Comentario de la novela gráfica “Santa María 1907-La marcha ha comenzado”

Es parte de la primera parte de una novela gráfica sobre la matanza de mineros y sus familias a manos del Ejército de Chile, ocurrida en Iquique en 1907. “Santa María, 1907”, obra del dibujante Pedro Prado que se basa en una novela del escritor Hernán Rivera Letelier, es reseñada aquí por el músico porteño Pablo Morales.

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Por Pablo Morales

Ocres, celestes, amarillos. Eso es lo que vemos. Para resolver cromáticamente “Santa María, 1907”, Pedro Prado opta por la austeridad. Y hay en esta elección, obviamente, una clara correspondencia con el contexto geográfico en el que ocurre la historia que nos cuenta. Es la tierra, es el cielo, es el sol inmutable.

Ahora bien, en esta opción casi monocromática hay también un gesto de silencio. ¿Cómo llamar la atención de los demás en tiempos sobrecargados de colores, de artificios, de pirotecnia visual y sonora? Es aquí cuando algunos gestos mínimos, por oposición a este contexto, adquieren relevancia. Gestos que gritan, paradójicamente, desde el mutismo.

Imposible entonces, estando en Valparaíso, no relacionar las imágenes que nos ofrece Pedro con la Caminata del Silencio Contra el Femicidio que se desarrolla desde hace más de un año en esta ciudad. Una vez al mes, por las principales calles de este puerto -calles atestadas de ruidos visuales y sonoros- una gran hilera de mujeres vestidas de luto se mueve sigilosamente para denunciar la violencia machista que día tras día cobra nuevas víctimas. Y, qué paradoja, estas mujeres logran llamar poderosamente la atención sin articular palabras y sin colores sobre sus cuerpos.

Tanto en aquella caminata como en las imágenes de Pedro Prado, el gesto contra la violencia es un acto sobrio, que alcanza notoriedad y valor poético en tanto logra decir mucho con elementos mínimos.

Si tuviera que elegir entre todos los exquisitos recursos visuales que utiliza Pedro, yo me quedo especialmente con el uso del ocre. Es este el color dominante. Es el color de fondo y la piel de los personajes. Es como si hablara, desde la base del dibujo, el pliego de papel; un papel roneo, o quizás un papel blanco devenido en amarillo-marrón por el paso del tiempo y la exposición al sol.

Y es como si hablara, finalmente, nuestra memoria colectiva. Porque cuando en los dibujos de “Santa María, 1907” asoma el ocre como si fuese el símil del papel, el autor pareciera estar dejando que hable la tierra, que hable el norte, que hablen sus muertos.

Espero con ansias la segunda parte de esta historia, aunque lamentablemente ya sé que el ocre deberá ceder su lugar al rojo.

 

Interior Santa María 1907

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