Cultura de sordos

Según datos de la Organización Mundial de la Salud tomados en febrero de 2013, más del 5% de la población mundial, es decir cerca de 360 millones de personas, padecen de pérdida de la audición de carácter incapacitante. Muchos de ellos tienen poca escolarización y soportan una alta tasa de desempleo. Pero, acá en Valparaíso, hay una verdadera joya para el mundo de la cultura sorda, una que cuida María Teresa Hidalgo: se trata del Centro de Estudios y Capacitación para Sordos Valparaíso, CECASOV, único establecimiento educacional gratuito en Chile que imparte educación completa para ellos.

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Por Amelia Carvallo Alman / Fotografías de Freddy Ojeda

Un fuerte timbrazo resuena en el zaguán de antiguas baldosas albinegras, que me recibe en calle Blanco 1501. Un niño asoma su cabeza, sonríe y me abre paso desde el vestíbulo a una preciosa galería, enorme, techada en madera. Un grupo juega básquet, otros más pequeños empujan un carro amarillo. El inspector Carlos Torres me presenta a un grupo que de inmediato quiere saber mi nombre para asignarme una seña. Mi seña atiende a mis rulos distintivos: círculos al costado de la cabeza. Hay gente de Valparaíso, una niña de Viña del Mar (seña de reloj), un niño de Quilpué (seña de rieles de tren) y el más locuaz es Bastián de Playa Ancha que siempre busca mi rostro, feliz de mostrarme unos dibujos de Dragon Ball que hizo. Estoy en el CECASOV, el lugar que María Teresa comenzó a gestar hace ya 27 años.

Oralismo versus Bilingüismo

María Teresa estudió Educación Diferencial y el mundo de los sordos le interesó a partir de las clases que tuvo sobre esa temática. Cuando empezó a trabajar se fue dando cuenta de las inmensas necesidades que había, especialmente, entre los adultos sordos que nunca habían estudiado porque el sistema escolar les exigía que articularan y hablaran, cuando ellos usaban lengua de señas. Hoy María Teresa, convencida por su experiencia, afirma que esa es la lengua madre de los sordos: “No hay cómo comparar el desarrollo cognitivo de un niño que se enfrenta tempranamente a la lengua de señas, con otros que la adquieren después. Mientras más temprano el niño tenga contacto con ella, mejor será su desarrollo cognitivo y tendrá mejores proyecciones en lo académico y, sobre todo, en lo emocional”.

Recién en el año 2010, la ley chilena reconoció a la lengua de señas como un medio de comunicación natural. Recién en junio de 2010, se retractó a nivel mundial lo estipulado en 1880 en el llamado Congreso de Milán, que excluía a la lengua de señas de la enseñanza de los sordos e imponía como objetivo principal enseñar el habla. Muchos adultos sordos recuerdan los castigos y golpes en las manos que recibieron para que no las usaran. Días por cierto donde se llegó a esgrimir que si un sordo no era capaz de repetir la palabra de Dios no era digno hijo de Dios.

-En las escuelas que eran de la Iglesia Católica la obligación era hacerlos hablar para que se parecieran a los oyentes. Eso tuvo un gran peso y fue muy conveniente para los papás que estaban en shock por tener un hijo sordo y querían hacerlo parecer a los otros niños, detalla María Teresa.

En 1988, junto a un grupo de colegas, la ahora directora del CECASOV empezó a darle forma a un proyecto de tipo voluntariado que consistía en dictar talleres a una asociación de sordos. Las ganas de hacer aumentaron y empezaron a buscar fondos para crear una escuela. “Justo en ese tiempo el Colegio Alemán de Valparaíso se trasladaba a Viña, así que nos dieron mobiliario”, recuerda. La escuela comenzó en un local de Avenida Argentina con 70 sordos de la zona, abocada principalmente a la educación para adultos, el segmento más desatendido. “En esos años fui considerada casi una loca por pensar que el sordo podía adquirir una educación igual a la de cualquier otra persona. Me decían que tenía una escuela de monos por el uso de la lengua de señas”. En 1990, cambiaron la orientación hacia la enseñanza media, convencidos de que debían prepararlos para continuar sus estudios. Adaptaron el currículo oficial completo, para cursos de no más de ocho personas, a cargo de tutores pedagógicos con manejo fluido de lengua de señas. En el 2000, decidieron convertirse en una escuela bilingüe para sordos, lo que significó empezar a recibir a niños pre-escolares para que su primera lengua fuera la lengua de señas.

A futuro esperan transformarse en un liceo técnico profesional y potenciar más la atención temprana: “Vemos con mucha pena que en los jardines infantiles se les hace una daño irreversible. Si un niño no toma contacto antes de los seis años con la lengua de señas, que es su lengua materna, el daño cognitivo es irrecuperable. Hay cosas que jamás va a poder entender”, dice María Teresa.

Identidad, cultura y familia

lenguadesenas2“El mundo sordo es una cultura, de hecho de todas las discapacidades la única que tiene su lengua propia es la comunidad sorda”, dice María Loreto Retamales, madre de un niño sordo de siete años. Para un sordo, como para cualquier persona, es esencial construir identidad y cultura. Y lo que llamamos integración e inclusión muchas veces pasa por encima de ambas y más parece una forzada adaptación. Loreto relata:

-Hace seis años supimos que Gisse era sordo y empezamos a pensar qué tipo de educación queríamos darle. Una opción era implantarlo mediante una operación donde les sacan la cóclea, que es la parte que conecta al oído con el cerebro, y les ponen un dispositivo electrónico que tiene una antena FM. Finalmente, junto a su esposo, Jecek López, decidieron no hacerlo por lo invasivo y riesgoso que es.

Su hijo no tiene ningún problema cognitivo, solo una sordera profunda que le permite reconocer únicamente sonidos muy fuertes, desde 120 decibeles, mientras que el habla se da a 20. Frente a la opción por el oralismo, que implicaba el implante coclear, y el bilingüismo escogieron a esta última: “La lengua de señas les permite la cognición, elaborar conceptos, entender el mundo y desarrollar una lengua propia para expresarse. Nosotros como familia elegimos el bilingüismo y aprendimos desde temprano lengua de señas”.

Un gran rodeo tuvieron que dar antes de llegar al CECASOV. De hecho, pasaron casi siete años en Argentina, en La Falda, cerca de Córdoba, donde Gisse iba a un colegio bilingüe pero solo con niños y sin educación media. Enterados por Facebook de la existencia del Centro en Valparaíso, la familia se trasladó este año para asegurar que Gisse tenga educación media en un ambiente donde tiene contacto con toda una comunidad, con gente de su edad, adulta y adolescente.

“Hemos tenido que volver a aprender lengua de señas porque hablábamos la argentina y la chilena es muy diferente. Ahora estamos en un proceso en que Gisse cada vez habla más lengua de señas chilena y cuando le hablamos en argentino él nos dice cómo se dice en chileno”, acota. Para Loreto, el aporte desde la familia es fundamental a la hora de contener al sordo y conectarlo con la comunidad. También nota clasismo en el hecho de que la clase alta prefiera la oralidad y el implante cloquear al bilingüismo, porque lo relacionan con gente de escasos recursos. Nuevamente, se trata de buscar la asimilación de los sordos a la comunidad oyente, en vez de respetar su diversidad.

Orgullo sordo

Nelson Ortiz de la Unidad Técnica Pedagógica del CECASOV, cuenta que no tiene claro por qué llegó a trabajar con sordos, pero sí cree que tiene el perfil de persona que se requiere: cercano y resistente a la frustración. Enfatiza en la poca calidad con que les llega a los sordos la información. Recuerda que cuando fue el desastre aéreo de Juan Fernández algunos chicos pensaron que habían sido cientos los soldados rescatistas que se habían lanzado al agua desde helicópteros, ya que una y otra vez veían esas imágenes por televisión. También se acuerda de uno que llegó indignado con el titular de un diario: allí donde se leía “sórdido crimen”, él entendía un “sordito crimen”. Conversamos sobre la aceptación, los contactos entre comunidades distintas y el concepto de normalidad que hace tabla rasa de las diversas subjetividades.

Finalmente, me hace un recorrido por algunas salas donde, en cada puerta, hay un retrato y datos biográficos sobre estudiosos que se consagraron a develar el mundo de los sordos: el profesor y otorrino Jorge Otte Gabler, que fundó el Instituto de la Sordera en Chile; Edward Miner Gallaudet, educador de sordos y filántropo estadounidense; Lorenzo Hervás, jesuita precursor y la profesora Anne Sullivan que enseñó a la famosa Helen Keller. Es Óscar Candía, el profesor de Historia, quien ha montado esta galería de notables que enseñan a la comunidad sorda a empoderarse y enorgullecerse de sus logros. Óscar enseña también en un liceo de Valparaíso y cuenta que les pasa la misma materia a sus alumnos de aquí y allá. Ahora mismo están viendo los poderes del Estado y ha sido todo un desafío convenir en la seña que representa términos tan abstractos como “ejecutivo”, “legislativo” y “judicial”. Tan complicado como llegar a dar con la seña para la palabra “bacteria”, tarea pendiente en el ramo de Biología, pero que de seguro en las muchas horas que destinan a laboratorio lingüístico darán con ella.

*Crónica publicada en La Juguera Magazine nº 11

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