Crítica Teatral: Hipodérmica o la historia in-visible

Más que un tema novedoso, Hipodérmica nos plantea una discusión necesaria sobre quienes escriben la historia. La obra nos sumerge en un tiempo y espacio que lo que tiene de ficticio, también lo tiene de real, invitando a interrogar la fiabilidad con la que hemos mirado el pasado.

Obra de la compañía El Astillero Teatro

Por Paula Jirkal

En un contexto orwelliano, dos historiadores y un pedagogo son contratados por el Estado chileno en el primer año post-dictadura para redactar la visión que se entregará en los textos escolares en relación al conflicto mapuche, para lo cual son encerrados en una oficina de la que no podrán salir hasta haber cumplido la petición.

Hipodérmica pone en el centro del relato teatral una problemática clave para la construcción del nosotros: ¿cuál es nuestra historia? O mejor dicho ¿Cuál será la historia y quienes la construyen? La obra escrita por el joven director Nicolás Cansino Said, propone una interrogante de corte epistemológico, buscando poner en duda lo que hay de científico en el relato histórico, al mismo tiempo que invita al espectador a cuestionar las
diferentes acepciones ideológicas que circundan entorno al conflicto entre las comunidades mapuches y el Estado chileno.

En la escenografía no puede faltar el busto de Barros Arana, uno de los historiadores más importantes del siglo XIX, cuyo aporte para el país radica en la estructuración positivista de los hechos históricos, caracterizado por la pretensión de realizar un relato neutro, despojado de prejuicios y pre nociones para poder alcanzar de
esta forma, la verdad. Hipodérmica quiere que sospechemos justamente de esto, de aquella supuesta neutralidad del método científico, mostrando personajes cargados de prejuicios y sentidos comunes, ergo, de visiones de mundo.

“Escriba joven, sin miedo, que en Chile nadie lee”, es la tan parafraseada invitación que le hace Andrés Bello a Barros Arana, frase que es puesta sobre el escenario de manera muy acertada. La teoría de la aguja hipodérmica, refiere a la capacidad de manipulación que tienen los medios de comunicación sobre sus espectadores, quienes actúan de forma pasiva frente a la información que recogen. Es en este sentido que la visión que se entregue en los textos escolares propicia que el pensamiento de los lectores se acomode a las posturas defendidas por un estado neoliberal, permitiendo la aprobación de su actuar político sobre ciertas problemáticas sin necesidad de utilizar la violencia visible.

“Estamos encubriendo la verdad” dice Filipo, personaje encarnado por Cansino que vestido de rojo defiende la causa Mapuche. Por otro lado, los historiadores, personificados por Diego Guzmán y Diego Rivera se encargan de poner sobre el tapete aquellos que hemos escuchado por años y que lamentablemente hemos llegado a naturalizar: que los mapuches son flojos, son borrachos, violentos por naturaleza y que, por ende, debieron ser domesticados y aculturizados por medio de un proceso de pacificación a cargo del Estado. El historiador interpretado por Guzmán es el único que deja entrever algo de su vida personal; pobre que con mucho esfuerzo logra superar esa condición y que hoy tiene ideas conservadoras entorno al conflicto mapuche. Nos recuerdan el arribismo de clase media aspiracioncita, que salió de la pobreza, olvidó su condición de clase y hoy reproduce ideas clasistas, racistas acompañadas de una ética escuálida que quedan reflejadas en ideas tales como: “da lo mismo hay que cumplir porque nos pagan”.

Serán solo hombres los que escriban la historia, quedando las mujeres replegadas a un plano de no-existencia en esta puesta en escena. Lo más siniestro, no es que la obra se desarrolle en una oficina lúgubre en los años 90, es el hecho de que la historia no será escrita por burgueses, estos en un juego maquiavélico consiguen que sean las capas medias alienadas y sesgadas por el deseo de encontrar una forma de trascender quienes la escriben. Los personajes son simples marionetas movidos por la ambición de no pasar desapercibidos por este mundo, de gozar de cierto reconocimiento social, porque al fin y al cabo ¿Quién quiere ser olvidado?

El momento más álgido de la obra se refleja en la fragmentación de la mesa sobre la cual escriben la historia. Un escenario móvil lleva a cada personaje a un lugar del escenario y deja entrever un nuevo panorama; un tiempo funcionando en paralelo que pretende evocar un territorio Mapuche. Este desdoblamiento del tiempo se alcanza también con la encarnación de Filipo en una voz ancestral. No obstante, existen momentos en que la obra cae en claros clichés donde incluso las escenas finales en “el más allá” son casi caricaturescas y los tiempos en cámara lenta no alteran ni aportan al producto artístico. Si bien se valora la necesidad que ve el escritor de la obra de poner el tiempo en su dimensión de flujo sobre el escenario, considero que se cae en un cliché sobre como retratar este tiempo más allá del tiempo, con una visión casi cristiana del mismo.

FICHA TÉCNICA

Compañía : El Astillero Teatro/ Dramaturgia: Nicolás Cancino-Said/ Dirección: Gabriel Contreras Elenco: Nicolás Cancino-Said , Diego Guzmán, Diego Rivera/ Producción: Camila Garrido Escenografía: Diego Guzmán y Diego Rivera/ Vestuario: Camila Cano/ Composición Sonora: Abelardo Pando y Mauricio Adriazola/ Jefes Técnicos: Romario Peña y Nicolás Allende /Asesoría de Investigación: Pablo Muñoz y Jorge Zenteno /Comunicaciones: Gabriel Contreras/Diseño Gráfico: Sol Barrios/ Creación Busto: Natalie Sierra.

Comenta desde Facebook

Comentarios