#Rockódromo2016: Camila Moreno y los cuerpos trazados

En el marco del Festival Rockódromo 2016 se presentó este martes en el Teatro Municipal de Valparaíso la cantautora nacional Camila Moreno. Aquí comentamos su show que giró en torno a su reciente placa “Mala Madre”.

Fotografía: Consejo de la Cultura.

Fotografía: Consejo de la Cultura.

Por Esteban Silva Peñaloza

La jornada del martes vivida en el Festival Rockódromo 2016 que se realiza por estos días en la ciudad de Valparaíso, bajo el cobijo del Teatro Municipal porteño fue de esas veladas que trazan un punzante goce en el cuerpo sobre quienes fuimos parte del show de Camila Moreno y las 5 bandas chilenas que la antecedieron. Con todo el respeto y admiración que se llevaron bandas como los Almargen, Pornokinesis, y Valeria Gallardo Trío, quienes sin duda merecen una nota  aparte por todo el vértigo condimentado a la primera noche de culto en la ciudad puerto, lo de Camila y su banda amerita una crítica especial; la experiencia demanda ser compartida en toda su unicidad.
El tiempo es relativo como dijo un grande, y la enorme cola de asistentes que repletaron el aforo del teatro, más las 4 horas de duración de esta jornada se hicieron la nada misma. A eso de las 21:45 hrs. suenan las primeras notas de una artista chilena que llega en lo que probablemente es el punto más importante de su carrera, de la mano de su última producción Mala Madre (2015).

¿Quién es Camila Moreno? Una mujer, una bailarina, una llama que arriesga ser y que en ese intento derrocha una bella y brutal melancolía, y a la vez una traviesa energía, perfumada de capas sonoras, estructuras y anti estructuras armónicas, que nos dejan un poco más cerca de lo más frágil que todos llevamos; eso de mirarnos a nosotros mismos a través del arte sincero de otro. Lo de Camila es pura propuesta, dejando a ningún cuerpo indiferente, dejando la emoción a flor de piel. Esa es la suerte que tenemos como publico chileno de ser contemporáneos a un despliegue artístico con un calibre arrollador de sinceridad y locura.

Desde el juego con loops y samples al servicio del arte (y no al revés), los múltiples recursos percusivos revividos en vivo importados directamente de ollas, cucharas de palos, canticos de pájaros, todos elementos de una creatividad abrumadora usada por Camila en sus discos de estudio. El sonido de esa Fender que llora y saca sonrisas transportando e intrigando, y ese latigazo de guitarra acústica distorsionada, son algunos de las especies que brinda esta cantautora que se emancipa en el hoy como una verdadera exploradora de texturas. Si damas y caballeros, Camila hace lo que quiere. ¿Difícil eso no?

Un trabajo ad-hoc por parte de los sonidistas que supieron acompañar a la perfección todo el fraseo musical mostrado por esta compositora nacional y su agrupación de brillantes músicos. Incluso fuera de cables y amplificadores, Camila nos trae una sorpresa unplugged cantando a capela acompañada de un charango, un acordeón y sutiles percusiones, temas como “4 heridas” y la desgarradora “Y sabré si al final” para dar con el punto de fusión de la noche. Su música logró hacer del escenario y a los más de 1.000 asistentes una sola gran obra, al compás de una profunda complicidad brillando al unísono, gritando fuerte la vigencia plena de Camila Moreno.

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