Crónica sobre un hallazgo azul ultramarino

¿Cómo era posible que en un lapso de cuatro meses me hubiese encontrado fortuitamente con cuatro azules ultramar y de formas tan increíbles?. ¿Y que más encima este último hubiese sido hallado por mí, pero fuertemente conectado al vínculo con mi padre.? Fue como si en el azul nos hubiésemos reencontrado.

Obra de Samira Bajbuj

 

Por Samira Bajbuj

Todo comenzó cuando, antes de emprender un viaje familiar en autocaravana por Europa, me encontré en Internet con una nota de la BBC que titulaba: “¿Por qué muchas civilizaciones antiguas no reconocían el color azul?“. “Lo entendían con la mente pero no con el alma”, dice el lingüista Guy Deutscher en la nota. Me llamó tanto la atención que me propuse adentrarme en una investigación sobre este dato curioso: ahí comenzó toda una serie de casualidades y hallazgos relacionados con el color azul.

En una de las primeras paradas del viaje, visitamos una farmacia bereber en la ciudad de Tánger, Marruecos. Entre la multitud de productos comerciales que nos ofrecían (aceite de argán, rosa mosqueta, shampoos, etc.) pude ver en un enorme estante un frasco con un polvo azul intenso que capturó mi interés, como si de ahí en más no pudiese ver otra cosa que no fuera ese profundo azul ultramarino. Le insistí al marroquí que atendía la farmacia que me lo vendiera, pero él se negaba. “Es de adorno”, me decía mientras insistía en que me llevara el aceite de argán. Luego de mi irrefrenable insistencia y una suma no menor, finalmente accedió a vendérmelo.

Al continuar el viaje, le conté muy emocionada a mi padre, que ha sido buzo toda su vida- que había comprado ese pigmento azul. Él lo vio y me dice muy natural:

-¡Ah! pero si yo me encontré un bloque de ese pigmento azul en el fondo del mar hace años.

-¡¿Cóm0?! ¡¿Qué dices?!

– Sí, y creo que también me encontré una bolsita pequeña en un basural en el desierto de Atacama.

Mi padre tenía verdaderos tesoros y a esta altura, el tema del azul ya era algo así como una obsesión.

Cuando regresamos a Chile, me regaló estas dos piezas: la primera es un bloque de 1 kilo de pigmento azul que, según averiguaciones, dataría de 1870 aproximadamente, por el lugar en que fue encontrado. El pigmento al entrar en contacto con el agua de mar, por la concentración de sodio, se petrifica, en vez de disolverse. El segundo objeto: una bolsita de muselina adentro de una latita pequeña con el polvo en cuestión, encontrado en los alrededores de una antigua salitrera en el norte de Chile (mi padre no sólo es un explorador submarino sino que también de tierra firme).

Adquirí un libro en el extranjero que se titula El prisma del lenguaje. Cómo las palabras colorean el mundo de Guy Deutscher -el mismo linguista que hablaba en la nota de la BBC- que profundiza en la investigación sobre por qué las antiguas civilizaciones supuestamente no percibían el color azul, aludiendo a que en la mayoría de los más importantes escritos no se le nombra ni siquiera en las descripciones del cielo y del mar. Por ejemplo, en La Odisea, el color blanco aparece unas 100 veces y el negro casi 200, mientras que el rojo es mencionado menos de 15 veces, y el verde y amarillo, menos de 10. Por su parte, el color azul no aparece ni siquiera una sola vez.

En medio de este estudio sobre el azul (en el que me encuentro actualmente), empecé a conectarme profundamente con este lado explorador y aventurero de mi padre. Conociendo más historias y objetos a los que nunca antes había prestado atención. Entre otras cosas comencé a hacer un curso de buceo, pues aunque buceé toda mi vida, nunca me atreví a formarme como buzo certificada. Es a partir de este hecho que sucedió el hallazgo más significativo del azul, cuando en mi primera inmersión submarina junto a mi padre, visualizo a lo lejos un color azul intenso. Comencé a aletear rápido y descubrí un trozo de aquel pigmento enterrado. Tuve que pedirle ayuda a él para desenterrarlo (con señas, claro). Era un gran trozo de pigmento (de 2 kilos como después pude comprobar). La emoción que sentí en ese momento es indescriptible.

¿Cómo era posible que en un lapso de cuatro meses me hubiese encontrado fortuitamente con cuatro azules ultramar y de formas tan increíbles?. ¿Y que más encima este último hubiese sido hallado por mí, pero fuertemente conectado al vínculo con mi padre.? Fue como si en el azul nos hubiésemos reencontrado.

Luego de este último hecho fue cuando me metí de lleno a investigar sobre el azul, sobre los antiguos pigmentos y sobre técnicas que estuvieran relacionadas a este color. Así es como supe de la cianotipia: un antiguo procedimiento fotográfico monocromo que conseguía una copia del original en un color azul de Prusia, llamada cianotipo (blueprint, en inglés). A partir de esto me enteré que en la escuela de fotografía Cámara Lúcida, en Valparaíso, Carolina Vásquez dictaba un taller de emulsiones artesanales, en el que enseñan variadas técnicas de emulsión, entre esas la cianotipia.

En abril comencé este taller, y fue entonces donde aprendí esta técnica. Como proyecto quise dar significado al camino que me había llevado hasta acá, entonces recopilé varias fotografías submarinas sacadas por mi padre en los años ’90 (en un período donde incursionó en la fotografía submarina). Tuve que robar estas fotos del antiguo baúl donde las guarda para que fuera una sorpresa. Experimenté la forma de copiar estas fotos utilizando el pigmento hallado en el fondo del mar, a través de una nueva técnica aprendida que se llama “Goma bicromatada” y que funciona en base a pigmentos, además de la ya nombrada Cianotipia.

Obra de Samira Bajbuj.

El resultado de esta experimentación es una re-interpretación de las fotografías submarinas sacadas por mi padre, en donde la intención es hacer aparecer este azul de la misma forma en que fue apareciendo en mi vida a medida que el vínculo con el mundo de mi padre (el del sumergirse a otras posibilidades y explorar cada rincón en búsqueda de lo nuevo) iba apareciendo en mi vida como elemento esencial de mi propia naturaleza creativa.

Además, me parece importante “revelar” este archivo fotográfico a través de lo significativo y en la materia misma. El pigmento azul, fruto del descubrimiento submarino, hace posible descubrir la obra fotográfica del buceador que se sumerge en el azul del océano. Una serie de azares y redundancias que me hacen sentido y me llevan a presentar en este sencillo proyecto de taller una especie de homenaje al hombre que de alguna forma u otra da comienzo a este proceso investigativo y creativo en el que me he sumergido.

 

*Las obras fueron expuestas en la exposición final del taller de emulsiones y taller de Cámara Lúcida, en el marco del día del patrimonio.

Comenta desde Facebook

Comentarios