Danilo Llanos en los 20 años de Teatro La Peste: “Creemos haber creado una instancia de cuestionamiento del oficio”


Por Mauricio Fuentes*

En enero de 2014, La Peste pasó de ser una compañía de teatro a un centro de investigación. Más allá de un simple cambio de nombre, lo que hubo allí era el intento por complejizar el proceso de creación y puesta en escena. “En general, lo que hemos hecho es intentar habitar los contextos coyunturales y situarnos en territorios difíciles, y desde allí elaborar preguntas que deben ser respondidas por otros. Creemos que ese es el ejercicio político del arte”, señalan.

20 años cumple el proyecto por estos días. ¿Cómo evalúan su trayectoria?, ¿Cuáles son las perspectivas futuras? ¿Qué opinan de sus recientes producciones? Son algunos de los temas que conversamos con Danilo Llanos, director teatral, y Gabriela Arancibia, actriz y productora del colectivo también integrado por Daniela Misle y Kathy López. 

¿En qué momento creen que están al cumplir un aniversario que, por lo demás, es difícil de alcanzar para un colectivo de regiones?

DL: Mantener una compañía hoy, tras tantos años, es algo curioso. Son muy pocas a nivel nacional. Eso da cuenta de un espacio de resistencia que se ha forjado por el trabajo en materia de producción, creación, extensión y formación. Es sólo mediante el trabajo que hemos creado una instancia permanente de cuestionamiento del oficio. Por otro lado, estamos en un período de nuestras vidas en que podemos hacer lo que queremos, con el financiamiento al que podamos acceder, lo que, lejos de ser una demostración de arrogancia, nos permite trabajar pensando en hacer la wea que queramos.

¿Cómo evalúan estos 20 años?

GA: Creemos haber posicionado a la región al dar cuenta de lo que pasa aquí mediante un trabajo profesional, resistente, activo, poniendo temas sobre la mesa en materia de gestión, producción, creación y formación de redes.

DL: Y no hemos dejado de crear, pensando que la creación es un disparador de posibilidades que instala preguntas y que moviliza.

Si uno revisa sus obras podrá concluir que, por lo general, hay un punto de vista que concibe al teatro como un instrumento de denuncia o de cambio social. ¿Fue así desde un comienzo?

GA: Ocurre que los tiempos teatrales, las prácticas escénicas y la realidad de la ciudad ha ido cambiando con el tiempo. Por ello es que también las urgencias del proyecto han sido modificadas. Al principio queríamos decir que la ciudad estaba viva, y luego aparecieron temáticas que abordar y espacios que ocupar. En este proceso la compañía fue adquiriendo un punto de vista político respecto a la visión que desde Valparaíso tenemos acerca del país, sobre todo desde el momento en que pasamos a ser un centro de investigación, lo que nos ha permitido complejizar el proceso de creación.

DL: Reafirmo la idea del dinamismo en el lugar de trabajo: nosotros veníamos de un espacio de formación -el Teatro Escuela La Matriz- que nos determinó políticamente. Era una escuela de izquierda, por tanto, nuestro quehacer surgía desde allí, enfocándose hacia lugares en que subyace una tensión política frontal. Igualmente hay que considerar que en el arte las dimensiones políticas van fluctuando, y hoy en día hay una mayor madurez para plantear un punto de vista político en el teatro, a partir de una mayor complejización de los montajes. En general, lo que hemos hecho es intentar habitar los contextos coyunturales y situarnos en territorios difíciles, y desde allí elaborar preguntas que deben ser respondidas por otros. Creo que ese es el ejercicio político del arte.

 

Negros. Fotografía: Rens Veninga


“HACEMOS TEATRO CHILENO”

El hecho de hacer teatro regional, ¿le ha dado alguna particularidad al punto de vista con que han trabajado en estos años?

DL: No, yo me rehúso a definir el teatro que hacemos como teatro regional, porque lo que hacemos es teatro chileno. Si no, lo que haríamos es autolimitarnos. Hacer teatro en Chile es algo muy particular, y hacerlo desde Valparaíso sólo tiene implicancias por las condiciones materiales de la ciudad. De todos modos, hay que reconocer que aquí no hay una línea única de creación, hay compañías con ideas y prácticas muy diversas. Por eso, uno cometería un error si quisiera definir el teatro de Valparaíso. Quizás por eso no nos gusta la idea de un tipo de teatro regional.

En las últimas obras de la compañía hay un intento por abordar algunos de los temas más complejos de la sociedad chilena actual. Si pudieran elegir por dónde comenzar, ante un espectador que desconozca esos problemas, ¿cuál elegirían?

DL: Quizás partiría por Negros, que aborda un vacío histórico sobre un tema de los últimos 45 años que explica buena parte de los problemas de hoy. Y también Feroz, que no es una metáfora: muestra lo más crudo del sistema neoliberal. En 70% de las personas que están en la cárcel pasaron por el SENAME, y a ese sistema le resulta funcional la marginalidad, la pobreza, la cesantía y las cárceles llenas.

GA: Creo que sería Feroz, porque si un país no es capaz de cuidar lo más delicado, como es la infancia, todo lo que venga después no tendrá remedio.

 

Feroz. Foto cedida por la Cía.

En Feroz (2018) hay una decisión de trabajar con menores de edad. ¿Cuáles son las razones tras esa decisión y qué aprendieron de ese trabajo?

DL: Esa fue una discusión al interior de la compañía. Al principio queríamos hacer la obra con un niño o niña de 9 años, lo que quizás era aún más radical o expuesto. El proyecto se fue modificando, pero siempre para superar la idea de que cuando se habla de la niñez son los adultos los que hablan, los que teorizan y los que dan las soluciones, sobre todo en el marco de una sociedad adultocentrista. En segundo lugar, queríamos tener una resonancia en el relato más allá del cuerpo de un actor, por más parecido a un niño que fuese, para situarse incluso cerca de lo inverosímil, desde el límite de la ficción y la representación. Entonces, elegimos a niños y niñas que no son del SENAME, que puedan contar la historia de otros. Fue una decisión que tomamos y que, desde el punto de vista personal, puso en tensión muchas prácticas de la dirección, como el uso de los tiempos, el manejo de la ansiedad, la articulación de la puesta en escena y saber que hay cosas que no se pueden entender. Los niños se han empoderado de la obra, y creo que ha sido un proceso que nos ha permitido volver a teñir de humanidad el teatro.

GA: Además, eso requirió desplegar varios resguardos desde la producción, desde el uso de los tiempos hasta las condiciones generales de los niños y niñas en los viajes, la alimentación y una serie de aspectos. Ha sido fundamental el respaldo de sus padres y la confianza que han tenido con nosotros. Hemos visto cómo han crecido y cómo se han desarrollado. No quisimos responder a una tendencia o una moda de trabajar con un grupo determinado, sino hubo una necesidad de hacerlo, no sólo desde el punto de vista teatral, sino también desde el abordaje de la actualidad, de la política y de encontrar un lugar desde donde construir un relato. Creo que esa idea nos ha permitido llegar a los 20 años de trayectoria.

DL: Así es: quisimos responder a una necesidad genuina del momento, evitando caer en la producción teatral como una fábrica de salchichas. Había un relato que contar, tal como el que estamos preparando para el próximo año.

En Negros (2017) también se aborda un tema bien complejo, relativo al rol de los conscriptos en dictadura. 

GA: En esa obra finalmente integramos al público y le decimos que la última palabra es de ellos. 

DL: Allí hay una puesta en escena que se basa en un sistema de relaciones. Esa es más o menos la idea tras los dispositivos escénicos de las obras que hemos presentado. En Negros, la pregunta que funda la obra es si los conscriptos son víctimas de violaciones de derechos humanos. En términos dramatúrgicos, quisimos construir un entramado en que los argumentos se fueran cayendo uno tras otro.

En Bomba (2019) parece haber un punto de vista acerca del rol del actor.

DL: En Bomba el punto de partida era matarnos de la risa, y desde allí comenzó a aparecer el humor negro, la ironía y un humor más pesado en parte dirigido hacia nuestro propio gremio. Nos queríamos reír de nosotros mismos porque somos actores y actrices de teatro, no más, y nos pareció divertido reírnos de los actorcillos y actorcillas que vamos por la vida creyéndonos cool.

RIGOR Y RIESGO

¿Cómo ven el teatro en la actualidad a nivel regional y nacional y la formación de nuevos actores?

GA: Desde el punto de vista de la programación, en la región han surgido nuevas tendencias que rompen los límites entre expresiones artísticas tales como la danza, la música y el teatro. Hay buena producción regional y han surgido compañías de buen nivel, lo que ha permitido aumentar la asistencia de público. Sin embargo, persiste una poca capacidad de crítica, lo que impide un mayor crecimiento de estas expresiones. A nivel nacional, probablemente las realidades locales condicionan el desarrollo del teatro en las regiones más australes. La geografía del país, en definitiva, dificulta articular una visión común.

DL: En general el propósito debería ser que cada cual haga lo que quiera. Lo que sí, hay que exigir dos cosas: rigor y riesgo. En el caso de Valparaíso, me parece que la escena carece de riesgo en sus montajes, quizás al no haber una confrontación entre las distintas prácticas. Estamos en una ciudad en que se habla poco de teatro y hay poca voluntad de complejizar los procesos, de hacer cosas desconocidas o que no entendemos. Me resulta llamativo que incluso en las generaciones más jóvenes haya tan poca voluntad de arriesgarse, aun cuando están en el momento en que deberían ser más insolentes y atrevidos. Los veo muy formales, repitiendo patrones y copiando esquemas y categorías, lo que afecta la autoría y la apertura hacia nuevos paradigmas. ¿Dónde hablamos de ciencia, de biología, de arte en general? ¿Van a seguir hablando de Artaud, de Brecht? Citémoslos, son unos referentes, pero dejémoslos descansar un poco, ya hicieron su pega para que nosotros propongamos otras cosas a partir de eso.

Fotografía de Chris Olmos


PRÓXIMOS PASOS

El Centro de Investigación Teatro La Peste acaba de presentar Fronteras, de Bosco Cayo, en el Ciclo Memoria Nacional organizado por Teatro La Memoria en Santiago, y presentará Feroz el 18 de octubre en el Festival de Calama. El 27 de noviembre volverá a Valparaíso con una función a precio popular en el Parque Cultural  y una función de mediación para estudiantes de enseñanza media. Asimismo, darán inicio al segundo semestre del Laboratorio de Creación y Puesta en Escena, a cargo del área de formación de la compañía.

Para el próximo año, planean presentar un proyecto de investigación y creación relativo a la conmemoración de un hecho fundamental de la historia chilena reciente.


*Escuela de Crítica de Valparaíso

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