Cola de Zorro: La riqueza de una música sin etiquetas

Después de tres años desde su último disco, el pasado 15 de abril la banda porteña lanzó Soma. Con él, vuelven a ofrecer un viaje tan hipnótico como preciso. Pónganle oído, están avisados.

 

Foto: Romina Espina


Por Francisca González

La música es indefinible. Al menos para mí, debería ser un crimen categorizarla. Hay algo mezquino en esa necesidad de ponerle etiquetas, de separar entre masculino y femenino. Normal y anormal. Comercial y experimental. Porque cuando se define se le pone un límite a la apreciación de una pieza, recortándole esos márgenes que la elevan como una forma de expresión tan personal y tan de todos. Individualizando una expresión humana que, en sus recorridos, construye comunidad.

Por eso, aún en su virtuosismo y marañas técnicas, lo sustancial de la música es que entre sus capas crea emociones. En sus recovecos, puede hacer y no hacer, desde ese algo que sólo se logra en la superposición de ciertos acordes repentinos. En el vaivén de un pulso imprecisamente logrado. En la subterránea incandescencia de sonidos que de tímidos no tienen nada. Y en la soltura de una voz que viene a envolver los matices o formas de aquellos sonidos que desafían cualquier experiencia concreta.

Algo de esa vorágine absoluta e indefinible aparece en el último disco de la banda porteña, Cola de Zorro. Este conjunto conformado por Pablo Rivera, César Bernal y Felipe Medina, tiene una habilidad para crear melodías robustas, las que en sus pulsos materializan sonidos instrumentales que van directo al núcleo de esas indefinibles y catárticas emociones.  

Así, tal como su nombre lo indica, Soma irrumpe impregnado de una universalidad embriagante y empírea. Y aunque se puede apreciar el virtuosismo en las interpretaciones individuales de sus integrantes, es en la conjunción del todo donde se halla la sustancia.

En ese sentido, es un trabajo donde no hay espacio para la modestia, pero sí para una maciza habilidad y confianza en la historia que se empieza a describir. En cada canción, se la juegan el todo por el todo, mientras envuelven sus sonidos etéreos en un matiz que tiene mucho de orgánico, al evocar una emocionalidad que trasciende cualquier noción de lo que por ley debería ser la música.

Y en esa seguridad con que construyen los temas, hay algo tan desafiante como cautivante. Por eso, Soma no es un disco sencillo. Es el vaivén de una seducción que sale de cualquier parámetro, pero que estalla con violencia cuando menos te lo esperas. Aspectos que el álbum refleja desde la intensidad y profesionalismo que ofrecen desde su música instrumental.

A oídos inexpertos esta placa podría parecer pretensiosa y pesada, pero está cargada de detalles que matizan y maduran entre cada pista. Canciones que no requieren de arreglos sofisticados, pero sí de mucha técnica y precisión. Esos siete tracks están concebidos dentro de lo que debería ser considerado experimental, pero se aprecian mejor desde una perspectiva desprejuiciada, porque sus influencias son tan variadas como ambiciosas.

Así, entre canción y canción, hay veces en que el liderazgo queda en manos de un sintetizador que difumina y entrega ambientes a cada pista, mientras que en otros momentos es la guitarra la encargada de potenciar el aura inalcanzable e irreal que envuelve al disco. En tanto, se esboza la batería y la crudeza del bajo como motores que exponen esa furia creciente y esa densidad visceral, que logra representar perfectamente una agudeza y precisión inherentes al recorrido que ofrece la placa.

Desde la primera canción, Overtura, hasta el track, Soma, que redondea el cierre del disco, sus 32 minutos se agitan entre las narraciones de unos arpegios y arreglos trabajados a pulso. Con ellos, logran sellar el disco dándole un saborcito conceptual, el que aparece como una tonalidad de emociones intrínsecas e inseparables que se encuentran en la unión de estos cuatro instrumentos.

Y es en ese engranaje que se da entre ello, como demuestran el inmenso poderío instrumental que tienen como agrupación. Con Soma no dejan nada pendiente, ya que logran redondear cada canción desde una musicalidad que nace, crece y muere.

En ese sentido, hay una cualidad narrativa rica y sumamente interesante con la que cuentan con alevosía historias que respiran entre los matices presentes en esas siete pistas. Cediéndoles una fiereza e intensidad tan sublimes y confusos como las emociones que se sienten en la vida misma. Unificando las conexiones naturales del soma, mientras nos vamos quedando pegados sin notar el paso de los minutos entre canción y canción.

Escucha el nuevo disco de Cola de Zorro en:

 

 

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