Cooperativa Artística Escena Doméstica: de iniciativa a movimiento 

Función de «Algo Casero» en Cerro Placeres.


Por Victoria Pinto*

La Cooperativa Artística Escena Doméstica de Valparaíso trabaja desde 2018 desde el territorio periférico, explorando un nuevo circuito de creación teatral y difusión regional. Obras para 15 ó 20 personas que se caracterizan por ser creadas desde los espacios más íntimos y cotidianos de los creadores: las calles, los blocks y sus propias casas.

Con su origen en iniciativa de intervenciones artísticas TESLA y Teatro para Coleccionistas, la cooperativa monta obras de artistas teatrales como Andrés Ulloa, Javiera Vilchez, Fabiola Díaz, o pertenecientes al cine, como Lucía Pérez.

Ya presentaron en 2018 un primer circuito de tres ciclos: Conserje; Territorio emotivo en Playa Ancha (julio) explorando el tema de violencia-dormitorio; Chirona (octubre); y Germen: receta para fotosíntesis (noviembre) profundizando en la idea de cocina-tradicion. Abrieron 2019 con el tema baño-angustia en Algo Casero (Enero), en el cerro Placeres. 

Hoy celebran su segundo ciclo que abrieron con el tema Celebración  (julio) en Cerro Ramaditas y Placilla. En octubre están presentando la nueva pieza del ciclo que se extenderá hasta enero de 2020.  

Nos reunimos en un café con el actor y productor de la cooperativa, Christian Riquelme-Guerrero quien nos cuenta sobre sus principios y pretensiones como equipo. 

 

 

¿Cuál es el motor detrás de esta propuesta de arte escénico en casas y espacios domésticos? 

-Se ha generado activando focos en la relación artista-comunidad. Creo que ese es su objetivo, y desde ahí nosotros siempre queremos que la comunidad tenga esa relación pero que los artistas no se detengan en la creación, que finalmente es nuestro motor. 

¿Cuál sería esa relación artista-comunidad? 

-Escena Doméstica tiene una relación más territorial y de difusión, se está tirando más lejos. Con Teatro para Coleccionistas trabajamos el centro, en el plan, y con Escena Doméstica nos vamos a la periferia de Valparaíso, a los cerros. La gente en el cerro baja al plan una vez a la semana a hacer las compras y el día que tiene libre no dice “voy a ver una obra de teatro”.  

¿Qué les pasa entonces con los teatros de la región?

-En lo personal, me da pena la situación. No solo mía y del teatro, sino del arte en general. Lo asocio a los movimientos sociales que estamos viviendo: peleando salud, educación, y el que está número siete en la lista. Me pregunto ¿En algún momento podremos trabajar a nuestro 100% teniendo espacios más abiertos?. Creo que los circuitos artísticos que hay, que son Parque Cultural, la UPLA, la Sala de la UV, son espacios académicos, no son espacios abiertos, y claro, hay que romper esas redes de burocracia, postular y subvertir esa situación. 

Ahí vamos nosotros como espacio doméstico/teatro, creando este movimiento y en un momento creemos que podría generar una red consolidada. Es como salas móviles y no este espacio resguardado y super elitista que es el teatro, en donde llego temprano,  me tomo el cafecito, me abren la puerta, me siento y estoy resguardado ¿Cuál es la real experiencia? Pienso que empiezan a quedar obsoletos esos lugares, obviamente son necesarios, obviamente uno ve el teatro en el Parque Cultural y dices “aquí te puedes volver loco creando” pero ¿Para quién?¿Para mis colegas?

Entonces, ¿buscan un impacto en la gente? 

-El teatro es una herramienta que no se le ha dado el poder que tiene, la facilidad que tiene para entregar conocimiento o movilizar. El teatro tiene el aquí y ahora, es una corriente constante, viva, y eso hay que entregarlo. Nosotros hemos indagado en un concepto: la cívica teatral, creyendo en la importancia de activar focos, difundir lo que está sucediendo en el arte. Hacer este lazo con la gente es un poco cívica teatral, generar audiencias. Es necesario que nosotros como artistas movilicemos la comunidad.


¿Se puede ejemplificar ese impacto?

-La actriz Fabiola Díaz partió en 2018 haciendo una encuesta en su block, en el 3er sector de Playa Ancha, y abrió a una propuesta que terminó en un texto. La gente no se relacionaba mucho, pero ella recolectó la historia del edificio e hizo un texto, se lo entregó a una actriz, Rubí Frías. Ella explotó un personaje que era un conserje. 

Conserje Territorio Emotivo (julio, 2018) se llamaba, y la propuesta era sacar a los vecinos afuera del block a escuchar la historia del personaje, que había sacado medidas: si se corrían los departamentos 12 cm, todos iban a tener vista al mar. Hablaba un poco de la historia de quienes vivían ahí, de un avión que cayó una vez en el sector (historia real), entre otras cosas. La obra terminaba con el conserje diciendo “por favor ayúdenme a correr el edificio”, y todos los vecinos comenzaron a empujar. Se finalizó dando paso a una tertulia, donde se compartió comida, vino navegado y conversación. Los vecinos comenzaron a solucionar temas… nos  dimos cuenta que habíamos generado la primera asamblea del block desde hace mucho tiempo.

¿Los y las artistas pueden ayudar en la comunidad?

-Eso fue un empujón que nosotros sabemos que se diluyó, porque es un trabajo constante, no es de una vez y eso va a cambiar todo. Sin embargo, sucedió. La reunión fue chiquitita pero fue como paaf! Ahí se prendió un foco que creemos debe ser constante, pero es difícil por las lucas y ese tipo de cosas. Entonces tú logras generar instancias en la que ambos ganan (artista y comunidad) y ahí se está resolviendo de a poco esto de cómo puede un artista ayudar a su comunidad. Ese es un poco el objetivo de Escena Doméstica, que ahora se ha ido extendiendo. 

Ya en julio se habló de “celebración” y finaliza en 2020 con el tema de “conversación” y ahora nos vamos en Quilpue. Entonces ya se empiezan a generar los lazos, una red mucho más grande.


*Escuela de Crítica de Valparaíso.

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