y tendré que interrogarme para encontrar los procedimientos que se necesiten.

Esa incertidumbre en mi propio quehacer es lo que me cautiva y me tiene en un permanente estado de inquietud. No quiero encontrar ninguna respuesta.  Solo quiero tener un permanente DESEO de preguntas. Sobre la variabilidad de procedimientos y manifestaciones del DESEO es lo que hablaremos en el Seminario.

¿Qué elementos consideras elementales a la hora de nutrir una autoría y cómo crees que Valparaíso contribuye a la aparición de estas en el área de las artes escénicas?

-La autoría es particular. Es única – entendiendo que todo, todo, absolutamente, ya está hecho, lo interesante y atractivo es como lo re hacemos y re significamos- y, desde ese punto de vista hay que nutrirla con una batería de preguntas que primero interroguen mi propio quehacer. Tiene que ver con el Deseo. Mi autoría, una cierta poética, dependerá única y exclusivamente si tengo claro mi Deseo y como este lo quiero satisfacer. Lo maravilloso de la búsqueda incesante de una mirada particular es que tal vez nunca la encuentre. No hay que buscar ser distinto al resto…hay que intentar ser único. Valparaíso es una ciudad miserable y paradojal. Si eso no es material para que desde acá se puedan levantar autorías particulares, no sé qué entonces lo es.

Sobre los talleres de especialización artística revisar este link: http://parquecultural.cl/2019/01/08/abiertos-los-cupos-para-talleres-de-especializacion-artistica/

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