Deseo: una necesidad que traspasa y trasciende

Paula López-Droguett es fotógrafa desde 2012. No es una casualidad, ya que se ha tratado de casi un hábito en su familia. Su hermano, prima, tía abuela – en especial ella – han convivido y usado las cámaras que siempre rondaban desde su infancia. De ahí el germen que la lleva a la imagen: a la estética, los colores, sensación. A la composición.

Víctor Ruiz | FIFV

Mientras estudiaba Artes Visuales se acercó a la fotografía análoga, de la que fue aprendiendo hasta ligar a ello su vida profesional. Hoy Paula inaugura “Deseo”, muestra fotográfica que fue parte de la exposición central “¿El tiempo es una ilusión?” en el Festival Internacional de Fotografía de Valparaíso del año pasado.

Ahí, su obra se desplegó por el Parque Cultural de Valparaíso, pero hoy se traslada a El Internado, donde formará parte de la Galería Sala Subterránea.

¿Cuál es este “deseo” del que se habla? Pues va más allá del deseo sexual, tan manoseado en nuestra cultura. ¿Qué hay en esas imágenes que son parte de este impulso, de esta pulsión?

«Quise salir del cliché del sexo como deseo. Empecé a escribir cómo yo vivía el deseo y qué lo activaba: colores, texturas, sonidos, ese tipo de cosas. Partiendo porque el deseo nace desde lo sensorial, de lo sensual, de los sentidos. Quería lograr que en la foto se sintiera algo, que hubiese una sensación o emoción».

Para esto, Paula no sólo escribió cómo ella vivía el deseo, también levantó una encuesta a través de la cual buscó opiniones, por ejemplo: dónde otres sentían primero el deseo corporalmente.

Tomando estas ideas, buscó sacar de contexto el deseo en sus diversas expresiones. “¿Cómo traspasaba la atención o el reposo o la pasividad o ternura a un vaso de cerveza, por ejemplo? ¿Cómo hago notar esa tensión y sutileza y espacio íntimo de una relación física o de un deseo por algo o por alguien? Para que el cotidiano agarrara una fuerza, que tuviese intención, para ver en el día a día este deseo encarnado”, explica.

Una de las ideas que se expresa en la exposición es el “tenerse a una misma para compartirse con otro”, ¿cómo se entrelaza esto, cómo se define? ¿Cómo tú te “posees”?

Es la frase que comienza el texto escrito para la muestra, y tiene relación con varias cosas. Una de esas es que el deseo, su intensidad, las sensaciones que se despiertan, nos pertenecen a quien las habita y no a lo que lo activa. Entenderse ser deseante, más que deseable. Y este es un punto importante para nosotras, porque socialmente se ha educado a la mujer como objeto activador del deseo, pero no como sujeto deseante, principalmente desde lo sexual. Existen muchas otras limitaciones en cómo habitamos nuestro cuerpo que son inculcadas. Y esto no ocurre solo a nivel físico. Por eso me parecía importante iniciar desde ahí: “tenerse a una misma para compartirse con otrx”, nuestras cuerpas nos pertenecen, aunque se ha querido sostener lo contrario.

¿Qué te llevó a trabajar con el deseo?

Para mí siempre fue importante el deseo porque es energía que mueve todo, me motiva a hacer todas las cosas. El deseo logra que el tiempo empiece a correr como distinto. Uno empieza a vivir la rutina de manera distinta en el cotidiano.

El 2017 ganó el Visionado de Portafolio del FIFV con un proyecto relacionado a la maternidad. Podría haber continuado con esto, pero decidió crear un espacio nuevo. Esta muestra surge de imágenes que había tomado anteriormente, además de otras nuevas que tomó en Valparaíso.

Parte del deseo es también la vulnerabilidad, otro tópico que sale a colación. ¿Es esta vulnerabilidad en el compartirse, exponerse, contradictoria al deseo? ¿Es el deseo solo fuerza, poder? ¿Lo ves así?

No podría ver el deseo solo como poder o un ejercicio de este, si como una fuerza. Para mi parte importante del deseo es la incertidumbre, también el miedo y por supuesto el placer y creo que ahí entra la vulnerabilidad, creo que el saberse abordable, vulnerable nos permite vivir nuestro deseo y desde ahí compartirlo.

Me interesaba porque lo veo como una energía que mueve las cosas, que traspasa, que trasciende.

¿Cuáles son tus objetos de deseo actualmente?

Tenía una pausa de mi emocionalidad tras vivir cosas muy fuertes, como la maternidad, que es un golpe de realidad, de vida, de muerte, de creación. Es fuerte. Todo eso era extrañísimo para mí.

Desde ahí comenzó un proceso que le hizo volver a mirar la vida de otra manera, más relacionada a la inocencia de la infancia, la sorpresa de conocer las cosas por primera vez. “Volví a maravillarme de lo simple, por eso viene también después de Maternidades. Mi hijo arde con algo, y es muy simple, pero si yo le pongo atención, ardo también. Yo estaba en otro ritmo, había perdido eso, me había endurecido”, cuenta.

Esta muestra está muy ligada a Pedro, su hijo, pues “es el deseo que yo también veo que él ve en todo, maravillarse. Con eso me di cuenta de que el deseo es algo que trasciende, no es solamente sexual. Uno podría tener deseo por todo».

¿Cuál es el recuerdo más primitivo que tienes sobre el Deseo que expones acá, en tu vida? ¿Qué te produjo, cómo eso se mantiene latente?

Ahora desde que fui madre, recordé que el deseo está activo desde siempre, después el único deseo “adulto” es el deseo sexual, y se vive de forma íntima y, en algunos casos, de manera restringida. Me parece que cuando se siente deseo, una quiere inundarse de algo. Tocar, oler, sentir, no pensar en nada más en ese momento. Se vuelve una pequeña obsesión que está ligada a un momento presente. Siendo así, creo que la naturaleza en mí es un potente agente activador, pero también lo es mi cuerpo, el de otres, la necesidad que siento de activar, conocer, viajar y moverme. Todas esas acciones me permiten conectarme, entonces escucharme de maneras más instintivas.

¿Qué tipo de deseo permea o permite la maternidad? ¿Piensas que ambos conceptos se contraponen, se transforman, o se mezclan?

Pienso que la maternidad conecta con el deseo de maneras increíbles. Primero, lo recuerda, al mostrarte a una pequeña persona que es puro deseo, entonces está para mostrarnos nuestras maneras más instintivas y para quitarle el tabú. El deseo se muestra entonces como una necesidad, esa energía de cambio que te impulsa a querer conocer algo, a sentirlo, a cambiar después de una experiencia. La maternidad te despierta, o te da esa posibilidad si se estaba algo dormida. Volver al instinto, conectar con ese motor interno que te lleva a hacer cosas, a buscar otras, para así ir aprendiendo y ganando experiencias que se van quedando en nuestro cuerpo para luego ser compartidas.

Desde hoy y por un mes se encontrará Deseo en El Internado. Y la invitación es a todo público. No es necesario saber o no de fotografía, por lo mismo, le pedí a Paula que comentara en sus propias palabras que a través de palabras, atraiga a la fotografía:

Cierren los ojos y piensen en cuáles son las sensaciones que se han despertado en sí en los momentos que más se han sentido vivxs. Son esos impulsos con los que he querido trabajar.

Creo que el deseo es contrario a las expectativas, estas destruyen el deseo, debemos enfrentarnos a eso que te seduce, sin saber a veces por qué. Con las imágenes que hice, quería retratar momentos del deseo, volver imagen esas sensaciones o emociones que despierta. Creo que la imagen no necesita de palabras para atraer, solo necesita del tiempo para ser contemplada, vivida, habitada.

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