“Brava Mestiche”, la violencia hacia la mujer llevada al teatro

 

Una asistente social chilena viaja a México a investigar sobre el caso de Ernestina Ascencio, indígena ultrajada en 2007. En medio de la sierra tiene que buscar la forma de defenderse de los hombres del pueblo. El conflicto de género, la globalización y el mundo indígena se mezclan en la obra BRAVA MESTICHE de la actriz y dramaturga Claudia Cordero. 

Por Daniela Olivares

En 2010 la actriz Claudia Cordero participaba en un taller con el dramaturgo Marco Antonio de la Parra cuando quiso desarrollar una historia sobre la mujer en América. En un primer sondeo, al buscar en Google “mujer latinoamericana”, se encontró con el caso Ernestina Ascencio, una indígena Náhualt de 73 años que había sido violada y ejecutada por militares en la sierra mexicana de Zongólica en el Estado de Veracruz, el año 2007.

A Claudia le impactó la violencia del ataque, pero también el total descrédito a la denuncia de la comunidad indígena a la cual pertenecía la mujer. Si bien un primer informe médico ratificaba la violación, la justicia cerró el caso sin culpables e incluso el Presidente mexicano de turno Felipe Calderón, ratificó ante las cámaras de televisión que la mujer había muerto a causa de una gastritis.

Este hecho inspiró la escritura de una obra, cuyo primer esbozo quedó archivado hasta que en 2014 -gracias al Fondo Iberescena- Claudia se trasladó al D.F para realizar una residencia en dramaturgia con Antonio Zúñiga, un prolífico teatrista mexicano. Así nació Brava Mestiche, obra que se estrenará el 10 de agosto en el Parque Cultural de Valparaíso y donde Claudia indaga escénicamente la violencia de género en el continente, en clave de humor negro.

¿Cómo fue tu proceso de escritura en México?
–Una vez a la semana participaba del taller de dramturgia donde revisábamos el texto, el resto del tiempo yo recorría el DF e investigaba sobre la historia de la señora Ernestina. Leí mucho sobre el caso, llegó un momento en que empecé a pasarme el rollo de que me iban a raptar. Fueron meses de mucha lectura, investigación y como estaba sola, absorbí mucha información.

Llegaste a Zongólica, la localidad donde ocurrieron los hechos que inspiran Brava Mestiche, ¿ cómo fue esa experiencia?
–Si, viajé pero nunca pude conocer a la familia de Ernestina porque están aislados muy arriba en la montaña y no quieren hablar de nada. En general, en el pueblo eran reticentes a hablar del caso, eso se sentía y fue impactante su silencio.

¿Por qué no querían hablar?
–Porque hay problemas con policías y militares, entonces los indígenas se cuidan. Hay una conjunción muy extraña entre policías, narcotraficantes e indigenas.

Entonces ¿qué aportó en la historia tu viaje a a Zongólica?
–Fue una carga de energía ver el mundo detenido. En el 2014 todavía se vivía como en el 1900. Los hombres aún hacen sus trámites con papeles, no existe lo digital, pero al mismo tiempo me hizo comprender la globalidad del mundo, por ejemplo, me encontré con productos chinos en los mercados indígenas, a las mujeres con prendas de ropa china y eso impacta, al igual que el sometimiento a nivel intelectual.

¿Cómo defienden sus tradiciones de la globalización y todo lo que entra a través del comercio?
Ellos defienden muy bien sus tradiciones, el problema es que muchas de esas tradiciones son sumamente machistas y violentas con las mujeres. Existen lo que se llama usos y costumbres. Por ejemplo, en Oaxaca se permite que los padres cambien a sus hijas por ganado, por eso muchas niñas huyen y se esconden en conventos.

¿Esa violencia machista se percibe a simple vista en las comunidades?
–No para nada, es todo muy tranquilo, pero subterráneamente está la violencia.

Entonces los personajes los construiste son estereotipos mexicanos
–Sí, es raro porque hablo de un hecho que ocurrió en un pueblo de Veracruz, pero mi observación durante el proceso de escritura la realicé en el DF, en la capital. Ahí si se ve mucha violencia hacia la mujer en la calle, peleas de parejas, mujeres llorando o arrancando de hombres, hay mucho machismo instalado.

La desaparición de los 43 estudiantes normalistas en México develó una serie de situaciones de violencia que parecieran ser parte de la dinámica de ese país.
–Es crudo pero creo que tiene que ver con el lugar que cumple la muerte en su cultura, la muerte es parte de su vida.

¿Por qué decidiste hablar de la violencia hacia las mujeres desde México?
–Me impactó demasiado que los componentes fueran una abuelita indígena y militares y que estos, desconociendo su herencia indígena, violaran a esta campesina. Ese hecho concreto para mí era una metáfora muy potente. La investigación me llevó a develar que violencia hacia la mujer en Latinoamérica están instalados desde la colonización. Como sistema de poder. Esta obra trata de eso de la identidad latinoamericana.

¿De qué manera se conecta con Chile?
–Acá hay varios casos parecidos, pero están súper solapados. El más emblemático es el de la Machi Francisca Linconao. No es una agresión directa de un hombre hacia una mujer, pero si desde un Estado que ignora a una autoridad espiritual. No hay conciencia de la relación con los ritmos del universo en la cosmovisión Mapuche y se pasa a llevar una manera de vida.

La puesta plantea un relato desde el humor negro ¿Por qué decides trabajar la comicidad en una historia tan oscura?
–Creo que el teatro es primeramente entretención y la gente anda buscando sanarse y estar feliz. Hablar de la violencia hacia la mujer es muy rudo, ya los casos son rudos, las prácticas a diario son rudas, las marchas y las peticiones de parte de las organizaciones en masa también son duras. La comicidad y el humor abre más las conciencias que un discurso duro.

¿Sientes que estás haciendo justicia por Ernestina Ascencio?
–Aunque la señora Ernestina no está como personaje en la obra, es un homenaje a la sencillez, a la humildad, a las que están antes que todos nosotros. Recordar que somos mestizas.

El proyecto también contempla la intervención en establecimientos educacionales de Villa Alemana, Cabildo, La Cisterna y Lo Padro ¿Cómo ha sido esa experiencia?
Ha sido difícil e interesante a la vez porque te das cuenta de las concepciones que tienen en torno a la sexualidad, a lo femenino y masculino. Luego, en julio, se realizarán los laboratorios donde pretendemos trabajar más las aptitudes artísticas de estos jóvenes, al servicio de las escenas de la obra ya que la idea es que se sumen a algunas escenas.

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