Diego Fischerman: «La función de la crítica musical es abrir puertas, no cerrarlas»

El periodista y crítico musical argentino estará en Valparaíso participando en el Festival Puerto Ideas. Dará una charla sobre el Tango y además conversará con el destacado director de cine Fernando Trueba. A solo días de su arribo a Chile conversamos con él sobre su trabajo y los desafíos de la crítica en la actualidad.

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Por Poirot Escovedo

-Como crítico musical, ¿desde dónde hablas y hacia quién te diriges cuando escribes?
-La pregunta es sumamente interesante porque el lugar del crítico es, no sé si el más difícil, pero es difícil de encontrar, y depende siempre de un pacto con su empleador, de este con sus lectores y nunca está expresado con total claridad. Para el crítico esto es más complicado, escriben normalmente de las cosas que les gustan y muchas veces no abandonan ese lugar.

-¿Ese pacto es entonces una disociación confusa del crítico?
-No es una disociación. Es una elección. Una elección laboral. De la misma manera que un cirujano no piensa si el paciente le cae más simpático o más antipático, él tiene que hacer su trabajo. Es un tema de tratar de hacer las cosas lo mejor posible de acuerdo, insisto, con un pacto que uno aceptó y que nadie le impuso.

-¿Cuál sería el rol de la crítica musical en la edad de la “sobreinformación” con mucha música por escucharse y poco tiempo para ello?
-La función sigue siendo la misma de siempre, de ahí a que uno la pueda llevar adelante con gracia y bien es otra historia. La función es abrir puertas, no cerrarlas. Es mostrar caminos posibles a quienes todavía no los recorrieron. La figura del crítico tiene esta cosa de “prestigio” un poco terrible, la de quien puede condenar a un artista o convertirlo en un héroe. Más a allá de que eso suceda como consecuencia no deseada, lo que uno trata de hacer es tentar a alguien.

-Acostumbras emitir juicios sobre música pero, ¿Qué constituye a un buen o a un mal crítico de música?
-En principio yo no se si hay una buena o una mala música, hay buenas y malas para distintas cosas y en todo caso no se muy bien del buen crítico, pero el mal crítico claramente es aquel que no se de cuenta de eso. Como te decía antes, el que vaya a ver a Spielberg y espera algo así como una película Iraní en donde se deleitan con la contemplación de un plano durante veinte minutos. El arte de la vida, y por ahí del crítico, es saber qué es lo que cada cosa tiene para ofrecer y no pedirle lo que no nos van a dar nunca. Hay que buscar un equilibrio entre la experiencia propia y la convicción absoluta de que ésta no lo es todo.

-¿Cualquiera puede ser un crítico?
-Sí, supongo. Cualquiera puede jugar al fútbol, solo algunos serán los grandes jugadores capaces de hacer la jugada inesperada, de resolver algo que no se podía resolver, desanudar algo que no se podía desanudar, estos tipos que en diez centímetros hacen lo que nadie puede hacer. Supongo que hay aptitudes naturales y gente que naturalmente se siente más inclinada por escuchar, por mirar cuadros o por ver películas que otra.

CIRCULARIDAD MUSICAL

-De Argentina, tu tierra, han surgido grandes músicos, escritores y cineastas, ¿Por dónde viene el recambio después de tan buenos artistas? ¿Quiénes serían los nuevos héroes y villanos de la cultura?
-Creo que hay gente que está trabajando muy bien y la historia dirá si son héroes o villanos. Cualquier persona que se juega por expresarse y por hacer las cosas lo mejor que puede nunca va a ser un villano. En cuanto a los héroes, dependerá de los estilos que a cada uno le guste. Creo que lo que vos decís con respecto a Argentina es un poco una característica de América Latina, que ha dado a muchos de los artistas más importantes del siglo XX desde lugares marginales a lo que se cree como el “centro de la cultura”.
Yo no se quiénes son los chicos de 18 años que están empezando a hacer cosas y que tienen un talento descomunal. El mercado en general se volvió más gerontocrático de lo que era hace cuarenta años. Una observación muy interesante que hace Alex Ross, comunicador de la música norteamericano, es que “entre un concierto de rock y uno de música sinfónica europea se invierte totalmente la relación de edad entre el público y los artistas”.

-¿Te produce nostalgia que los grandes ídolos sean ya muy adultos?
-Me parece que el mercado ha cambiado y que los modos de expresión de la gente más joven hoy pasan por otro lado, la música ya no es el canal exclusivo. Antes era un arte mucho más total que se veía a sí mismo como algo mucho más poderoso. Hoy es un poco más secreto y tampoco se escucha colectivamente como antes, salvo en los conciertos o en las fiestas, pero no existe más el equipo de música hogareño. ¿Si me produce nostalgia? Sí, lamentablemente, siempre se extraña lo que fue importante para uno.

-Hegel predijo la “muerte del arte” con la llegada de la modernidad, cuando éste renunció a las estructuras de poder y a las verdades absolutas para centrarse en el sujeto. En la música, incluso deja de lado la tonalidad y los modos de manera parcial ¿La producción musical cambió aún más desde ese hito? De ser así, ¿Cuál crees que fue el nuevo punto de inflexión?
-Del ‘65 al ‘80 digamos, si uno incluye las músicas de tradición académica hasta un poquito después, fueron años de muchísimo cambio en donde se llegó a puntos de no retorno, como cuando se llega al ruido o al silencio absoluto y no se puede ir mucho más allá por ese camino. Una vez que uno llega ahí, necesariamente tiene que volver, pero vuelve con el conocimiento de que eso existe. Yo creo que cosas parecidas a las que dijo Hegel y en general con la filosofía del pasado, nunca hay que tomarlas como “oráculos”, sino como pensamientos sobre su propio momento.
No es cierto tampoco que se haya abandonado todo, la tonalidad y los modos existen desde la edad media y sólo en las culturas europeas. Si vos escuchas un nguillatún mapuche (antigua ceremonia indígena) no es tonal la música ni modal, pero no podemos ignorar que eso existe, ni se puede decir que eso no es natural.

-¿Existe una continuidad, circularidad o una linealidad en el avance histórico de la música?
-Yo creo que todas esas cosas al mismo tiempo, siempre y cuando uno piense que hay un avance. En los ‘70 todo el mundo –salvo los que estaban en contra– pensaba en términos de revolución, pero a nadie se le ocurría pensar que no había una revolución dando vueltas. Los movimientos sociales por un lado son estimulados por el arte y también estos lo retroalimentan. El artista pone en juego la pelota pero cuando se la devuelven ya viene con otro efecto y recargada.

-En 400 años de democracia en Suiza se produjo solamente el “Reloj Cucú”…
-No solo eso, produjeron también músicos como Ernest Bloch, un escritor como Max Frisch. Lo que dices –como se diría en psicoanálisis– es un falso enlace. Son cuestiones también de tradiciones y no se puede tomar en cuenta solamente eso. En los centros latinoamericanos, aún con pocos habitantes, se tienen tradiciones culturales muy fuertes. Suiza no las tiene, no tiene que ver con la democracia.

-Pero en una veintena de años en el período de los Borgia surgieron Da Vinci, Rafael, Miguel Ángel…
-Yo ya te contesté. Solo estás tomando en cuenta una variable y hay muchas. El tema no tiene solo que ver con la tranquilidad o no de la vida, tiene que ver con que, por ejemplo, en la Italia de los Borgia había capitales desde la burguesía, una clase que estaba surgiendo con mucha claridad y que no se había visto nunca antes, que tienen como poder el dinero y no la tierra y que compite entre sí, en cortes cada cual más asombrosa que la otra. Se generaba una moda de lo nuevo. Esta idea de que vos tenés más hambre y sales a buscar la comida no siempre es así, a veces el que probó la comida rica tiene más ganas de seguir buscando. Francia ha sido una sociedad de abundancia desde la Edad Media y siempre ha producido arte. El período de Pinochet en Chile prohibió artistas, claramente, pero no hizo que desapareciera el arte en Chile, tampoco lo estimuló más.

-Dejando de lado tu rol de crítico, ¿De qué se compone la banda sonora de este momento de tu vida?
-Voy a decir casi todo lo contrario a lo que dije al principio: Escucho en general las músicas que me gustan y después escribo sobre ellas. Mi banda de sonido depende del día, hay cosas que están más o menos siempre, como un amigo que puedes dejarlo de ver un mes o más y sabes que sigue estando allí. No escucho todos los días a Bach, pero se que él está todos los días. Me pertenece y yo le pertenezco. Claude Debussy lo mismo, Thelonious Monk, John Coltrane, los Beatles. Después hay cosas que tienen que ver con el momento, ahora estoy escuchando a un contrabajista de jazz llamado William Parker y una nueva versión de “Aida” (ópera) de Giuseppe Verdi en donde cantan Anjia Harteros y Jonas Kaufmann. También música de la edad media, algunas versiones no profesionales de cantantes de blues de lo años veinte y ahora re escuchando Tango porque de eso tengo que hablar en Puerto Ideas.

-¿Qué esperas del encuentro que tendrás en Puerto Ideas con Fernando Trueba?
-Ante todo, quiero aclarar que no va a ser una reunión. Yo voy a ser la pared con la cual el pueda hacer rebotar la pelota de vez en cuando. Se trata de un gran artista, un gran intelectual, de un hombre con muchísimo sentido del humor, sumamente crítico y agudo. Yo me limitaré a tratar de hacerlo hablar. Todo esto tiene que ver con su manera de hacer arte.

Diego Fischerman

Escritor, periodista y crítico musical argentino. Autor, entre otros, de Efecto Beethoven. Complejidad y valor en la música de tradición popular (Paidós, 2012), y coautor de Piazzolla. El mal entendido. Un estudio cultural (Edhasa, 2009). Profesor de la UBA (Argentina), U. Adam Mickiewicz (Polonia) y Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, entre otras. Editor y curador de colecciones musicales, periodista en el diario Página/12 y colaborador en Rolling Stone, Ricordi Oggi (Milán), Cuadernos de Jazz y Letras Libres (México), entre otros. Administra el blog Fischerman’s Tales. Conductor radial de La discoteca de Alejandría, en Radio Nacional Clásica. Distinguido con el Premio Konex (2007).

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