Crónica sobre la mujer que bloqueó el paso con su casa rodante: Ana María Ratto

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A fines de enero pasado Ana María Ratto, en plena temporada de vacaciones, cruzó una casa rodante sobre el puente que lleva al zoológico de Quilpué y bloqueó su acceso. El puente es suyo, asegura, así lo ratificarían Tribunales de Justicia y Contraloría General, y ella, una vez más, exige que el municipio se haga cargo de la mantención a cambio del paso, de lo contrario nadie lo cruzará.

Por Amelia Carvallo / Fotografía Paz Olivares

Nos pasamos una tarde conversando sentadas en la acera junto al tráiler y Ratto insistió en su aflicción: teme que algún vehículo de alto tonelaje desplome al viejo puente y la culpa recaiga en ella. Y aunque no es la primera vez que suspende el ingreso, esta le costó insultos, frío y desazón. Algunas noches se quedó en la casa rodante acompañada de los cuatro quiltros que alimentaba y dormían cerca. En algún momento vivió en estos terrenos cercanos al fundo El Carmen; hoy sólo es dueña del puente, la cancha y el bosque, y lo que más quiere es vender esos terrenos o, en su defecto, arrendarlos.

Por coquetería y temor a que la quieran declarar interdicta, no revela su edad. Según las fechas que intercala son unos ochenta años muy bien conservados. Tiene ojos azules y vivaces, se ríe bastante y es divertida cuando toma confianza. Hace poco tuvo un accidente y se apoya en una muleta, pero se nota ágil y liviana. Su talle remonta a la chiquilla hermosa a la que le gustaba manejar pisando el pedal a fondo, la misma que se explaya al relatar un día feliz cuando junto a uno de sus maridos casi funde el motor de un auto, volando por un camino rural del valle. Tanto le gusta estar tras el volante que hasta manejó un taxi en tiempos de vacas flacas. Porque su vida ha sido como una montaña rusa: “p’arriba y p’abajo”.

Hija de un próspero inmigrante italiano, Esteban Ratto, la joven viñamarina recuerda cuando en 1945, recién acabada la Segunda Guerra Mundial, salió elegida Reina de la Primavera. “Era una chiquilla cuando salí reina y aunque a mi papá le costó darme permiso, finalmente me dejó y hasta me hizo una góndola veneciana. Hubo un desfile grande con gente de los Padres Franceses, del Regimiento Coraceros, clubes deportivos y un par de circos. Mi hermano no me dejaba sola ni a sol ni a sombra, subió al carro conmigo y el Rey Feo, que era bien guapo por lo demás”. Aquí Ratto ahonda en la nostalgia y tararea una canción, la banda sonora de este recuerdo lúcido: Acuarela de Brasil de Ary Barroso.

-Me tiraban flores por la Avenida Libertad, amanecí con la boca hinchada de tanto tirar besos. Ahí fui feliz, con mi vestido de mostacillas brillantes, rememora ahora con un atuendo no menos espectacular que el de entonces, aunque en un contexto menos glamoroso.

Admite que ha sido buena para enamorarse pero cree que el único hombre que realmente la ha querido ha sido su papá. Se emociona al recordar cuando estaba protegida por él y confiesa que algunas noches le pide ayuda.

Avanza la tarde y Ana María nos explica cómo vive. “Esta casa rodante la he tenido en varias partes, tuve otra que era mejor y viví cinco años en la cancha; esta es hechiza, no tiene ni baño, ni muebles, ni agua, ni luz. El agua me la trae el niño de Lourdes y tengo una lámpara. Almuerzo por acá cerca, en el Pinto Bello o en cualquier otra picá. He estado con gente que no es rica y con ricos pero no me gustan los ricos porque se olvidan de muchas cosas y son muy egoístas.”

Es viuda dos veces y de esos matrimonios tiene una prole de seis hijos, 16 nietos y dos bisnietas. En la década del ’70 llegó a Quilpué a vivir con su hija menor en unos terrenos del fundo El Carmen que su papá le heredó, misma área donde está el puente en disputa. “Mi papá remató este puente, acá antes estaba la fábrica de la pólvora que había explotado. Como él era constructor, lo reforzó. El puente no está en Vialidad, no existe, lo buscaron y nunca ha existido como puente público. Yo hice un convenio con el alcalde Mondragón en el que tenía que revisarlo por lo menos una vez al año. Desde 1995, cuando terminó el acuerdo, nunca ha tenido una buena mantención, no han puesto los basureros que prometieron, ni la señalética, ni nada”, denuncia Ratto.

Cuenta que tiene una carta del 31 de enero pasado en la cual Contraloría la autoriza para arrendar ese terreno. Desde esa fecha puso la casa rodante. “Mis hijos me dicen ‘mami deja eso ahí, déjalo, no pases problemas’”. Pero ella persiste, lo considera una causa justa por lo “verde”.

Asegura que no tiene donde vivir: “la casa rodante es mi casa”. En ella tiene pintada en letras rojas las palabras: “AMDG, Virgen del Carmen”. A Mayor Dios Gloria, aclara ella. “A veces lloro y otras veces me da rabia cuando me tratan de loca. No sé en qué va a terminar esto pero no me voy a rendir. Tengo cuadernos en los que escribo todo lo que hago en el día. No soy beata pero voy a las reuniones de los carismáticos de Quilpué. Me gusta la gente, me gusta hablar con la gente y no quiero quedar como la vieja loca”.

Al cierre de esta edición Ratto ya había dejado el paso libre luego de que la municipalidad interpusiera una querella en su contra y en la que se la instaba a “no continuar turbando la posesión del predio”. La casa rodante continúa con la leyenda escrita por ella:

PUENTE MALO. SOLO A PIE. HAY QUE REPARARLO.

*Entrevista publicada en La Juguera Magazine nº 1

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